La Coctelera

Gonzalo Navas

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8 Enero 2009

Sueños...(Parte VI, final)

Recordando aquella noche me vienen recuerdos aleatorios, el olor a fregasuelos de las escaleras que subían al tercer piso, el sonido de la música escapándose por la puerta abierta del piso hacia el pasillo, pintarme los ojos y los labios en las escaleras antes de entrar.

Había unas treinta personas en casa de León, no conocía a nadie. Había dejado a Carmen en su casa y se había negado en redondo a que me quedara con ella. Me fui dejándole la dirección por si necesitaba estar con alguien y haciéndola prometer que no se quedaría a masticarse las miserias en casa.

Era un pisito pequeño pero acojedor de Tirso de Molina, dejé mi chaqueta sobre un montón de abrigos encima de una cama, como no me apetecía demasiado socializar me serví una copa y me dediqué a cotillear por la casa. No veía a León por ningún lado.

Las fotos estaban dispuestas en una pared del concurrido salón, había veintiocho fotos, dispuestas a lo largo en renglones que formaban un párrafo de líneas de 7 fotos de largo por 4 de alto.

Pronto me di cuenta de que aquellas fotos estaban bien, no técnicamente (no sabía tanto como para saber si lo estaban o cuánto lo estaban), era algo que tenía que ver con lo que aquellas imágenes me habían atrapado, cada una de aquellas decía cosas, era como si pudiera ponerme en el lugar de quien había tomado las fotos y saber exáctamente qué sentía y por qué tomaba la foto.

La primera que me llamó poderosamente la atención mostraba una plaza vacía rodeada por construcciones de piedra antigua, la luz del sol haciendo un triángulo perfecto entre la plaza y el torreón del edificio, casi se podía sentir el silencio de aquel lugar que parecía invitar a la paciencia, a respirar. Según el pie de foto era Milán, un jueves de hace dos años. Me pregunté divertida qué estaría haciendo yo en el mismísimo instante en el que fue tomada, y estaba segura de que esa tarde seguramente estaría protagonizada por la sensación de urgencia y de insatisfacción típicas de mis últimos años mientras, aquella plaza silenciosa dejaba pasar los minutos al son del viento.

En otra (también de Milán), en otra foto de tonos sepia se podía ver a un gato callejero encima de un cubo de basura en primer término lamiéndose una pata tranquilamente, detrás se extendía hacia el fondo un callejón estrecho por el que apenas debía caber dos personas de la mano con ventanas y cuerdas de tender que cruzaban de un lado al otro. Al fondo, donde terminaba el callejón, se podía ver una calle perpendicular por la que pasaba una multitud de personas de izquierda a derecha, completamente ajena a todo.

Una madre joven dándole distraidamente el biberón a su hijo sentada sobre una lápida de piedra gris con musgo de un parque de Edimburgo.

Un acantilado al atardecer que cae a plomo decenas de metros hasta el mar picado, Fuegos artificiales de color verde sobre un skyline de Dublín en un cielo gris oscuro. Una habitación de lo que parece un hotel, en penumbra, con una mochila sobre la cama y una tele apagada. Dos chicas rubias vestidas de noche con un falda que les deja las piernas al descubierto cruzando un paso de peatones de un Berlín completamente nevado.

Varsovia, un coche abandonado y oxidado completamente engullido por el musgo hasta el punto de hacerlo de un color indistingible del suelo que lo rodeaba y del tronco del árbol que tenía al lado, parecía que alguien había rociado la escena con un aerógrafo gigante vegetal.

Berlín, una foto en blanco y negro tomada desde la calle, dos pisos más arriba una señora rubia y corpulenta de no menos de sesenta años fuma tranquilamente un puro desnuda de cintura para arriba, las tetas caídas cayendo verticalmente como estalactitas mientras se apoya en la barandilla del balcón con la mirada perdida en el infinito.

La siguiente era un primer plano en blanco y negro de una chica rubia de rasgos perfectos con los ojos claros y una sonrisa angelical que dejaba entrever unos dientes perfectos, con la mirada perdida en algún punto fuera de la foto. Desee que alguien me hubiera hecho una foto tan bonita alguna vez. Me imaginé que la persona que estaba tomando la foto se vio obligado a tomar algo de aquella cara y de aquel momento para hacerlo eterno. Me imaginé ese momento, intenté imaginarme la conversación, la razón por la que la chica estaba riéndose de aquella manera tan cristalina, ¿le habrían hecho reir?, ¿le estaban haciendo cosquillas?, ¿estaba desnuda?, ¿estaba así de feliz porque se la habían follado a base de bien?. Sentí una creciente sensación de tristeza, aquella foto mostraba la magia de un momento y la mirada de alguien que era capaz de verla en una persona, en una momento.

