La Coctelera

Gonzalo Navas

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11 Febrero 2009

Fotódromo: Madrid por momentos (V parte)

Los bocadillos de chorizo con mantequilla, los gritos de los niños jugando al fútbol, el olor a fregasuelos de los portales, el ruído del transistor del señor mayor, las señoras mirando por las ventanas, el olor a tortilla de patatas y croquetas por la calle, los tendederos con ropa interior colgando, las ventanas iluminadas de verde por el césped del campo de fútbol en las pantallas del televisor. Pura realidad urbana de las seis de la tarde.

Subiendo por el paseo de Extremadura encontré este establecimiento situado entre un asador de pollos y una tienda de electrodomésticos. Me quedé atónito por la sordidez y lo desolado del sitio. El señor parecía dormido, todo parecía haber sido congelado hacía cincuenta años y descongelado esa misma tarde. Intenté meter aquella tienda en una categoría, pero no pude, más que una tienda parecía la habitación abandonada de la casa del pueblo.

Como se puede ver las estanterías están casi vacías y llenas de polvo, a la venta tan sólo hay una serie de platitos de cerámica, algunas vasijas y piezas de té, tres candelabros mugrientos y una miscelanea de velas de iglesia y figuritas de barro pintado en la estantería situada tras el mostrador.

Me marché de allí asustado ante la posibilidad de chocarme con cualquiera de los clientes habituales de tan gótico lugar. La desolación. el horroooor.

Lucecitas, eso es lo que me gusta. Subiendo de Ópera a Calle Mayor está este café donde me tomé algo con unos amigos un día bastante jodido que tuve a finales de este verano. Las cafeterías están hechas para que la gente suelte el runrún, dentro de 500 años las psicofonías van a ser de la leche en verso. Café Madrid, y punto.

Iba bajando la calle que da a la glorieta de Atocha escuchando el "Ommadawn" de Mike Oldfield cuando noto a un ser que me mira a través de un cristal. Allí estaba este caballerete con el que mantuve un diálogo:

-Eh, oiga, señor.

-Sí, dígame.

-Llévema a su casa.

-No me diga que haga eso, por favor, tengamos la fiesta en paz. Siempre me haces lo mismo.

-¿Señor?

-Sí, dime, lindo cachorro de labrador.

-Lléveme a casa, ¿no?, un poquito.

-Lo siento, no es buen momento, mi perro murió hace unos años, estoy en fase de cura, no me gustaría tener la sensación de que le estoy sustituyendo contigo.

-Pero eso no tiene porqué ser así, soy un can con personalidad y potencial, seguro que soy muy diferente a su anterior perro, ¡deme una oportunidad!.

-Pero vamos a ver "mesieau", te llevo a casa y luego ¿qué?.

-Comida, mimos y esas cosas, ver "El Oso" de Jean Jacques Annaud y "Aliens" de James Cameron con el calorcito del calefactor y eso. Como poco.

-Pero te dejas por mencionar algo, ¿no?.

-No, señor, no me dejo nada, creo.

-La caca, no dices nada de la caca.

-No habrá caca si hay paseo. Ni pis.

-¡Ahá!, a eso quería llegar. Si te llevo a casa tiene que haber paseo, paseo todos los días, y hace frío, un frío de cojones, mi pequeño can.

-Pero cuando hay cariño esas cosas se hacen sin preocuparse, sale sólo, incluso se celebra.

-Pues por eso no quiero llevarte a casa, de hecho no quiero ni seguir hablando contigo.

-Como quiera señor...seguro que viene alguien más...

-Pues claro que sí, no te preocupes, no es mi momento, eso es todo, y tú te mereces más.

-No pasa nada señor, vendrán pronto por mí...oí al dueño decir que me quedan tan sólo dos semanas antes de ser demasiado grande como para que me compren.

-Y luego ¿qué hacen con vosotros?.

-Nos llevan a otro lugar.

-Ya, bueno, pero seguro que es un lugar mejor, ya lo verás.

-Sí, el lugar del sacrificio, todos queremos ir allí porque todos los que van están tan felices que no vuelven nunca...

-Eh, no uses esos trucos conmigo, por favor, sabes que funcionan.

-Lo siento mucho, señor, no quería molestarle.

-No, no, no, no...¡no pongas esa cara de miseria!, ¡basta!, no agaches las orejas, ¡quieto con las orejas!. ¡No hagas eso!, no pongas la cabeza entre las patas, ¡no ulules!, ¡no vale ulular!...maldita sea...

servido por Gonzalo Darko 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

el chache

el chache dijo

Lo mejor, la tiendecita siniestra y la conversacion con el perro.
Muy bueno.
Un saludete

11 Febrero 2009 | 03:27 AM

Miss Calamar

Miss Calamar dijo

¿Te lo llevaste????

Argh!!!

11 Febrero 2009 | 09:31 AM

latumbasinnombre

latumbasinnombre dijo

Pura realidad urbana , si señor...

Las tiendas de animales que tienen cachorritos en el escaparate tendrían que estar prohibidas... Ays.

11 Febrero 2009 | 12:19 PM

Angela Boj

Angela Boj dijo

Jajajajaaa...
¡Gon, eres un genio!
Si fuera cachorro también te haría lo de las orillas ;)

11 Febrero 2009 | 02:45 PM

Cata

Cata dijo

Oh!
di que si te lo llevaste!!!
:)

11 Febrero 2009 | 05:26 PM

The Devil Rules the World

The Devil Rules the World dijo

Malditos cachorros de labradores... todos hacen lo mismo...

12 Febrero 2009 | 02:42 PM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Miss Calamar: No me lo llevé, pero vamos a emprender un negocio de exportación de Zinc a Luxemburgo en breve.

César: Pues sí, sobretodo porque cualquier botarate puede acceder a un perro y luego pasa lo que pasa.

Ángela: Ey! que vi "Camino" y me pareció la hostia, y tú estás genial. Luego hablamos.

Cata: me lo llevé, pero no fisicamente.

Mario. Tú sabes de lo que hablo.

12 Febrero 2009 | 02:53 PM

Marilia

Marilia dijo

Me da lástima el hombre de la tienda, pero no creerá que encima va a vender algo... Y aun así me da lástima. Carita de entre pobrecito y aburrido.

Ah, pero Scotty habla? No se quedó afónico tras atragantarse con una bola de papel higiénico de ese que llevaba siempre en la boca?
A mí con las 2-3 primeras frases me hubiese convencido, soy demasiado tierna y fácil. Si es que no se puede tener tanto sentimiento, leches, que se aprovechan perrillos como éste...

Qué buenos los bocatas de chorizo con mantequilla, me recuerdan a mi niñez (así estaba yo de bien criada...)

Si las cafeterías hablasen...

Besillos mil

20 Febrero 2009 | 09:15 PM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

El hombre de la tienda flotaba por encima de la piedad, estaba como drogado o algo, miraba a un punto del suelo un poco más allá de sus zapatos mientras la pintura de las paredes se amarilleaba con el pasar de los años. Es realmente escalofriante. Si el señor hubiera querido realmente vender, joé, habría adoptado otra estrategia que fuera más allá de estar sentado vendiendo la nada.

¡El bocata de chorizo y mantequilla jamás se irá! aunque se nos ponga el culo como una hormigonera.

Besos.

21 Febrero 2009 | 01:22 PM

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