Relaciones y otras alquimias peligrosas.

Como persona medianamente observadora me he ido dado cuenta de que las fuerzas que sostienen una relación no son las mismas en todos los casos, hay multitud de formas que pueden adoptar y algunas de ellas pasar más desapercibidas que otras, pero definitivamente la interacción entre dos personas puede adoptar muchas formas y significancias.
Si el punto de partida es pensar que todas funcionan igual, podríamos decir que una relación se limita a dos personas que se encuentran, comparten un afecto y hacen lo mejor mantener esa relación en el tiempo, (lo mejor para la otra persona y para uno mismo se entiende), con el objetivo de ser feliz.. Pero esto (como todo el mundo sabe) no es siempre "exactamente" así siempre.
Hay multitud de relaciones en las que el denominador común no es el afecto sino la dependencia, la necesidad de que alguien dirija la vida de uno. Hay relaciones en las que el denominador común es la competición y la tocada de cojones, he visto relaciones en las que hay una pujna entre él y ella, continua y agresiva, pero ojo, ¡no digo que no funcionen necesariamente! aunque pueda resultar agotador para los espectadores casuales, a estas parejas me las imagino en la cama "¡No! yo te follo a tí, tú a mí no!" "¡NOOO! yo te follo a tí!!!", (que no diré yo que conozco peores discusiones que esa).
Pero vamos, lo que quiero decir es que las relaciones (como imagino que todo el mundo sabe) no son una sola cosa, no es solo (por más que me cueste entenderlo) "yo te quiero, tú me quieres, vamos a ser felices", osea, sí, el objetivo siempre es ser felices, el problema es que la idea de felicidad y lo que cada uno necesita para sentirse bien es jodidamente distinto según el caso, a veces luminoso y sencillo, a veces más oscuro y retorcidillo.
Hay relaciones confusas en las que un mero deseo sexual se confunde con afecto (muy muy habitual), donde mientras el sexo sale sólo y maravillosamente, un beso, una frase concreta suenan sobreactuadas y fuera de lugar. Las hay enfermizas en las que personas completamente opuestas que jamás deberían estar juntas resulta que por miedo, por necesidad, por falta de visión, por falta de madurez emocional o por falta de opciones se ven obligados a convivir. Hay relaciones que continuan arrastrándose mortecinamente a pesar de estar muertas hace mucho tiempo y sin que ninguno de los dos lo sepa. Inesperadas, extraterrestres, entre seres de edades dispares, nacionalidades, color de piel, costumbres, círculos.
Hay relaciones basadas en la compatibilidad más que en el parecido, relaciones entre seres opuestos, que sencillamente se filtran como dos componentes de color distinto pero que juntos dan la fórmula explosiva, nutriéndose mutuamente con esas diferencias. Románticas, en las que el motor viene de una auténtica emoción inexplicable fruto de la capacidad de ver e imaginar la magia en la otra persona. También hay relaciones meramente animales, donde el macho y la hembre acaban juntos por una mera cuestión de coincidencia sin que medie ninguna ensoñación que vaya más allá de imaginar sexo con la otra persona.
Las hay en las que cada uno tiene un nivel terriblemente diferente de atracción por el otro, en las que extraen del otro cosas completamente distintas que les enriquecen y les transforma. Parecidas son las relaciones basadas en una confianza y una amistad incuestionable donde la comunicación se da a un nivel envidiable.
Hay relaciones fuertes que se rompen por los cambios y los caminos divergentes que produce el tiempo y las disyuntivas en la vida de las personas. También relaciones nacidas de la necesidad de olvidar experiencias pasadas. Relaciones de una potencia tremenda y muy poca efusividad, donde el código es el silencio y la fuerza de los detalles. Relaciones únicas y fundamentales que marcan para el resto de la vida y hacen que todo lo posterior se contraste con ellas. Relaciones en las que uno se enamora de una parte de la otra persona y sólo esa parte. Relaciones de conveniencia, por dinero, por status, por llegar a un lugar y que la gente se gire a verte cuando entras en un local. Relaciones agresivas y violentas, basadas en el conflicto, las discusiones y en los ataques personales.
Hay personas para las cuales el sexo opuesto son meras galletitas de autoafirmación, trofeos que una vez conseguidos van dejando de tener importancia y se ven obligados a seguir en esa cadena de reciclaje para seguir sintiéndose agusto con ellos mismos, que miran con deseo a las novias/os de los amigos porque ven en ellas una oportunidad de marcarse un tanto doble.
