Historias Breves (V)
13- Gabriel se despertó oyendo el sonido de un megáfono, que recitaba una especie de mantra repetitivo que entraba por su ventana desde la calle:
-¡Melones! ¡Melones! ¡Melones gordos! ¡Melones gordos y jugosos! ¡Melones y sandías maduras, dulces y jugosas! ¡Melones, sandías, melocotones, peras, chirimoyas maduras y dulces...!
Gabriel se echó la almohada por encima de la cabeza mientras una lágrima resbalaba por su mejilla.
14- Manuel decidió dirigirle unas palabras a su guapa esposa durante el banquete de bodas, tomó el micrófono:
-Quiero expresar mi amor y mi gratitud a esa señorita de blanco que está ahí entre vosotros...
Depronto, de entre el gentío, se alza un ser orondo y enrojecido, embutido en una camisa rosa y completamente embebido de tanto embeberse y por cuya frente asomaba una vena gorda y azúl que caía entre dos ojos camaleónicamente estrábicos. Interrumpiendo el discurso de Manuel y con una voz que era como cien perros hablando al unísono, rugió:
-¡Rehhpeto, que ezza zeññorita éh tu muhéin!
Rompiendo el silencio que surgió a continuación, de la nada apareció una mano amiga de uñas pintadas y pulseras de oro, agarró suavemente al hombre por la manga de la camisa y lo arrastró con firmeza de nuevo hacia la anónima y silenciosa masa.
Manuel prosiguió su discurso como si no hubiera pasado nada.
15- Seis de la tarde, silencio en el coche de la autoescuela. A pesar de haberse mostrado siempre muy dicharachero, su profesor (un hombre que rondaba los sesenta) llevaba sin abrir la boca prácticamente toda la clase (a excepción de un par de instrucciones aleatorias sobre el retrovisor y el uso del embrague). Joaquin le miraba de soslayo de vez en cuando, definitivamente parecía atribulado por grandes pesares, pero como no había confianza para hacer peguntas directas lo dejó estar.
Finalmente, aprovechando el paréntesis de un stop, con una voz lenta y mesiánica y sin apartar la vista del horizonte, el profesor rompió el silencio.
-Las negras, Joaquin, son con diferencia las que mejor joden.
Joaquin introdujo cuello abajo su cabeza dentro de la camisa todo lo que pudo mientras pisaba el acelerador.
var _gaq = _gaq || [];
_gaq.push(['_setAccount', 'UA-2001386-1']);
_gaq.push(['_trackPageview']);
(function() {
var ga = document.createElement('scr





