La Coctelera

Gonzalo Navas

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16 Mayo 2010

Caballero y princesa (2)

 

Nos encontramos de nuevo ante el torreón. El caballero llama tres veces a la puerta y permanece expectante, pero no hay respuesta. Se da una vuelta por los alrededores, queda impresionado por los tonos violáceos del sol tras las nubes del atardecer, tuerce la cabeza ante tanta belleza, el día va llegando a su fín. Duda por un momento, tiene la opción de volver a casa y olvidarse de aquella torre, pero no está en su naturaleza rendirse y olvidar, quizá sea la armadura, quizá sean los votos, pero decide que no es una opción volver a casa de esa manera. Así que decide volver a las puertas y volver a llamar. No hay respuesta.

Mira arriba y ve que a unos veinte metros la ventana por la que antaño escuchara aquella canción que le guiara por el bosque de peligros con una determinación inaudita hacia la lúz que indicaba el camino de caballero.

Da un par de voces llamando. Sin respuesta. Tamborilea en el suelo varias veces con el pie pensando en qué hacer. El sol ya está oculto tras las nubes y la noche está al caer. De su casaca extrae una cuerda con un pequeño ancla en la punta, la hondea varias veces antes de lanzarla con habilidad hacia la ventana. El ancla queda enganchada entre dos bloques de piedra que forman la parte inferior de la ventana. Inicia la subida. Mientras brazada a brazada va ganando terreno se le cruza el paradójico pensamiento de que sus votos y su armadura le infunden tanta fuerza como le lastran. ¿No es acaso la armadura pesada? ¿no son aquellos votos los que le han llevado hasta allí, a pique de romperse la crisma (si no algo peor...) mientras escala un torreón alto y frío en una tarde en que quizá si sus menesteres fueran menos arduos y su determinación menos firme podría haber disfrutado de más lisonjera manera y de paso, refrigerada? pero el premio, el objetivo...le hacen seguir y seguir.

Finalmente, con una compostura de lo más perdida, se alza sobre la ventana abierta, y así le ve ella, con gran sorpresa, pasmo y alguna cosa menos conveniente, recortado a contraluz sobre la imagen del atardecer, alzado en el total de su estatura, jadeante y definitivamente exhausto, mientras recobra el aliento por la subida.

-¡Ah! ¡hola!.-Dice ella, sonriendo sólo con la boca y con los ojos como platos.

-Buenas...tardes...-Dice el caballero sin apenas resuello.

Ella está en bata, de nuevo, con sus zapatillas draconianas de peluche y toda su indumentaria domiciliaria más casual, pero esta vez parece muy apurada al verse así por sorpresa en su propia habitación, sin tiempo siquiera para empolvarse la nariz.

-¿Qué hacéis aquí?-Pregunta la princesa.

-Golpeé la puerta.-

-Lo sé.-

-Llamé a voces.-

-Lo sé.-

-Escalé la ventana finalmente.-

-Podría decirse que no hay muro suficientemente alto para vos...-Apunta la princesa con un tono dificil de determinar.

-Mis votos y mi armadura así lo exigen. Trata usted con un caballero.-Trata de sonar firme el caballero, pero su determinación sonaba notablemente disminuída.

-Lo sé. Por eso intenté atacar a vuestra determinación. Para socavarla-

-Lo sé. Pero no puedo entender porqué. ¿Por qué huis?-

-Hay otro caballero. Mejor, nuevo, perfecto. Que no escala torreones, no entra en mis aposentos, y permanecerá eternamente como un sueño.-

-Oh, Dios...-Dice el caballero apretándose el pecho.

-Lo lamento, intentad no hacer una escena y retiraos silenciosamente. No hubo matrimonio, no os debo nada ya que nada tomé de vos más que lo que me dísteis por voluntad propia, vuestras ilusiones son asunto suyo y no estoy obligada por papel o promesa a condescenderos en lo más mínimo. Adiós.-

-Pero...¿por qué?-Pregunta angustiado e caballero.

-Porque soy una princesa no da, recibe, ensueña, no realiza.-

-¿Pero no soy acaso un caballero? ¿lo que usted quiere, necesita? ¿la consecución de un ensueño?-

-Precísamente a eso me refiero. Cuando un sueño se consigue pierde su cualidad ensoñada, se vuelve con ángulos y texturas concretas, no sospechadas. Se mesura, se pesa, se arruga y el sol ya no le roza de la misma perfecta manera que en los sueños. Y el cuadro pierde lustre y es necesario crear uno nuevo. Es menester de princesa.-

-Pero princesa, ¿no habéis observado que los cuentos terminan siempre cuando el sueño se vuelve realidad?-

-¿A dónde queréis ir a parar?-

-A eso mismo, que los cuentos terminan cuando se realizan, porque son cuentos, mentira, al fín y al cabo. Vivimos en una mentira.- La princesa parece dudar unos instantes poniendo todos los esfuerzos en no mostrarlo.

