Narcisismo patológico
Una de las cosas buenas de mi trabajo es que me "agobian" con cursos de formación que a veces son una patata y a veces están de lo más interesantes. El otro día tuve uno sobre "trastornos de la personalidad" (una de mis grandes pasiones es la psicología) y entre otras cosas hablamos del narcisismo patológico, la dependencia emocional y lo que comúnmente se viene llamando el "vampirismo energético", temas sobre los que vengo interesándome desde hace ya unos años, y sobre el que creo que todo el mundo debería estar más informado.
He ido haciendo un corta-pega de los lugares donde mejor expuestos tienen el tema (revista emergencias, la página narcisismo y extractos de wikipedia). Siempre con una motivación de divulgar y que sea de utilidad al que lo lea.
Rasgos del Narcisismo patológico:
-Tiene un sentido grandioso de su propia importancia
-Le absorben fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza, o amor ideal
-Se considera especial y único, y sólo puede ser comprendido, y sólo debería asociarse con otras personas especiales o de alto estatus personal o institucional.
-Requiere excesiva admiración (Es un síntoma que denota una baja autoestima y una gran preocupación por hacer bien el trabajo y por cómo son vistos por los demás).
-Tiene un gran sentido de sus propios derechos. Piensa que se le debe todo. Tiene un sentido de "categoría" con irrazonables expectativas de un trato especialmente favorable o de una aceptación automática de sus deseos.
-En sus relaciones interpersonales es explotador. Se aprovecha de los demás para conseguir sus propios fines (esperan que se les dé todo lo que deseen, sin importar lo que ello suponga para los demás, y pueden asumir que los demás están totalmente interesados en su bienestar).
-Carece de empatía y es reacio a reconocer o identificar las necesidades y sentimientos de los demás.
-Es frecuentemente envidioso de los demás o cree que los demás le tienen envidia (pueden llegar a devaluar a personas que hayan recibido una felicitación al pensar que ellos son más merecedores de la misma).
-Muestra actitudes y comportamientos arrogantes y altivos o prepotentes.
Intentando establecer paralelos (modelo - manifestación), hay que mencionar el hacinamiento de los mediadores sociales (mass - media, instituciones), el cual ha infiltrado los hogares llenando huecos familiares y brindando modelos identificatorios.
Hay una franca pérdida de solidaridad, y un aumento del pragmatismo, superficialidad y banalidad. Saturación con aplastamiento del deseo, utilitarismo en la relación con el otro, fetiches varios, relaciones intensas y fugaces sin consistencia emocional. Vaciamiento de la palabra, la fantasía y la simbolización; adherencia del sufrimiento al cuerpo con el consiguiente compromiso somático. Aislamiento y aglomeración en los diversos lugares públicos. Manifestación de rasgos paranoides por los cuales se percibe la alteridad a través de una proyección satanizada de las propias carencias y limitaciones; proyección que se compensa con la idealización del propio mundo. Necesidad de vínculos profundos e imposibilidad de los mismos. Aparición de mecanismos renegatorios del peligro y negación de la impotencia en el hacer compulsivo sobre sí.
Las temáticas del malestar suelan versar sobre:
- dificultades relacionales (en especial de pareja), sentimientos de vacío, de fracaso, de soledad e indiferencia.
- violencia cotidiana, exclusión social, insatisfacción y descuido del cuerpo (anorexia - bulimia, adicciones).
- manifestaciones somáticas sin sostén en la fantasía, dificultades en la simbolización y en la reflexión.
- predominio de conflictos actuales en la realidad y por ende, empobrecimiento de la asociación con los referentes temporales, estagnación en el presente.
Tal vez se trate del levantamiento de murallas narcisísticas frente a los embates de una realidad insoportable.
Resulta desconcertador para muchos el hecho de que el narcisista suele exhibir una aparente autoestima formidable, y socialmente aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta.
En realidad con ello el narcisista está camuflando su vacío interno, su carencia real de autoestima. En la infancia temprana de estos individuos se encuentra a menudo una actitud indiferente o minusvaloradora por parte de sus progenitores, lo cual les deja una inseguridad que tratan de compensar por medio de una autoevaluación exagerada, irreal e inflada, (Baumeister, 1996). Algunos clínicos explican la personalidad narcisista sobre la base de una carencia emocional temprana producida por una madre emocionalmente fría o indiferente, o con una agresividad encubierta hacia su hijo, (Piñuel, 2007). La consecuencia es que los narcisistas necesitan mirarse continuamente en el espejo de los demás para saber quiénes son, y al descubrir una pésima imagen de ellos mismos se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla.
Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico. Las personas inteligentes, sanas, que se percatan de la artimaña, o que simplemente son más valiosas o agraciadas que ellas se convierten entonces para el narcisista en una amenaza para esa imagen artificial con la que el narcisista sustenta su autoestima, por lo que su comportamiento con ellos es manipulativo, y cuando la manipulación no surte efecto, maltratador.
Los sujetos narcisistas poseen una autoestima muy vulnerable, siendo por esto muy sensible al "ultraje" de la crítica o la frustración; en relación con esto, las críticas pueden llegar a obsesionarles y hacer que se sientan hundidos y vacíos. Otro síntoma es el deterioro de sus relaciones sociales como consecuencia de su pretenciosidad y necesidad constante de admiración. Otro síntoma es la incapacidad para arriesgar nada por la posibilidad de frustración que ello conlleva.
En el ámbito social los narcisitas naufragan. Las demás personas sólo cuentan para ellos como posible fuente de gratificación, devolviéndoles la imagen de sí mismos cuya carencia les atormenta y que anhelan insaciablemente. Por ello suelen elegir profesiones que les proporcionen notoriedad social, reconocimiento o incluso fama.
La personalidad narcisista se caracteriza por un patrón grandioso de vida, este se expresa en fantasías o modos de conducta que incapacitan al individuo para ver al otro. Su visión de las cosas es el patrón al cual el mundo debe someterse. Para los narcisistas el mundo se guía y debe obedecer a sus propios puntos de vista, los cuales considera irrebatibles, infalibles, auto-generados.
Las cosas más obvias y corrientes, si se le ocurren a él o ella, deben ser vistas con admiración y se emborracha en la expresión de las mismas. Hay en el Narcisista una inagotable sed de admiración y adulación. Esta necesidad lo incapacita para poder reflexionar tranquilamente y valorar serenamente la realidad. Vive más preocupado por su actuación, en cuanto al efecto teatral y reconocimiento externo de sus acciones, que en la eficacia real y utilidad de las mismas. En resumen, las personas narcisistas, aún cuando pueden poseer una aguda inteligencia, esta se haya obnubilada por esa visión grandiosa de sí mismo y por su hambre de reconocimiento. Llama la atención, entonces, cómo muchas personas pudiendo ser exitosas, productivas y creativas, someten su vida a aduladoras mediocridades.
Cuando los narcisistas ejercen posiciones de poder, se rodean de personas, que por su propia condición, son inferiores a él o ella, y de otros, que le harán la corte solo en función de un interés mezquino. Ellas, drogadas por su discurso auto-dirigido, no son capaces de reflexionar y escuchar lo que el mundo externo les grita.
En la otra cara de la moneda, la personalidad narcisista es, en sí misma, una forma de supervivencia. Hemos visto en el mito como Narciso es el producto de una acción terrible. La personalidad narcisista nace de una violencia, de un terrible trauma, de una herida inferida al individuo en sus primeras etapas del desarrollo o antes, cuando la herida es la madre y ella trasmite al hijo su resentimiento, su dolor, su rabia y su temor. Se refugia, el traumatizado, en su propia imagen de grandiosidad, ello le permite elevar su maltrecha auto-estima y sentirse un poco mejor consigo mismo. Su hambre insaciable de reconocimiento se asila en la admiración y la adulación de quienes lo circundan.
El narcisista es una persona que puede ser muy exitoso, en cuanto al brillo externo se refiere. Él no se plantea dudas en cuanto a la realidad de sus ideas, sean estas brillantes o no. Así vemos como personas con una inteligencia mediocre y una cultura pobre, escalan posiciones sorprendentes, para ellos el recapacitar no existe. Aún las más insulsas ideas son expresadas con un espíritu mesiánico, se enamoran de las ideas de otros y las hacen propias sin la más mínima consideración moral ni ética. Estos últimos logran capitalizar a una horda de Narcisistas depresivos que creen, ingenuamente, en la verdad expresada por el pseudo-maestro. Ellos lo seguirán fielmente, no importa cuán errado esté:
Extrapolando el término y refiriéndolo a lo social, nos hallamos frente a una paradoja. Si el Narcisismo supone la aparición de una nueva instancia psíquica (el Yo) y si remite a la imagen integrada del cuerpo en el espejo, en realidad, el resultado de este Narcisismo Social, lejos de integrar despedaza, fragmenta. Cada miembro busca su propia integración no a través sino a expensas del otro.