La siguiente foto me hizo reir de pura chorrada, se podía ver a León ondeando una mini banderita de españa subido a caballo en la grupa de un León de bronce, la cara de capullo era impagable. También tomada en Londres se podía ver a una chica delicada, morena, embutida en un abrigo negro con un bufandón gris que sólo dejaba ver el rostro desde la barbilla para arriba, estaba llorando, hablaba por teléfono dentro de una típica cabina roja londinense empapelada de anuncios de contactos eróticos con fotos de tías en pelotas. Todo estaba tomado ariesgadamente cerca (o con un buen zoom), me pregunté con quién estaría hablando esa chica, ¿con su novio?, ¿con su jefe?, ¿la conocía León?.

Paisajes, objetos, personas.

En otra se podía ver a León de cuerpo entero, dormido sobre un banco de piedra, en un parque en el que hasta el aire parecía impregnado de verde, me pregunté quien habría hecho aquella foto.

-¿Te puedes creer que no tengo ni idea de quién me la hizo?.

Ni me había dado cuenta de que estaba a mi lado, mirándome con una copa en la mano.

-¿Ibas borracho y no lo recuerdas?. Le dije señalando el cuadro.

-Qué va, esto es una de las cosas más acojonantes que me ha pasado en la vida, verás, estaba destrozado después de patearme Edimburgo durante horas, me fui a comer una hamburguesa tranquilamente al parque del cementerio, que es ese que ves ahí. Cuando terminé me entró la modorra, me tumbé en ese banco que ves a descansar un poco y me quedé sopa.

-¿Pero...ibas solo?.

-Completamente solo, palabra.

-¿Pero entonces quien tomó esa foto?.

-¡Ni idea!, te juro que cuando me desperté mi cámara estaba entre mis manos tranquilamente. Me di cuenta de esta foto bastante tiempo después, cuando la revelé, imagínate el susto que me pegué.

-¿Pero qué dices?.

-Ya ves.

-Me parece imposible que pase eso en el mundo donde vivo, te pasa eso aquí y te levantas desnudo y sin un riñón.- Se rió.

-Quizá es que aún queda buena gente por ahí.

-Será eso.

Pasé a la siguiente foto alejándome prudentemente de la foto de la chica, por alguna extraña razón no quería saber quien era ni me sentía cómoda ante la idea de que me explicaran nada sobre aquella foto. Ahora tocaba una foto en la que un señor mayor con el pelo blanco en un bar tomándole las manos a una señora mayor vestida con vivos colores, aquello por alguna razón me era muy familiar.

-¿És quien creo que és?

-Sí, es él.

-Venga ya, ¿le conociste?

-Sí, la foto la tomé yo allí mismo.

-¿Fuiste a una sesión de las suyas?

-Sip.

-¿Y cómo fue?

-Ah...

Se estaba haciéndo el misterioso para ocultar que no tenía intención alguna de contármelo, seguramente fuera muy personal.

-¡Perdona!, imagino que es personal, no me hagas caso...

Puse mi mejor tono de chica-mete-patas-pero-buena-intención, sonrió, pero mi truco no coló, al final no me lo contó. El se sonrió maliciosamente, se había dado cuenta de mi sutil estratagema.

Y la última foto, muy intrigante, se veía lo que parecía ser la sirenita de Coppenhage rodeada de lo que parecían personas ardiendo, en primer término se veía desenfocado y apenas una mancha negra a alguien que observaba el espectáculo, alguien rubio.

-¿No quemarías a nadie para sacar la foto, no?.

-Hay que hacer sacrificios por el arte.

-Bueno, ¿qué es esto? ¿qué significa?.

-Pues imagino que significa que tienes que quemar las fases de tu vida para seguir adelante, hacer sacrificios.

-Uoh, qué profundo, ¿has ido al Nepal también o qué?.

-No, Asia me lo dejo para la crisis de los cuarenta.

-Dudo que Nepal sea suficiente para eso. ¿Y este de aquí?.