-Siempre he creído en el "Y vivieron felices..."- Apunta la princesa.

-Yo también, y mirad cómo estamos. Eso son sólo palabras cobardes y vacías al final de un libro, que ocultan basicamente...lo importante.-

-¿Lo importante?-

-Sí, que no hay nada perfecto, que la perfección es como los cuentos, un sueño, apenas una mentira cuando se la traslada a la vida común, la perfección tiene que estar en las personas, en sus valores, no en el cuento, no en los vestidos, no es así como funciona el mundo. Un corazón débil es débil, se puede romper, sí, pero no perderá un solo latido hasta que se recomponga, y por ser valeroso y puro también es a su modo fuerte, ¿comprendéis?-

-¿Queréis decir que una princesa que se levanta legañosa por la mañana no es de lustre, pero a su modo es tan bella que puede partir el corazón de una persona que mira con ojos de belleza?. ¿que en sus días tristes no tiene que morderse la lengua para sonreir o que sus tapices no tienen que ser los de bordado más elaborado para ser válidos o que una mancha en el vestido no es una mancha en su valía?

-Precisamente eso y más.- Responde el caballero.

-Pues no, no lo había pensado.- Responde la princesa orgullosa antes de continuar.

-Nos debemos a nuestros votos y por eso es nuestro deber crear nuevos sueños desde la soledad de nuestros fríos e infranqueables torreones. Torreón que vos acabáis de ver por dentro, ha violado mi espacio y destruído el ensueño provocando mi rechazo, y ahora pesáis, y el sol ya no le da de la misma manera. Y yo tengo un nuevo lienzo que pintar de vos, con el que decorar mi galería, escaleras abajo y recordar un presente que ya fue y no volverá.-

-¿Y es eso vida, milady? es vida esta torre que ahora que veo por dentro descubro oscura, fría y solitaria? ¿es vida cuando usted sabe que como princesa no podrá llenarla de más vida que la suya?-

-Está todo pensado, no será mi caso, porque mi caballero nuevo será perfecto. Pero os contestaré con otra pregunta, ¿es acaso vida tener que cruzar tantos peligros y pesares, tener que enfrentarse a un torreón tan alto y frío, para encontrar a una princesa que no puede permitirse amarle sin rechazarle con igual intensidad?-

-No...definitivamente no.-

-Parece que estamos deacuerdo en algo por primera vez.-

-Exhíguo regocijo el encontrado en los albores de un aparente final. Y complicada maldición la nuestra, mi compañera.-

-¿Maldición?-

-Perseguir. Escalar torres infinitas, perseguir sueños de arena. Usted ve como su caballero se hace arena, y yo soy el caballero que como arena se deshace al ser tocado por un sueño en forma de princesa.-

-Sí...eso es, compañero. Pero la siguiente vez será de verdad, será perfecto.-Afirma la princesa esbozando una sonrisa mientras sus ojos navegan lejos de allí.

-¿Perfecto? Eso es lo malo de todo esto mi señora. Demasiadas perfecciones. Mi armadura aporta una imagen de dureza que no se da de costillas para dentro, donde se oculta un corazón frágil que os quiere, que os necesita. Y siempre es igual, perfectamente imperfecto. Pero veo que los vestidos de princesa no ocultan nada mejor, pues ocultan lo que veo ahora, a una chica, normal de pies a la cabeza, quizá sólo una niña solitaria y ensoñadora, en bata y calcetines, que necesita soñar que un caballero la convierta en una princesa que de vestido para adentro no siente ser. Ninguno de los dos parecemos entender lo que cada vez es más evidente, que ningún caballero ni ninguna princesa puede hacer eso, porque no existe caballero ni princesa que aguante tan alta expectativa sin que se haga añicos en el camino.-

-Si tiene o no razón, mi ex-caballero, es una cosa que no compartiré con usted.- Dice la princesa no sin poder evitar que su mirada tiemble un momento.

-Siento que mi persistencia de caballero haya terminado por entrar en sus aposentos privados, pero no me arrepiento, es lo que tenía que hacer, lo que quería hacer, exactamente el lugar en el que quería estar, y en ningún otro.-Dice el Caballero notablemente decaído.

