Historias Breves (VII)
19-La lluvia ya le había empapado tanto que hizo inútil buscar cobijo, el día no tenía pinta de durar eternamente así que tampoco tenía sentido detenerse. No sabía dónde estaba, no tenía referencias y hacía más de una hora que vio el último cartel a un lado del camino, y tampoco recordaba qué decía. Cómo el día estaba completamente nublado no sabía dónde estaba el sol, así que estaba completamente perdido y desorientado. Pero la idea, lejos de amedrentarle, le produjo una sensación refrescante de liberación. Se colocó los cascos del MP3 mientras abandonaba el exiguo cobijo que le daban los árboles desnudos y salía a campo abierto en dirección a ninguna parte.
20-Depronto es niño, tan pequeño que podría tocar las rodillas de su padre con la frente, le cuesta andar, y tiene que extender su brazo muy arriba para darle la mano mientras caminan calle abajo, un soleado día de octubre, la misma mano que le extiende hoy, octubre también, esta vez para ayudarle a caminar a él, mientras cruzan lentamente la misma calle de entonces.
21-Está sentado en la más completa oscuridad de aquel ascensor, la conversación había cesado, ahora de ella sólo puede oir el tamborileo nervioso de sus uñas sobre el bolso, sonando a pocos centímetros de él. Mira a un lado y al otro, y allí sentado, con aquel olor a agua sucia, vuelve a sentir esa vieja necesidad de hacer de un momento algo eterno, y rie en alto lo absurdamente perfecto que es todo. Ella pregunta de qué se rie y Joaquim miente mientras saca una caja de cigarrillos de su chaqueta.
22-Sentados sobre las últimas rocas del espigón, sus caras están iluminadas por el reflejo de la luna sobre el mar. Bromas y confesiones en el último día juntos antes de volver a sus ciudades de origen.. Entre todos ellos está ella, ahora silenciosa mientras los demás charlan y rien, está oliendo pausadamente el salitre, sintiéndo el aire fresco que le revuelve el pelo mientras mete la barbilla en la sudadera, abrigándose, mientras se da un momento para cerrar los ojos, viviendo como desde fuera, sabiendo que asiste a un momento inolvidable de su vida, con la extraña sensación de ser la niña que fue soñando imágenes de como será su vida, como la anciana que será recordando cómo efectivamente fue, todo a la vez.
23-Aguardaba a la salida del colegio, escondido detrás de una columna, el corazón a mil por hora, esperando verla salir de clase en su trayecto hacia el coche de su padre, que la viene a buscar cada día. Por fín la ve salir, lleva a su hermana pequeña de la mano, ambas tienen el mismo pelo, rubio y rizado. Su pulso se acelera, haciendo caso a una voluntad que por alguna razón se sobrepone al miedo, camina hacia ella con decisión, su gesto es cómicamente serio. Cubre los pasos que les separan y se planta delante suya interrumpiéndole el paso, lentamente y con una mano temblorosa saca un sobre de la cartera y se lo extiende, los ojos azules de ella le miran con cara de sorpresa. luego baja la mirada y finalmente toma el sobre. El niño gira sobre sus talones y se marcha. En su camino hacia la salida, su mirada se cruza con la del padre de ella, que le mira intensamentea con una leve sonrisa, el niño aparta la mirada nervioso y acelera el paso.
24-¡Apagado o fuera de cobertura! maldecía a gritos, guardándose el móvil mientras corría como perseguido por el diablo calle arriba por Preciados, hacia Callao. Luna ladraba como loca a la madrugada, al otro extremo de la correa que sujetaba, jadeando entre ladrido y ladrido, mirándo de vez en cuando a su enloquecido amo con las orejas al viento, corriendo a unos pasos por delante suyo. Mientras el pánico y una determinación atroz le apretaban en el estómago, los balcones vacíos, las luces naranjas de las farolas y los escaparates a oscuras pasaban a toda velocidad a su alrededor, sin más sonido que el del aire zumbando en sus oídos y el de sus zapatillas golpeando la calle.
Una imagen, sólo una imagen, la de aquel cuarto vacío, sus paredes blancas, desnudas sin aquellos poemas escritos a mano, sin aquellos pósters por los que tantas veces se había cachondeado de ella, aquella cama desnuda sin aquel edredón con pulpos de colores bordados por ella. Aquel vacío hizo eco directo con uno dentro que crecía dentro de él, y luego recuerdos: el olor de su café por la mañana, las charlas en el salón hasta las mil cuando ambos volvían a casa y se contaban sus nuevos desastres emocionales y se calmaban con consejos que encerraban un creciente aprecio y cariño, el olor de sus óleos, sus canturreos lastimeros y desafinados cuando pasaba la escoba, sus absurdos conceptos ("el calcetineo dominguil", "la asambléa lacrimógena", "la mirada de indiferencia despreciativa-intencional"), su risa explosiva cuando hablaba con sus amigas por teléfono, hasta sus malditos "Extremoduro"...
¿Cómo podía ser alguien tan estúpido de darse cuenta de algo así justo ahora?
Sólo esperaba que no fuera demasiado tarde, y que no hubiera un sólo Taxi libre en todo Madrid.
"¡Corre, Luna! ¡corre!"
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enredadass dijo
.. nada que no hay remedio...
me siguen cautivando...
besos y mas besos
27 Septiembre 2010 | 12:28 PM