Dije señalando a la sombra que observaba la escena.

-Un amigo, la escena estaba hecha para él, psicomagia, ya sabes.

-Dios...

No entendía la imagen muy bien ni lo que pasaba en ella, pero la imagen de alguna forma transmitía algo que tenía que ver con una mujer ya que la sirenita estaba en el centro justo de la imagen.

En ese momento sonó el timbre de la puerta, León fue a abrir y unos segundos después se giró desde la puerta buscándome con la mirada, me acerqué curiosa y vi que Carmen estaba allí.

-¡Carmen!, sí señora, has venido, con dos cojones.

-Es que estaban echando una de Richard Gere que ya he visto-. Dijo fingiendo seguridad.

-Mira, este es León, mi compañero de curro y Willy Fog en sus ratos libres.

Por la cara de póker de Carmen y el sube y baja de sus ojos vi que sí, que opinaba que León, sí.

-¿Qué tal?.-Dijo León sonriente al ver que aquellos ojos verdes miraban pero no decían nada.

-Ahí andamos.

-Sírvete lo que quieras, estás en tu casa.-

León se perdió al fondo con unos amigos que le estaban haciendo señas desde la otra parte del salón.

-¿Cómo vas?.-

-Bien, todo controlado.- Ya estaba entrando en el modo Carmen-Terminator, me entraban ganas de abofetearla cuando se ponía así.

-¿Controlado?.-

-Sí, todo estupendamente.-Era mentira, tenía los ojos congestionados y sus ojos se movían erráticamente.

-¿Como puedo haberte dejado en casa después de una llorera así y que ahora estés perfecta?.-

-Por que no hay nada por lo que dramatizar, él no era la persona adecuada, no era lo que quería y tenía que terminar con todo antes de que pasara algo malo, es una cuestión de unos y ceros.-

-Ya Carmen, eso ya me lo has contado, pero me gustaría que me contaras qué ha hecho que pienses justo ahora que no era el adecuado, después de lo que...-

-Vamos a otro sitio a hablar de esto.- Me tomó del brazo bruscamente y me llevó fuera.

Nos dirigimos al balcón desde donde se abría un Madrid de tejados irregulares y luces hasta donde alcanzaba la vista, al fondo las cuatro torres y la torre Picasso. Carmen parecía alterada.

-Carmen, cuéntame qué ha pasado, por favor, desde el principio y tranquilamente.-

-Nada, joder, no ha pasado nada.- Dijo con un nudo en la garganta.

-¿Nada? ¡y una mierda!, mira, podría no insistirte en el tema pero no me da la gana, no me parece justo que yo te cuente lo más íntimo y sagrado de mi vida siempre y tú te ocultes en tu discurso de niñita perfecta incapaz de mostrarse vulnerable ante nadie, ni siquiera ante su mejor amiga. Me pone de mala hostia, que lo sepas.-

-¿Qué coño quieres que te diga? no todos somos tan buenos hablando de nosotros mismos y de nuestros enormes sentimientos el día entero, discúlpame.-

-Muy bonito...vete a la mierda.

-¿A la mierda?

-Sí, vete a la mierda porque con tal de no dar tu brazo a torcer y contar qué cojones te está pasando eres capaz de lo que sea, y me hace plantearme que tipo de amiga eres y si mereces ciertas cosas.-

Sabía que era más cómodo pasar y dejarla tranquila, pero me temo que no mucha gente la presionaba como lo hacía yo y creo que de alguna forma necesitaba que alguien lo hiciera, aunque tuviera que comer mierda. Carmen estaba bastante alterada, estaba cerca.

-¡Maldita sea!, ¿quieres dejarme en paz?, no necesito ayuda, sé cuidar de mí misma, lo he hecho siempre de puta madre y sola, y así lo voy a seguir haciendo.

-¡Sigue con ese rollo Terminator, a ver si te enteras que te lo estás diciendo a tí misma, yo te conozco y esa mierda no me la creo. ¡Habla joder!, ¿qué te ha pasado con él?, ¿qué ha pasado?, ¿te ha pegado?.

-No seas ridícula...

-Yo que sé, dímelo, ¿qué te ha pasado?, ¿no puedes decirlo y ya está?.

-¡Coño, que no podía pasar el resto de mi vida con alguien a quien no quiero!, ¿estás contenta?.-

Estábamos llegando a algo. Tomé aire y la dejé respirar un poco. Continué.