El malestar en la cultura viene teñido por las variables epocales. El sujeto actual se caracteriza por evitar toda ocasión de sufrimiento o frustración y especialmente por negar al otro. El papel del otro resulta esencial en la estructuración y evolución del psiquismo. La subjetividad resulta del otro a través de la alienación constitutiva. Lo que proviene del otro lleva al lazo social. Se incluye en Eros, cuya función es ligar al individuo con sus objetos. Por el contrario, lo atribuible a Tánatos, al Narcisismo, lleva a la fusión con los objetos del pasado, al desligamiento y al aislamiento. El actor o sujeto histórico actual es individual a través del éxito socioeconómico, empeñado en mejorar el propio rendimiento y el aspecto para una vida social afectiva y profesional exitosa, lo cual se vehiculiza a través de diversas técnicas.
Hay una especie de caída en desuso de la interioridad, lo cual conlleva en la búsqueda de prótesis compensatorias para una subjetividad cercenada.
El narcisista actual es sufriente pero no culpable, con el sufrimiento invadiendo el cuerpo, sin identidad en un espacio - tiempo fragmentados y acelerados, con franco predominio de las categorías espaciales por sobre las temporales(velocidad, superficie y espacio). Un espacio para el que no bastaría el tiempo humano. Insuficiencia temporal que constituye un reto desmesurado, una amenaza omnipresente. Si bien el triunfo sobre aquella amenaza constituye un viejo sueño humano, es a la vez y paradójicamente la peor de las pesadillas. El sueño milenario del hombre parece ser homologarse a Dios y su pesadilla en el sujeto actual es tener que simular que ha cumplido este deseo, pues entonces comprende la deplorable situación de tal Dios sumido en la soledad y el miedo.
El trayecto del superhombre actual que calma sus angustias con pastillas o con pantallas, entre otros, se ve obstaculizado por síntomas somáticos varios, disfunciones sexuales y relacionales, sensaciones de vacío y artificialidad, evocando la imposibilidad psicótica de representar traumas indecibles.
Existe una franca correlación entre características culturales de época y las manifestaciones psicopatológicas.
Ambiciones desmesuradas de consumo y poder, ritmo de vida cada vez más rápido con progresivo alejamiento de las metas, hiperentrenamiento y cuidado del cuerpo, afirmación de los deseos individuales como absolutos.
Cambios sociales, sexuales, políticos, filosóficos, artísticos, educativos, institucionales..., supuesta caída de las ideologías aunque en realidad se ha constituido una nueva ideología basada en una imaginario compartido que podríamos llamar del bienestar o del hedonismo.
El imperativo categórico de época ha pasado a ser: "se exitoso", para lo cual existen en exhibición multitud de modelos convertidos en ídolos que propician los sueños narcisistas de celebridad y riqueza. La meta es la realización inmediata del deseo.
Los mass media nos transmiten la cultura del bienestar a través de los principios higiénico dietéticos y básicamente estéticos.
Luchar denodadamente contra los signos del paso del tiempo para asegurarse una eterna juventud que permita entrar en competencia por el éxito bajo el riesgo de no "pertenecer".
La cultura, a favor de los determinantes indivuales, inviste ciertos atributos, en especial con libido narcisista. Este atributo o cualidad parcial, pasa a representar al Yo, quedando fragilizado para los futuros embates.
No es muy común que estos aspectos narcisizados sean la dignidad o la ética.
Es más común que la amenaza a la propiedad sea como una amenaza a la vida.
En los últimos tiempos, la asociación tecnología - medios de comunicación ha producido un nuevo fenómeno de masificación pero en reductos individuales. La T.V. conlleva una tendencia masificadora pero a la vez favorece la fragmentación.
En la medida que se sostenga el gran muro que separa el mundo del bienestar del mundo exiliado de los que están afuera y mientras el desarrollo tecnológico y científico no estén encauzados por una ética, continuará la situación de riesgo inminente y el hombre deberá decidir sobre su destino.
Para restaurar la herida, de un individuo con trastorno narcisista tendrá que explorar sus miedos primarios, llenos de angustia, odio, desconfianza, vergüenza, confusión, etc... Hasta que no consiga atravesarlos , difícilmente conseguirá recuperar el amor hacia sí mismo. Transformando la autoagresión y autoinvalidación en ternura, confianza y aprecio hacia su yo-corporal. Este puede ser el camino para recuperar la humanidad y la dignidad. Y desde esta conquista ser capaz de dar y recibir amor con libertad y autenticidad.
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123 dijo
coño, mi jefe!! jajaja
besos...
8 Diciembre 2009 | 06:17 PM