Moleskines, felpas y gabardinas (I parte)
Luis Garrido estaba sentado en una cafetería, estrenando un moleskine que le habían regalado, mancillando sus páginas con pensamientos aleatorios acerca de la diferencias claves entre la década de los ochenta y noventa para un post que le habían pedido con motivo del cambio de década. Y allí estaba, amenizando las pausas entre idea e idea con sus habituales dibujos compulsivos de cubos, espirales y tornados, cuando por alguna razón levantó la vista y se fijó en el ajetreo que le rodeaba. Nada fuera de lo normal, camareros poniendo cafés, el sonido infernal del calentador de leche, el tintineo de las cucharillas, el zumbido de varias conversaciones al unísono, de la máquina tragaperras haciéndose notar. Y por alguna razón, ahí, a las nueve de la mañana de un lunes lo supo todo.
Le vino a la cabeza la idea de que aquella visión tan común y costumbrista demostraba feacientemente sin ningún género de dudas que no existe lo paranormal. Era curioso, porque no estaba pensando en nada de esa pasta en aquel momento, de hecho, Luis estaba dándole vueltas a la idea de porqué lo único que se le venía a la cabeza al pensar en los noventa eran los pantalones de MC Hammer, la expo de Sevilla, la Guerra del Golfo, Chimo Bayo y Alfonso Arús con unas gafas amarillas gigantes.
Pero le vino así, ¡plaf!, lo supo tan de verdad como que dos y dos son cuatro, claro y fácil como un enigma una vez leída la solución. Ni karma, ni espíritu, ni fantasmas, ni vida después de la muerte, el mundo tenía de trascendental lo que las zapatillas de felpa rosa de andar por casa de su madre.
Entendió con más convicción que nunca que todo es un cuento que sale de las emociones humanas para luchar contra el vacío y la idea de la nada, en su intento por ordenarse el mundo en la cabeza de una forma soportable. Luego claro, el ser humano lo había puesto fácil con toda la retaíla de ideas surrealistas derivadas: que si soy güeno voy al cielo (entiendase cielo como un lugar fetén, así, en general). Que si me inmolo me ligaré a quince vírgenes en el más allá. Que si mato a un cerdo y me como su corazón me convierto en "Super Cerdo". Que en la casa de mi prima hay espíritus que rascan las paredes y manejan los electrodomésticos (en especial la minipimer) que si fuera otra no, pero si lo dice mi prima me lo creo (aunque tenga ese deje extraño en el habla y los ojos un pelín estrábicos). Que si me doy de cabezazos contra una piedra encontraré marido y...para qué seguir.
Perdido en estas ideas miraba Luis con cierto desencanto el panorama lluvioso de la calle, cuando se sobresaltó con el golpe que dio la puerta de la cafetería al abrirse de golpe. Con paso firme entró al interior una gabardina color crema de cuyo extremo asomaba una cabeza calva y sonrosada como una salchicha asoma en un perrito caliente. Tenía barba blanca, corta, pero muy tupida. Sonreía y bufada mientras se sacudía el frío de encima.Alzó la mano para saludar al camarero, que no hizo ademán alguno de devolver el saludo.
El señor se desenrredó del cuello una larga bufanda negra, se quitó la gabardina y la colgó en el perchero. Fue entonces cuando se giró hacia Luis, levantó las enormes cejas negras a modo de saludo y se dirigió hacia su mesa.
-¿Se puede?-Preguntó sin esperar respuesta mientras echaba la silla para atrás y se sentaba.
-Claro...-Balbuceó mientras intentaba entender el por qué de que todos los locos y los borrachos se le acercaran siempre a molestar.
El señor parecía bastante más viejo de cerca, debía de tener unos setenta, y Luis no pudo evitar encontrarle un parecido de lo más razonable a Antonio Ferrandis.
-No soy Chanquete.-
-¿Perdona?.-Dijo Luis sacado repentinamente de sus pensamientos.
El viejo se sacó una pipa de un pequeño bolsito de cuero marrón que le colgaba, se la encendió, le dio una calada larga y luego añadió.
-Que no soy Chanquete. Soy Dios, y tenemos que hablar.-
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lamandragora dijo
Caramba que visita mas inesperada... ¿que le tendrá que decir el bueno de Dios?
18 Enero 2010 | 08:12 PM