-Siento que mis exigencias de princesa se lo pusiera tan difícil y que finalmente haya destruído sus razonables expectativas con mi juicio, mis reservas y mis dudas. Una princesa debe ser idolatrada, pero cuando la cotidaneidad entra, el caballero y la princesa dejan de serlo y cuando me miran debajo de la ropa....cambiar está fuera de la cuestión. Pero no me arrepiento de haberle conocido y que lo haya intentado, parte de mí deseaba que lo hiciera, otra no podía permitirlo.-

-Ni yo puedo estar permanentemente alrededor de vuestra fortaleza, pero no olvide que"no se puede siquiera mirar algo sin cambiarlo" dice el alquimista cuántico del sitio donde vengo. "El secreto está en que el cambio sea bueno, bienintencionado."-

-Si me cambian quizá deje de ser una princesa, de ser yo.-

-Y ante ese miedo, que fundamenta lo que significa compartir la vida con alguien, de alguna forma, jamás dejaréis de estar sola, porque no olvide jamás, que ni usted es una princesa ni yo un caballero, sino dos personas con ropajes que les hacen más mal que bien .-

-Y ante ese anhelo sin fín vuestro y su ansia por perseguir lo imperseguible, idealizando, sufrirá por ello y jamás verá colmado su corazón. Parece que su suerte no será diferente, caballero.-

-Mi corazón me exige perseguir algo que huye, el vuestro huir de lo que más quiere cuando le busca.-

-De un lado el anhelo de un sueño siempre distante, del otro un abrazo de hierro inflexible.-

-De un lado el anhelo sin descanso de un sueño, del otro la destrucción del propio corazón.- Razona el Caballero casi para si.

-Entrar en un torreón privado cuando no te han dado permiso es una forma extraña de querer.-

-Reaccionar al afecto como de un "abrazo de hierro inflexible" también.-

-O quizá ambos estamos errados...-Comienza el caballero.

-....acerca de lo que es querer.-Termina la princesa.

-Y quizá no debería de ser así, quizá...quizá yo no tendría que iniciar ningún viaje, ni escalar ningún torreón ni demostrar ninguna valía para ganar nada. Y quizá estaría bien recordar que una mujer no necesita ser una princesa para merecer una gran aventura. Quizá quererme a mí mismo primero sin anteponer a nadie sea la clave para que quizá un día alguien llame a mi puerta y me pille en zapatillas.-

-Ni yo consumirme en la desesperación al dejar entrar a alguien en mi torreón, que se acomode y me de compañía y saber que, aunque pasara el resto de mi vida dentro de mi torreón con otra persona de la mano, yo soy yo, y mi torreón es mío, inalterable, aunque dentro se celebre un banquete con mil comensales. Y que quizá si me quiero a mí antes que a nadie y no antepongo un sueño para verme como una princesa, quizá entonces cuando alguien entre en mi torreón no me asuste lo que pueda ver, ni vuelva a temer que ello me cambie en algo peor, o con menos brillo.-

Ambos quedan en silencio sin saber qué añadir.

 

-Hubo un día en el que me olvidé de armaduras y vestidos.-Añade el caballero. la princesa duda mucho antes de hablar.

-Sentí lo mismo, y curiosamente el fantasma de ese recuerdo no se ha hecho añicos, quizá es que...por un momento...-

-...no fue un sueño, por un momento no fuimos un caballero y una princesa, sino dos muchachos que querían su bien a través del bien del otro, por igual.-

-Quedémonos con eso.-

 

 

La noche está ya cerrada, con mucha pena silenciosa y tras una despedida fría, caballero y princesa se dijeron adiós. Ya a las puertas del castillo, tras el descenso, el caballero comenzó a caminar de vuelta a casa, tras dar unos pasos se volvió, pero la princesa ya no estaba en la ventana. Se detuvo un momento, miró a la luna, que ya iluminaba el mundo desde lo alto, y pensó en el funesto destino que le aguarda a un caballero que lo sabía todo sobre dragones, de bosques oscuros y terribles peligros en general, pero nunca del dolor del anhelo que se sitúa a un centímetro de la más valerosa proeza que un caballero pueda llevar a cabo, la de un sueño que se deshace cuanto más avanzas hacia él, abandonándose siempre a sí mismo en pos de unos votos terriblemente exigentes.  Dos lágrimas corrían mejillas abajo mientras con una resolución final se desajusta las hebillas de cuero de los costados justo mientras comienza a llover, liberando el plaquín del pecho, luego las de las piernas y los brazos. Finalmente las botas. Hizo un montón  con las piezas a los pies de la torre y allí los dejó junto con sus votos. Puso rumbo al sur, buscando un nuevo sitio en el que empezar de cero, lejos de cuentos, de torres, de princesas y sueños. Perdiéndose entre la lluvia y la oscuridad, la figura del hombre que ocultaba la armadura abandonó el lugar.

