Mientras Tanto: A las cuatro de la madrugada (II)
(II) La Coruña. En un pequeño apartamento de la Calle Orzán, Amelia se limpia el sudor con la manga del camisón naranja mientras usa el otro brazo para limpiar el dichoso rincón de la mampara suspendida sobre los fogones de la cocina. Nunca llegaba con comodidad, mientras maldice en silencio se inclina más sobre la encimera, que se le clava en la cintura.
Una vez que lo ha dejado razonablemente limpio regresa al fregadero, examina los cubiertos que ya estaban secándose y localiza una mota de comida entre los dientes de un tenedor. Abre el grifo y va sacandolos uno a uno para frotarlos de nuevo. Cuando termina echa un vistazo distraído a través de la ventana, la luz naranja de las farolas ilumina la calle desierta, dándole un aire lúgubre. Su mirada se centra ahora en una mancha en el marco de madera, chasca la lengua y toma un trapo y un bote de embellecedor. No para hasta que la madrea no reluce, frotándola con energía.
Una vez terminado el trabajo se apoya sobre una silla para tomar aliento, y repara en que las sillas de la cocina no están bien colocadas, una a una las va empujando las cuatro hacia la mesa hasta que sus respaldos quedan alineados.
Luego el suelo, de tanto ir y venir se ha llenado de motas de polvo y algunas gotas de agua que han caído desde el fregadero. Agarra la fregona, la empapa y la escurre con fuerza. Ya lleva la mitad del suelo cuando suenan unos toques tímidos en la puerta. Amelia deja la fregona en el cubo y se acerca a la puerta sin hacer ruido. Mira por el visillo.
Deformada como por un ojo de pez ve la mata frondosa de pelo negro azabache de su vecina Lúa, en bata, ocultando un bostezo tras un puño, que usa para volver a dar unos toques con los nudillos unos segundos después. Amelia se muerde un padrastro, pensativa, finalmente retira la cadena del pestillo y abre la puerta.
-Amelia, hija, ¿qué alboroto es ese a las cuatro de la mañana?- Pregunta Lúa en voz baja con un tono de sincera preocupación.
-Ay, que te ha despertado el ruido del fregadero, perdóname, que ya me voy a dormir...-contesta Amelia, apurada.
-El fregadero, las sillas...pero qué haces a estas horas, ¿es que no te viene el sueño?-
-Nada, cariño, que no me viene, que me pongo a dar vueltas en la cama como una tonta y me pongo a dar vueltas por la casa como un fantasma a ver si me llega.-Dice Amelia ocultando los jadeos producidos por el esfuerzo.
-Estás sofocada y todo, ¿Puedo pasar? ¿Te preparo una tila o algo?- Pregunta lúa haciendo amago de entrar.
-Ay, deja, que no, que no te molestes.-Contesta Amelia tironeándola de la manga de la bata en dirección a la puerta de al lado.
-Quita, anda, venga, tira para adentro.-Replica Lúa, empujando a lúa adentro y cerrando con cuidado la puerta tras de sí.-
Lúa sienta a Amelia en el salón y le ordena que no se levante, va a la cocina y prepara dos tilas y unas pastas, minutos después aparece en el salón y coloca la bandeja sobre la mesa.
-Bebe. Cuidado que está caliente.-Dice Lúa, tomando su taza con cuidado.
-Gracias, cariño. Oye, vete ya, que se te van a preocupar en casa.-
-Déjale, si está roncando, él no te ha oído, a ése no le levanta una bomba.-
Los sorbos y el tintineo de las cucharas queda roto por Lúa, que habla mirando a Amelia fijamente.
-Amelia ¿qué vas a hacer mañana?-
-Ay, tengo muchas cosas que hacer. Tengo que ir a comprar lo de la semana, luego me voy a pasar donde Luque a por unas cortinas para la niña de mi hermana y después por la tarde voy a ir a acompañar a la mujer de Amadeo al centro de salud y después...-
-Pero mujer-Interrumpe Lúa- para un poco ¿no? que me está dando sofoco sólo de oirte. Estás todo el día de acá para allá, que si la niña de tu hermana, que si esto para este y esto para el otro, ¡para un poco que te va a dar un ahogo un día y te vas a quedar en el sitio!-
Lúa toma aliento, le coge de la mano a Amelia y pregunta:
-¿Y la nena?-
-Ay, la nena. La nena no se acuerda de que tiene madre.-Contesta Amelia cambiando el gesto y mirando hacia el suelo.