-Me dijiste que sí le querías, que no estabas enamorada de él pero que eso te daba igual, que tú eres una persona tranquila, que necesitaba tener el control de su vida y que no quieres emocio...-

-¡Mentí, joder, mentí!, ¿estás contenta? ya has demostrado que soy un puto fraude, enhorabuena.-

-¿Pero por qué dices eso?, ¿Qué ha pasado?.-

Carmen se limpió las lágrimas con el dorso de la mano, se sorvió los mocos y se intentó calmar un poco.

-Tú has pasado... lo que has hecho estos meses, la forma en la que le has dado la vuelta a tu vida, cómo has echado sin piedad todo lo que te venía jodiendo, me ha sacado algo de dentro y me ha hecho ver cosas.-

-¿Qué te ha hecho ver?.-

-Que mi obsesión no es con el control, es con el miedo. He elegido esta forma de vivir porque tengo miedo, vivo con miedo todo el puto día Alicia, miedo a fracasar, miedo a arriesgar, a darme a otras personas, a que los demás me vean como soy en realidad, débil y pequeña, no puedo confiar en nadie Alicia, nadie, por que sé que al final me abandonarán, y eso me da mucho miedo.

-Carmen, siento mucho...

-No puedo fiarme de nadie, todas las personas importantes que han pasado por mi vida me han abandonado. Al final ya no te quedan fuerzas dentro, ni fé en nada, ni siquiera en tí misma, y vives...arrastrando los pies, esperando un cambio, pero ese cambio no llega, y un día te despiertas y la vida ya ha sido, te la has perdido, porque una vida solitaria es una vida que no merece la pena, porque no has dejado a nadie compartirla contigo. Te despiertas y estás sola y tu vida es como ver una película sin nadie con quien comentarla.

Se recompuso un poco, se limpió las lágrimas y se limpió e rimmmel corrido con un cleenex, sus ojos eran piscinas de agua verde que reflejaban las luces de Madrid por la noche, estaba tan guapa en el desastre absoluto que se me encogió el corazón pensando en lo que se estaba perdiendo ella y el mundo.

-Siento mucho todo esto...

-No lo sientas, joder, es una puta gozada poder llorar agusto sin escuchar al maldito sargento dándo órdenes en mi cabeza, el puto sargento de los cojones.

- ¿Y qué vas a hacer?.

-Pues tragar mierda hasta que no me quede más, y después...

-¿Volver a lo mismo? Carmen, tienes que plantearte las cosas, y empezar a arriesgar un poco, yo te ayudaré.

-Lo sé.

Esto iba bien.

-Y dejarte llevar un poco, basta de controlarlo todo, no tienes que ser perfecta, ante mí no, yo no lo soy y no me da vergüenza que lo sepas, que no te de a tí, ¿vale?.

Carmen asintió con la cabeza mordiéndose el labio, evitando la llegada de más lágrimas.

-Anda, dame un abrazo, desastre.- La abrazé fuerte.

-¿Te acuerdas que te dije que tú y yo no éramos iguales, que tú intentabas ser como yo y que aquello no podía ser?.- Dijo sollozando.

-Carmen no le des más...

-Aquello era basura, ¿deacuerdo?, basura.

Nos reímos. Sabía lo dificil que tenía que haber sido aquello para Carmen, pero sabía que al día siguiente ella estaría muy bien, mejor que en mucho tiempo. En aquel momento no podía ni sospechar lo bien que iba a estar Carmen.

-Ten paciencia, pero ten por seguro que te llegará todo lo que quieras si estás abierta a ello, puede que no sea mañana, ni pasado, pero ocurrirá. Todo lo que sé que mereces te va a llegar, y creo que soy quien para decir que lo mereces, ¿no?. Yo te veo, conozco los miles de detalles que hacen de tí una persona increíble, encima tienes carisma, eres graciosa y buena, ¡lo cual es raro en una tía! rió con ganas). Y además lo sabes, no dejes que las mierdas del mundo te pudran. Aguanta.