La princesa se encontraba en su galería, pasando alegre el candil de lienzo en lienzo, pensando en su nuevo caballero. Pero la lúz anaranjada era una pequeña cápsula de calidez en la enormidad de la estancia oscura y fría mientras caminaba observando los diversos lienzos que mostraban a los antiguos caballeros, Sir Iam Macllomon con sus andares graciosos, Sir Lucius de Harrenhall con su imponente voz y sus habilidades con la espada, Sir Kelvin de Vicent, con su fuerte sentido de la justicia y su caracter fiero y masculino. Finalmente añadió un último lienzo...que le trajo sus propios recuerdos mientras dos lágrimas corrían mejillas abajo.

La Princesa se sentó, abandonada por las fuerzas ante aquellas caras, aquellos gestos, aquellas armaduras. Y el silencio...el silencio de la torre, ese rumor persistente y pesado, aquella oscuridad terrible que ninguna de sus fantasías había conseguido llenar de las risas y la alegría que había soñado tantas veces. Aquel frío eterno parecía ser la única ensoñación que podía hacerse real, que podía tocarla sin convertirse en piedra.

Una rabia incontenible se apoderó de ella y lanzó el candil a la pared que, con una explosión de chispas, estalló al golpearse contra la pared. Salió de la galería, tomó una antorcha de la pared del pasillo. Subió a sus aposentos, abrió los armarios y presa de la ira prendió fuego a sus vestidos. Usando la antorcha como vara, golpeó la estantería que contenía sus diademas haciendo volar en pedazos cada una de ellas, las de diamantes, la de zafiros...

Finalmente fue a la biblioteca donde todos los volúmenes que le habían lavado el seso con sueños incalcanzables de felicidad infinita y perfecta. Libros como únicos compañeros eternos en las noches frías, en el torreón. Les prendió fuego y salió de allí.

Ya con el torreón asomando lenguas de fuego por cada agujero, la princesa, vestida con unos pantalones de piel, el pelo recogido en una coleta, calzando unas zapatillas de cuero cómodas y confortables, se ajustó una mochila con víveres, tomó aire y se encaminó al Norte, lejos, fuera del alcance de la visión de la torre, de su padre y de más caballeros. Lejos de la soga de los sueños de arena y de la realidad de un vestido de princesa al que le había visto la trampa, un vestido tan "perfecto", tan medido y tan justo que crea una princesa que no necesita cuidar los sentimientos de nadie más que los suyos, ni cuestionar sus actos (una princesa nunca se equivoca) y que al llevarlo puesto no puede verse más que a sí misma reflejada en las caras embobadas de unos pobres diablos que al final, presa de sus emociones, pierden las buenas maneras (cuánta incorreción) ante tan aparente incapacidad de entrega y empatía.

En mitad de la noche, una torre arde, de sus ventanas salen jirones de tela de colores en llamas, algunos de ellos caen encima de un montón de piezas de hierro, abandonadas a sus pies.

 

 

 

You're the one who's nearly breaking my heart.
Had your chance, you just threw it all away.
Living in a world that you could never be a part of
And never time to walk away.

[ Chorus ]

You can't stay, no, you can't stay.
You're no loser, there's still time to ride that train
And you must be on your way tonight.
Think anew right through, you're a man in the rain.

What's the use in hanging round these walls.
Lamps are burning, but nobody's at home.
There's a new day dawning as a cold rain falls
And now's the time to walk alone.

[ Repeat Chorus ]

How's it feel when there's time to remember?
Branches bare, like the trees in November.

Had it all, threw it all away.
Now's the time to walk away.

[ Repeat Chorus ]

How's it feel when there's time to remember?
Branches bare, like the trees in November.

How's it feel when there's time to remember?
Branches bare, like the trees in November.

[ Repeat Chorus ]

Threw it all away, threw it all away
And now's the time to walk away.

[ Repeat Chorus ]

servido por Gonzalo Darko 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Laurana

Laurana dijo

Sin palabras, sencillamente.

Un beso...

20 Mayo 2010 | 04:28 PM

Gustavo

Gustavo dijo

Enhorabuena, me ha encantado el cuento y me ha hecho recordar muchas cosas. Un compañero de trabajo me ha pasado el link a tu blog y lo estoy hojeando. De nuevo enhorabuena.

21 Mayo 2010 | 01:43 PM

Robert

Robert dijo

Me he leído este cuento como cuatro veces estos días, deberías presentarlo a un concurso.

Un saludo.

2 Junio 2010 | 12:05 PM

agentofnothing

agentofnothing dijo

Ya sabes lo que opino de esto, simplemente genial y FET-ÉN!

20 Julio 2010 | 11:43 PM

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