-No seas así. ¿Cuánto hace que no hablas con ella?-Pregunta Lúa, amablemente.
-No me acuerdo ya. Ya tiene lo que necesita con el de los pelos.-
-Es su novio, Amelia, y la nena es mayor ya para hacer su vida, ¿no te parece?-
-Y a mí que me zurzan.-Dice Amelia meneando la cabeza levemente de un lado al otro.
-Déjate de que me zurzan ni que no me zurzan, aquí no se zurze a nadie. Normal es que no venga a tus brazos, Amelia.-
Amelia aprieta la boca y guarda silencio. Lúa sigue hablando.
-Tu no querías entender que ella no puede estar toda la vida pegadita a tí, ahora este es muy feo, este muy tonto, ese tiene un pendiente en la nariz, Madrid está muy lejos, Barcelona está muy lejos, Londres ni hablar del peluco...no la has dado ni ésta, mujer. Normal que ahora no quiera ni verte-
-Pero a ése si lo puede ver, ¿no?-
-Amelia, le has hecho la vida imposible a todos los chicos que ha traído, es normal que a éste no te lo traiga por aquí.-
-No me quiere, los niños de ahora son así, anda que iba yo a abandonar a mi madre cuando se quedó sola...-
-Pero eso fue una decisión tuya, mujer. La nena no tiene culpa de que Bernardo muriera y que ahora estés menos acompañada, compréndelo, ella tiene que vivir su vida.-
-Y a mí que me zurzan.-
-No te pongas así, si ella no viene es porque tú te pusiste muy mal. Ella te adora, con todo su ser. Pero necesitaba de ti que le dieras alas y no que le pusieras un cepo.-
-¿Que me adora? pues ya me contarás cómo lo demuestra, yéndose a Barcelona a vivir con un chico que vete tú a saber de qué vive y con quién anda, y mientras su madre en casa sin poder dormir y dando vueltas como una loca.-
-Tu hija es muy lista y sabe con quién tiene que andar, que para eso la habéis educado bien, y si se equivoca, pues para eso estás tú. Para eso estamos los padres, Amelia. Y no se ha ido a Barcelona para escaparse, se ha ido a trabajar, que aquí no hay de lo suyo.-
-¿Qué sabrás tú?, Claro, como tienes tres chiquillos que vienen a verte todas las semanas lo ves a tu manera, y además tienes a tu marido que te dice y te cuenta.-
-Sí lo sé, bonita, si sé que Bernardo te ha dejado un hueco muy grande. Y que el te sabía manejar bien y era muy "así" con los suyos y con su casa, pero ya no está y hay que tirar para adelante.-
-Yo es que no me apaño, mira, lo hago mal todo. No quería perder a mi niña también y en estas estoy.-
-Ya, pero mira, por querer tanto apretarla con la mano se te ha escapado. Y si la hubieras dejado más a su aire ella misma habría venido. a los niños hay que dejarles sueltos, si son de buen familia hacen lo que tienen que hacer, pero te ha dado miedo y la has apretado mucho y la niña se ha ido, pero no para siempre, mujer.-
Amelia hace una pausa para pensar y continúa
-¿Y si (dios no lo quiera) te quedas sola y los chiquillos ya no vinieran a verte, ¿qué?-
-Pues si creo que me tienen que ver más lo diré, que para eso soy su madre, pero no diciéndoles que no vivan sus vidas. Y si me quedo sola pues vendré a verte más y nos iremos de vacaciones a Francia, que nunca he ido, y tú te vienes conmigo, a ver si ligamos con uno de esos que tienen tatuajes.-
-¡Anda! ya, la otra...-
Amelia se pasa la servilleta por los lacrimales, ahogando una sonrisa. Luego continúa.