 

-Muchas gracias.-

Carmen me pidió que la dejara sola un rato allí, fui al servicio y aproveché para servirme otra copa, la gente empezaba a estar perjudicada, busqué refugio en la cocina donde un tío que no conocía de nada se me puso a contarme una historia extraña sobre un primo suyo que tenía en Puebla de Sanabria que se jactaba de no haber salido de su pueblo en la vida, me dio bastante igual perderme el final de la historia cuando le llamaron al móvil y aproveché para escabullirme. Cuando volví a ver como le iba a Carmen vi que seguía en el balcón, pero estaba hablando con un chico que de espaldas parecía enorme. Según me contó Carmen al día siguiente era el compañero de piso de León, Carmen se dio el susto de su vida cuando a los dos minutos de dejarla escuchó la ventana corredera del balcón abrirse a su espalda, se giró y se encontró con casi dos metros de un rubio de cara sería y amigable acercándose a ella. El chico al ver a Carmen (palabras de ella) se quedó petrificado al verle los ojos, (según Carmen hasta entreabrió la boca) y musitó unas palabras en un idioma que Carmen no conocía.

-Den Lille Havfrue.

-¿Disculpa?.

-Oh, disculpame si te he asustado. ¿Tú eres Carmen?.

El chico parecía algo confundido y sorprendido a la vez.

-¿Nos...conocemos?.

-No, no creo, soy Carl, el companiero de piso de León. Eres la amiga de Alisia.

-Sí, Dios... discúlpame, me he asustado cuando te he visto de pronto, eres así como bastante tocho y me he cagado un poco...¿conoces a Alicia?

-No la conozco pero León me ha hablado de ella. Te he visto aquí llorando y he dicho “voy a echarle una mano, le cuento un chiste Danés y así acaba por tirarse por la ventana”. Carmen se rió con ganas.

-No, no te preocupes, soy buen chico, estás a salvo.

Carmen dejó de reírse, entonces pudo verle los ojos, de un azúl intenso que mostraban una bondad profunda, Carmen torció la cabeza como un perrito y sonrió aún con los ojos húmedos.

-Eso parece.

Sonaba "Emotion in Motion" de The Cars. Pedí un cigarrillo a un tío que me miró con la cara lasciva y mísera típica del que ve que se le pasa la noche y se queda sin polvo, resolví disfrutar de la canción en la soledad fumándole a una ventana de un cuarto que no estaba ocupado.

A través de la ventana la torre Picasso brillaba a lo lejos.

León apareció en la oscuridad del cuarto buscando algo. Se fijó en mí.

-Hombre, fisgoneando en mi cuarto ¿eh?.

-No tienes tanta suerte, estoy dándole un rato de soledad a mi llorosa amiga.

-¿Qué tal lo lleva?.-

-Bien, estará bien pronto, creo. Necesitaba un rato a solas.-

-Je... pues no lo va a estar mucho.-

-¿Cómo?.

-Nada, tú déjame a mí, he hecho un pequeño experimento internacional, quizá me lo agradezcas y si hay suerte quizá me lo agradezca también tu amiguita de ojos verdes. ¿Te importa que me quede, o tú también quieres estar sola?.

-Es tu cuarto ¿no?.-

-Es donde están mis calzoncillos, sí.-

-Entonces no puedo echarte.-

-Pues entonces me quedo.-

-Pero no tengo más cigarrillos, aviso.-

-Non ti preocupare.- Dijo sacándose un paquete del bolsillo de la chaqueta.

-¡Ahora sí que quiero que te quedes!.-

-Creía que me querías por mi personalidad.-

-Te quiero un poco más por poner esto.- Dije señalando hacia arriba.

-¿Te gustan los Cars?.-

-Era con lo que combatía a las hordas de Grunges en segundo de BUP.-

-¡Ahora sí que quiero quedarme!.-

Hablamos un poco del trabajo, de Gus y de su amigo George. Luego de cine y de mi carrera de actriz, luego de la vida y luego de Raúl y de Beatriz. Por último de mis sueños.

-Y con tanto cambio en tu vida supongo que han desaparecido finalmente.-

-Me gustaría decir que sí...-

-...Pero no. ¿Y qué pasa en esos sueños?.-

Ahora era yo la incómoda y la que no tenía intención de contestar. Sonreí y le di una calada larga al cigarro, pareció entender que no había manera.

