La Coctelera

Gonzalo Navas

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17 Diciembre 2009

Mientras tanto: Capítulo inédito

Hace unos meses fui publicando unos relatos que fueron convertidos en un libro que en estos momentos estoy intentado que me publiquen. A continuación posteo uno de los relatos que se quedaron fuera y que ira incluído en el segundo volumen (son 2) en caso de que finalmente me anime a escribirlo.

 

(III) Despeñaperros, bar restaurante “Los Jardines de Santa Elena”. Gerardo se arrincona en el extremo de la barra del bar, asegurándose de estar lo suficientemente lejos del jaleo que las familias y sus huestes estaban organizando en el comedor. Sentado en su taburete, intenta recuperar fuerzas  a golpe de café sólo y unos sobaos, lo justo para encarar el resto del viaje  que comenzó en Algeciras y terminará Santiago de Compostela, si el camión se porta.

Echando miradas furtivas al comedor, puede ver una auténtica tormenta de camisetas de colores, gorras, madres histéricas detrás de sus  pequeños salvajes y a los camareros sudando a chorros de una mesa a otra no dando abasto. Cerca de la salida, dos niños completamente fuera de sí menean una máquina expendedora de caramelos, intentando agenciarse unos cuantos gratis.

 

Gente como aquella era lo que hacía que el mismo viaje en invierno y en verano pudiera tener una diferencia de dos o tres horas, ellos y su costumbre de plantarse en manada en la carretera como si el mar fuera a hacerles olvidar su asco de vida.

Echaba de menos el invierno, la lluvia, el frío, todo aquello que mantenía a  esos "paisanos" metidos en su casa. Las largas horas se pasaban mejor en una carretera vacía, con la rádio como único compañero, tanto en la cabina de su camión como esperando su regreso a casa. Le gustaban los programas en los que la gente de todas partes de España contaban sus historias y sus problemas, era como un prostético de la vida social que le era imposible mantener con sus regímenes de trabajo. Por eso poco a poco su camión se había convertido en su auténtico hogar.

Perdido en sus pensamientos, Gerardo apura su café y saca la cartera para ir pagando. Es entonces cuando nota dos leves toques en la espalda, a la altura de la cintura.

 

Al volverse y bajar la vista encuentra la mirada fija de un niño pequeño, rubio y repeinado a un lado, vestido pulcramente, como si viniera de misa, de su mano,  cerrada como una tenaza, brota un enorme polo de color rosa que a medio derretir, le cae a chorros por la mano y parte del brazo hasta el codo.  El niño no dice nada, tan sólo observa.

 

-Hola.-Dice Gerardo rompiendo el silencio incómodo, fingiendo la típica amabilidad con la que dicen que se debe de tratar a los niños. Pero el pequeño sigue observando sin decir nada. Gerardo mira a su alrededor buscando a una madre con la mirada perdida buscando a su hijo, no la encuentra.

-Se te está derritiendo el polo.-Dice Gerardo sin saber muy bien cómo manejar la situación. El niño sigue sin apartar la vista. Finalmente habla.

-¿Ese camión es tuyo?- Dice el niño señalando al enorme trailer que había aparcado unos metros más allá del local.

-¿Cómo sabes que es mío?- Pregunta Gerardo frunciendo el ceño, a lo que el niño contesta señalándole la camiseta que porta el mismo logo que el lateral del trailer.

-Muy listo. Sí, es mío el camión, ¿te gusta?- Pregunta Gerardo. El niño contesta moviendo la cabeza arriba y abajo mientras le da una chupada al polo.

-¿Me llevas en el camión?-

-¿A dónde...? ¿con el camión, dices? ¿a dónde quieres ir?-Pregunta Gerardo. Gabriel contesta levantando los hombros levemente.

-¿Es grande el camión?-Pregunta el niño.

-Muy grande, caben muchos sillones y armarios dentro.-

-¿Y muchas personas?-

-No sé, pero deben de caber muchas, claro.-

-¿Caben estos?-Pregunta el niño extendiendo cuatro dedos.-

-Sí, claro, más de esos.-Responde Gerardo a lo que el niño responde con una sonrisa.

-¿Y montas mucho en el camión?-

-Sí, hijo, sí, viajo mucho…-Dice Gerardo.

-¿Con tus niños?-

-Yo no tengo niños.´¿ Y tú, cómo te llamas, chaval?-.

-Gabriel Villanueva Castaño, y tengo estos.- Responde el niño como recitando, usando su mano libre para extender cinco dedos.

-¡Qué mayor! Pues nada Gabriel, encantado. Ahora me tengo que…-

-¿Y tú?-Interrumpe Gabriel.

-¿Cómo me llamo? yo me llamo Gerardo.-

-¿Y cuantos tienes?-Pregunta Gabriel. Gerardo sonríe.

-Muchos, más de estos.-Dice gerardo extendiendo los diez dedos.- Y ahora...-

-Ese de ahí es mi hermano, se llama Suso.- Interrumpe Gabriel señalando a uno de los niños que seguían atemorizando la máquina de caramelos.-

-Parece...majo. Es mayor que tú, ¿no?-

-Sí, tiene estos.- Responde Gabriel extendiendo cinco dedos en una mano y aparatosamente otros dos en la que sujetaba el polo que parecía ya un muñón.-

-Muy bien, majo, venga, que tu madre…-

-Y esa de ahí es mi mamá.- Interrumpe Gabriel señalando a una mujer de unos cuarenta sentada a una mesa, mirando ensimismada la carretera a través del cristal de sus gafas de sol y de la ventana del restaurante. ante ella tres platos vacíos y un café humeando.