-Él me sabía llevar muy bien, desde jóvenes, y era mejor con las cosas de los sentimientos, hablaba muy bien, y con la nena también se manejaba muy bien, hablaban como amigos, bueno, ya me entiendes. Yo soy más para mí, con estas cosas me pierdo y me enfado y ya no sé si subo o bajo.-
-Bueno, pero para eso estamos los que te queremos, para que subas o bajes, y no te quedes en el rellano. Además, tu hija estoy seguro que está deseando que le des "esto"-junta dos dedos ante Amelia- para arreglar las cosas. Tu niña te quiere mucho y si no lo ves es porque no te da la gana, pero te has puesto muy dura con ella y ahora no le haces bien, y ella tiene que proteger lo suyo también. ¿Y qué quieres? ¿Que no se case, que no tenga familia? ¿Y qué ganas tú con eso? Nada, ya con las tonterías, Amelia, si lo va a hacer de todas formas, es la vida.-
-La nena me llamó el martes de madrugada.-
-Anda tú, y ¿qué te dijo?-
-No se lo cogí.-
-Pero, ¿por qué?-
-Porque no me da la gana, no estoy para limpiar conciencias ahora, si no puede dormir que se ponga a fregar o que se vaya al bingo con su novio.-
-Es que mira que eres cabezota ¿eh? es para matarte, te daba un palo y te daba la vuelta, de verdad.-
-El palo me lo daba yo también, y a ella, y a tí también.-
-"Iche" la otra. Llámala y déjate con la mala uva, que tú a eso no me ganas.-
-Pero ¿y qué le voy a decir yo?-
-Que la quieres, eso lo primero, y le pides perdón.-
-Perdón ¿por qué?-
-Pues por todo, que la has alejado cuando la tenías que traer y la has querido traer cuando la tenías que dejar. Y por no saber ni el nombre de su novio.-
Amelia pone una expresión de indefensión que no se traduce en palabras, Lúa se levanta sin darle tiempo a argumentar y va a por el teléfono, lo deja sobre la mesa y vuelve a sentarse. Amelia lo coge y vuelve a mirar a Lúa.
-Venga.-
Amelia coge el teléfono y mira la pantalla un momento.
-Hace nada le estaba acurrucando en el regazo y ahora ya no quiere ni hablar conmigo. Que niña bonita, oye, que parece que nació sonriendo, siempre alegre, que me la quedaba yo mirando como una tonta. Luego se me hizo mayor y ya entraba y salía y hablamos menos, pero me comía a besos cuando me veía, eso sí. El médico me dijo que no podíamos tener hijos, y un día... y ya no hubo más. Yo quería más niños pero no me quejo, es mi niña y la quiero más que al mundo, y ahora ya no sé ni dónde anda...-
-Llámala. Si te lo estás diciendo todo tú, tontaina.-
-¡Son las cuatro de la madrugada! no, no, no se llama a estas horas. Mañana, mañana sin falta.-
-Mañana, mañana... mañana ya no estoy aquí y vete a saber lo que te va a rondar la cabeza mañana, venga, llama, que te vea yo.-
-Que no, que no, que a esta hora va a estar dormida, la pobre.-
-¿Un sábado a las cuatro de la mañana? estará tomándose la primera por ahí. Venga, lianta, llama.-
-Lianta tú, que mira la que me has organizado. A ver, espera, que la llamo. A ver.-
En ese momento suenan unos golpes tímidos en la puerta.
-Este es Isi, que parece que si me voy dos minutos me voy a ir con el frutero, te dejo aquí tranquila, pero vas a llamar, ¿no?-
-Tú te quedas ahí donde estás.-Dice Amelia, severa, señalando el sillón.
-Entonces espera, que me lo despacho rápido.-
Amelia mira fijamente el móvil mientras va buscando el número de su hija, del otro lado llega la voz susurrante de Lúa explicándole a su marido por qué se mete en la vida de los demás y qué hace revolviendo a esas horas de la noche. Luego un silencio y la puerta cerrándose. Lúa se agarra el camison mientras recorre el salón y se vuelve a sentar en el sillón, mirándo a su amiga fijamente.
Amelia, con dedos temblorosos aprieta el botón de llamada e introduce el móvil por la mata de pelo rizado color plata, a la altura de la oreja. Pasan unos segundos y suena el primer tono. Luego el segundo. El tercero. Un cuarto. Finalmente se corta el tono, y tras lo que Amelia le parece un largo silencio, suena un chasquido y sigue una voz.
-¿Mamá?- Pregunta una voz de mujer, suave y queda al otro lado del teléfono.
-Hola, hija.-
-Hola.-
-¿Qué haces?-Pregunta Amelia con voz temblorosa.
-Estaba durmiendo.-Contesta la voz, ahogando una risa amable, en voz baja.
-Claro, normal-Dice Amelia lanzándole una mirada asesina a Lúa, que le devuelve la mirada encogiéndose de hombros- Bueno...-duda unos segundos como esperando algo-pues, vuelve a dormir, te llamo mañana, ¿vale?-
-¡No! Dime, Mamá, dime.-
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