-¿Y qué has aprendido en tus viajes?.-

-Ummm...que los ingleses nos odian, que en España se come mejor que en ningún sitio y las dramáticas desventajas del sexo en un bosque helado y lleno de zarzas en mitad de un país nórdico.-

-Muy interesante. Ahora en serio.-

-¿A qué viene ese interés de pronto?, llevamos currando juntos un tiempo y no hemos hablado mucho.-

-Me ha gustado lo que he visto en las fotos de ahí afuera.-

-Gracias.-

-En serio, no es el típico cumplido, me han gustado de verdad. Creo que hay una historia interesante detrás y me gustaría saber más.-

-Bueno, si lo dices así no puedo negarme. Ojo, corro el riesgo de sonar muy new age, pero intentaré serte sincero ya que veo que preguntas con auténtico interés. -

-Adelante.-

-Bueno, de varias cosas importantes de las que no podría haberme dado cuenta aquí, viviendo en lo mismo. Me he dado cuenta del error que es vivir como una piedra, inmóvil, mientras el tiempo te pasa alrededor sin hacer nada con él. A dejarme llevar, a no subestimar lo que me pueda traer el mañana y a no dejarme caer en la comodidad de las miserias que por cojones han de ocurrir, a tener un papel activo en ellas, a aceptar las cosas tristes sin bloquearme. A aceptar la pérdida. A andar sobre una fina cuerda con el peligro cerca, a aceptar la soledad más absoluta con tranquilidad y a no poner en los demás un poder que sólo debería estar en mí. A no autolimitarme, a poner en su sitio todos aquellos conceptos y personas que de alguna forma me han limitado consciente o inconscientemente y me han cerrado los ojos ante mis capacidades. A diferenciar lo importante de lo que no lo es, especialmente en lo referente a las personas que pasan por tu vida, los amigos, parejas, sexo. Pero sobretodo he aprendido la enorme diferencia que hay entre lo que uno quiere y lo que uno necesita.-

Cuando terminó de hablar se había quedado serio mirándome, y me sonrió con una sinceridad que me encogió el estómago, en su expresión pude ver claramente a un niño triste y valiente que había aprendido con esfuerzo a vivir, a ser mayor y mejor, sin perder la sonrisa en el camino. En ese momento supe por qué había ido allí esa noche y por qué de toda la casa había elegido esa ventana para echarme un cigarrillo.

-¿Y qué busca usted, señorita?.-

-Que me beses de una puta vez.-

A la mañana siguiente me desperté desnuda en la cama de ese mismo cuarto. Miraba por aquella ventana recordando la noche y se me dibujó una sonrisa. Me eché la sábana por encima y busqué con la espalda el calor de su pecho, me rodeaba la cintura con el brazo. Tenía unas manos muy bonitas.

Me volví a dormir.

servido por Gonzalo Darko 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

The Devil Rules the World

The Devil Rules the World dijo

Es muy bonito, coño. Te ha quedado todo muy bien.

8 Enero 2009 | 03:47 PM

Cata

Cata dijo

El casi último párrafo deberiamos aprenderlo todos, tengamos la opción de recorrer mundo salvajemente o no. Tu está claro que si lo has plasmado en boca de otro lo has aprendido!
Besazo!

8 Enero 2009 | 04:54 PM

el chache

el chache dijo

Te ha quedado de la hostia.
Me ha encantado.
Un saludete

8 Enero 2009 | 07:07 PM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Cata: Bueno, en eso estamos jeje. Un beso.

Muchas gracias Raúl, me alegro de que te haya gustado, un abrazo y gracias por leerlo.

8 Enero 2009 | 07:25 PM

esther

esther dijo

genial.. varias lecciones de vida, varias frases inmejorables, varias situaciones conocidas, y muchas ganas de que no pares de deleitarnos..
besos mil

9 Enero 2009 | 02:17 PM

javier-caspito

javier-caspito dijo

Me he quedado tan flipado como con las entregas anteriores.

9 Enero 2009 | 11:48 PM

Juanjonusky

Juanjonusky dijo

Suscribo todo lo anterior y añado que... me da pensa que se haya terminado :`( Snif...

10 Enero 2009 | 12:12 AM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Esher: Besos mil para tí.

javier-caspito:Muchas gracias tío, es la primera vez que me embarco en escribir algo un poco largo y me alegra comprobar que mi ficción te ha gustado.

Juanjo: No...esto es sólo el principio wuahahahahaha. Abrazo.

10 Enero 2009 | 01:46 AM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Me encuentro actualmente transformando este cuentecillo en algo parecido a una novela :-)

28 Julio 2010 | 05:34 PM

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