Labios rojos

Había cruzado medio local con la esperanza de hacerme con una bebida, pero el local estaba tan petado que no podía ni moverme, la gente me rodeaba bailando y como no podía ni avanzar ni retroceder me quedé esperando a que terminara la canción, la gente bailaba frenéticamente a mi alrededor. Me quedé observando el juego de luces del techo, tres luces estroboscópicas y una serie de haces de laser verde que eran visibles como tubos cruzando la humareda del local mientras pasaban entre los brazos y las cabezas de la gente, me recordó a una imagen de una película que había visto.
Hacía mucho calor y notaba sudor en mi frente, me pasé el brazo y cuando volví a ver, tenía delante a alguien que no estaba allí hacía unos segundos, bailando a escasos centímetros de mí, a veces a ningún centímetro de mí.
Quizá lo estaba malinterpretando con mi mentalidad de tío que ya me conocía muy bien, quizá estuviera imaginativo y valiente a la vez, pero ni el sudor ni la escasez de espacio justificaban aquel movimiento ni su proximidad, y mi mente ya avanzaba posiciones hacia lo improbable mientras iba centrando mi atención en ella.
No podía verle la cara, estaba de espaldas a mí y sólo veía su cabello rojo, sus hombros pálidos y su vestido blanco con tirantes. Estaba demasiado oscuro y el ruído era ensordecedor, podía sentir su espalda y su trasero pegados a mí, moviéndose al ritmo de la música.
Había aparecido de ninguna parte, no era nadie, pero estaba allí, y yo también. Pegó su cuerpo al mío y buscó mi mano para ir a ponerla en su cintura. Me quedé clavado, pero reaccioné por instinto, puse mi otra manos en su cintura, y cuando vi que no sólo no se apartaba sino que alzó un brazo para ir a posar su mano izquierda tras mi cabeza para agarrarme del pelo, supe que aquello estaba pasando de verdad.
Olía a sudor y algo parecido a cerezas, subí la mano de la cadera poco a poco hasta sus tetas mientras la otra ya estaba debajo de su falda agarrandole el muslo con fuerza y subiendo mientras le mordía el cuello pálido y sudoroso. Había cientos de personas a nuestro alrededor formando las paredes de nuestro pequeño espacio, nadie nos miraba, cuando mi mano llego a su destino al final del muslo froté lentamente pero con fuerza arriba y abajo por encima de su bragas, las aparté a un lado y deslicé mi mano hasta encontrarme humedad sobre repliegues de suave piel. Introducir dos dedos en su vagina muy lentamente y comencé a mover los dentro como una tijera, lento e intenso al principio y luego a lo bestia amedida que me excitaba más y más. Echó la cabeza atrás y esta vez pude oir un gemido al quedar su boca cerca de mi oreja.
No podía verle la cara, el pelo le caía tapándole los ojos y cuando miraba hacia arriba tan solo veía sus labios pintados de rojo y sus dientes blancos asomando de su boca semi abierta. Aceleré el ritmo de mis dedos tan excitado que de la fuerza con la que la estaba sujetando la levanté del suelo mientras seguía frotándole el coño. Depronto se tensó y curvó la espalda hacia atrás en un estertor violento mientras posaba su cabeza en mi hombro y me mordía el cuello en éxtasis. Noté como un hilillo de humedad bajaba por su pierna, luego se relajó y el aire volvió a sus pulmones con fuerza, mientras una explosión de energía abandonaba su cuerpo.
Cuando la posé en el suelo se colocó la falda mientras se giraba hacia mí , me miraba con la boca semi abierta, tratando de recuperar el aliento. Se lamió un hilillo de saliva que le salía de la comisura del labio. Su pelo rojo seguí tapándole la cara, dejando entrever tan solo su nariz, su boca y su barbilla. Empapada en sudor, me besó y sus labios sabían como una ostra fresca y salada, su lengua se movía frenéticamente dentro de mi boca dando vueltas alrededor de la mía, alrededor todo era frenético. Con los ojos cerrados aparté con cuidado su pelo pasando un dedo de uno a otro lado de su frente. Abrí los ojos para verla...pero ya no estaba allí.
Fue un segundo, ni me di cuenta, camuflada por el juego de luces se deslizó entre la gente y desapareció. Me quedé quieto, allí, en mitad de aquel océano de personajes anónimos, mirando a todos lados buscando su vestido blanco y aquel cabello rojo, pero no vi nada en aquel caos, de nuevo sólo formas sin vida, bailando.
Nunca la volví a ver...que yo sepa. Pero la fuerza de aquellos minutos fueron los que me enseñaron a reconocer el olor del deseo de una vez y para siempre, joder, nunca me volví a equivocar.
Actualización: Una blogera ha tenido a bien hacer un post relatando esta historia desde el punto de vista de la chica, me ha parecido un bonito detalle y la enlazo para que esté a disposición de todos (Gracias Esther):



























ciudadanakeing dijo
Flipasssss, Gonzalo. Ha dado la casualidad de que he leído tu relato mientras en otra ventana escuchaba la música de mi blog, "Thrill is Gone" sobre todo en los duelos de guitarra. Le va la música al relato que alucinas. Claro que para mi blues y erotismo pueden ser una mezcla explosiva.
Muy bueno el relato, me ha encantado. De las cosas mejor escritas y descritas que tienes amigo.
Me ha encantado esta frase: "Me quedé quieto, allí, en mitad de aquel océano de personajes anónimos"
26 Marzo 2009 | 12:08 PM