Relaciones de una persona agarrada a un recuerdo, incapaz de cortar los lazos que le unen a esa persona que ya no está ni presente en su vida, tan sólo en fotos y recuerdos que revisita una y otra vez en una triste espiral de nada mezclado con agonía y toneladas de amor en bruto que no termina por gastarse.
Relaciones con fecha de caducidad concreta, donde el tiempo y la urgencia son las que marcan el ritmo y la intensidad.
Hay relaciónes cimentadas sobre un momento poderoso compartido por ambas personas, en el que quedan muy fuertemente unidas incluso después de superada esa situación concreta. Las hay que dejan la mayor parte de su tiempo suspendidas sobre letras escritas en cartas o en mails, relaciones voladoras que a modo de metadona amodorran la agonía de no tener físicamente a la persona presente.
He visto personas que son incapaces de vivir sin estar con alguien, que huyen de la soledad y de ellas mismas y que saltan de relación en relación evitando los huecos de horrible vacío entre ellas, vacío de tardes grises en casa sin tener a quien llamar y quien les llame mientras las sombras del mundo se las traga sin que nadie venga a impedirlo. Hay gente que tiene relación con quien pueden, no con quien quieren, y se tiran años y años confundiendo rutina, costumbre, trabajo y sacrificio con amor, cuando en el fondo lo que opera es el miedo y la incapacidad de saltar el abismo de la soledad.
Relaciones que se mantienen entre dos personas "condenadas" a estar conectadas y sintonizadas la una con la otra, una fuerza terrible hecha de la misma materia que las estrellas, que gravita incluso por encima de las relaciones puntuales de cada uno.
Aquellas que se mantienen porque uno de los dos o los dos se sienten culpables por el daño que le producirían a la otra persona, relaciones que envejecen y se convierten en un tono agudísimo, tan leve que apenas es perceptible. Y relaciones donde la lástima y el instinto de protección son el suelo que se pisa.
He visto gente que utilizan los círculos íntimos (amistad, relaciones) para hacer el mayor daño posible a su alrededor en venganza por heridas internas mal curadas, gritos contenidos y amor postergado. Niños que ven a mamá en su novia y que guardan su voluntad en sus calzoncillos ante el terror de su dueña y una promesa de teta, y novias que ven a papá en su novio, el gigante fuerte que detiene mareas con el meñique, que cura las heridas del mundo de su niña con una caricia y que tiene la potestad para ordenarle al mundo que todo esté bien.
Hay algunos incapaces de la más mínima implicación emocional, completamente físicos y quien sabe si vacíos o lejanos. Gente fría, incapaces o temerosos a mostrarse vulnerables, a las que todo les pasa por dentro y fuera apenas hacen sospechar a la otra persona nada de lo que les ocurre.
Hay relaciones que se van a la mierda porque las dos personas, ya curtidas en decepciones, llegan con escudos muy potentes que ninguno llega a romper, sin chispa con la que encender la cerilla, sin diesel en el avión que no llega a despegar.
Relaciones como zapatillas de casa, cálidas, cómodas, conocidas, deliciosamente predecibles.
Premios de consolación, últimos trenes que pasaban, relaciones basadas en palabras, matrimonio, vejez, niños, soledad. Relaciones unidas por niños, por bienes, por recuerdos compartidos de tiempos mejores.
Relaciones definitivas donde las dos personas adecuadas tienen la suerte de hacer coincidir todas sus aristas en la otra, juntas y felices para siempre.
Quizá somos todos estos casos en mayor o menor medida durante la vida, a veces somos victimas, a veces ejecutores, todo ello en un cubo de rubbik sin clave definitiva que se basa en el movimiento y en la ideodicrasia de las personas. Definitivamente lo mejor y más complicado que tienen las relaciones es la forma en la que te cambia verte percibido por los demás y por tí mismo de muy intensas y distintas maneras.
Como todos somos niños chupis lo queremos todo, pero no, no puede ser, en contra de la creencia popular, las relaciones no son el lugar al que uno llega para sacar solo felicidad, eso es un cuento chino, se sufre, se pasa mal, se frustra uno, las relaciones son el sitio donde ocurren cosas importantes, fuertes.
Personalmente más que valorar relaciones valoro momentos y definitivamente el disparador siempre es esa sensación tan característica en el estómago, y el resto...es vodevil.






























latumbasinnombre dijo
¡¿Basamentada?!... Basada o fundamentada, pero no te inventes palabras...
Por lo demás, completamente de acuerdo: cada relación es un mundo.
22 Febrero 2009 | 02:26 PM