-Ah, ¿si?.-Dice Gabriel observándola detenidamente.-¿Y papá?- Pregunta Gerardo a lo que el niño contesta levantando fugazmente los hombros sin cambiar el gesto.

-Ya.-

-¿Te gusta?- Pregunta Gabriel

-¿Cómo?-Pregunta Gerardo confundido.

-¿Te gusta mi mamá?-

-Hombre, la verdad es que no está nada mal tu mami, no.- Dice Gerardo casi para sí.

-"La verdad es que no está mal tu mami, no"-Repite Jesús con una sonrisa , imitando el tono de Gerardo y meneando la cintura de un lado al otro-se llama Elena y tiene estos.- Gabriel empieza a extender rápidamente los cinco dedos una y otra vez hasta bien pasados lo que contando en años serían setenta.

-Que salao eres.-

-"Que salao eres".-Responde Gabriel automáticamente sonriendo.

-Está triste, cuando viene al cole, en la cena, en el zoo, en el castillo de colchonetas, con su amiga Loli...-Explica Gabriel con un aire serio. Le da una chupada al polo.

-¿Y por qué está triste?-Pregunta Gerardo volviendo la mirada hacia la madre de Gabriel. Jesús vuelve a contestar levantando los hombros y las cejas -no sé.-Continua-porque llora todo el rato.-

-Ya, bueno, ya vendrán tiempos mejores, no te preocupes. ¿Os vais a la playa?-

-Sí, a casa de la tita Gertru, con el primo Luis y con la prima Marta.-

Gabriel se queda callado unos segundos antes de volver a hablar.

-¿Y yo te gusto?-Pregunta Gabriel con un gesto serio.

-Claro. Claro que me gustas, eres un tío majo.-Dice Gerardo alborotándole el pelo con la mano.

-¿Y Suso?-Gerardo vuelve la mirada al niño del polo verde, que ahora patea el expositor de discos.

-Sí, Suso también me gusta.-

-¿Y mi mamá?-Pregunta Gabriel.

-También me gusta tu mamá.-Responde Gerardo mirando fijamente al niño mientras nota algo cálido pasarle por el estómago.

-¿Y nos llevas en el camión?- Pregunta Gabriel emocionado dando un pequeño brinco. Gerardo le sonríe amargamente, mira a su madre, que sigue mirando la carretera sin tocar el café, luego vuelve a mirar a Gabriel.

-¿Tú...te vendrías conmigo?-Pregunta Gerardo bajando la voz. Gabriel contesta moviendo la cabeza arriba y abajo.-¿por qué?-continúa Gerardo.

-Porque tú me gustas.- Responde Gabriel. La cara de Gerardo adopta una expresión extraña. finalmente habla. 

 -Ojalá pudiera llevarte conmigo, Gabriel.-

 

servido por Gonzalo Darko 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

lughnasad

lughnasad dijo

Dos paralelas que se cruzan en un bar de carretera... la soledad del camionero y la de Gabriel y su familia, soledades que ambos intentan enjugar cada cual a su manera. El primero asomándose a la ventana del televisor para ver pasar la vida, la vida de los otros, el segundo de forma mucho más directa, intentando subirse a ella de la misma manera que intenta subirse al camión: abordando directamente a las personas.

Suerte con la publicación de ese libro, y si he de juzgar por este capítulo te aconsejaría que te animases con la continuación. El diálogo entre el camionero y el niño ha sido encantador...

Besos.

18 Diciembre 2009 | 10:26 AM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Me ha encantado tu comentario, y denota una lectura muy atenta, te lo agradezco. La continuación está en marcha, ya tengo varios relatos escritos. Ire posteando noticias sobre la publicación según tenga noticias. Beso.

18 Diciembre 2009 | 10:43 AM

lughnasad

lughnasad dijo

Tu texto merecía una lectura atenta, Gonzalo, decía mucho más de lo que mostraba la trama argumental. El personaje del niño estaba bordado, con esa mezcla de ingenuidad y picardía más ingenua aún con que habla y se conduce... Era fácil estar atenta a la lectura.

No dejes de tenernos informado sobre la publicación...

Besos.

18 Diciembre 2009 | 12:48 PM

123

123 dijo

que estupendo relato, Gonzalo, ya los echaba de menos. la figura del niño es estremecedora.
un besazo

19 Diciembre 2009 | 10:09 PM

Juanjonusky

Juanjonusky dijo

¿No has incluido éste? ¡Era de mis favoritos!

(aunque supongo que lo has modificado, porque echo de menos en él cosas que recordaba haber leído hace tiempo)

Abrazuskys!

20 Diciembre 2009 | 11:11 PM

crazymary

crazymary dijo

Me encantó y me sigue encantando. Es tierno y duro a la vez...y toca sentimientos...TE preguntaría lo mismo que Juanjonusky, ¿no está incluído??, pero no te lo pregunto...Enhorabuena, porque seguro que te lo publican.
:-)
Muchos besos

22 Diciembre 2009 | 11:55 AM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Juanjonuski: Sí, este relato lo tuve que reescribir porque se traspapeló de alguna manera, por eso no es exacto al anterior.

Crazy: jeje, gracias maja, a ver si es verdad, el trabajo lo estoy poniendo.

22 Diciembre 2009 | 05:35 PM

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