La Coctelera

Gonzalo Navas

var _gaq = _gaq || []; _gaq.push(['_setAccount', 'UA-2001386-1']); _gaq.push(['_trackPageview']); (function() { var ga = document.createElement('scr

5 Enero 2009

Sueños...(Parte V)

Sentado en el metro iba mirando a mi alrededor y no salía de mi asombro. Todo era extraño para mí, los carteles, la megafonía que anunciaba la próxima parada en mi idioma, la gente, su forma de vestir, su forma de moverse y de hablar. Por supuesto no llevaba tanto tiempo fuera ni las cosas habían cambiado demasiado, el recuerdo era total, pero era como si todo hubiera desarrollado cualidades nuevas o más bien como si antes me hubieran pasado desapercibidas. Lo sucio que estaba todo, los edificios, el diseño de las calles, de los coches, de la ropa que llevaba la gente por la calle, y todos aquellos ojos marrones, qué expresión más fuerte dan los ojos marrones, me parecía exótico tras varios meses sin ver un iris más oscuro de gris. Nunca antes me había dado cuenta de las características físicas tan comunes que tenemos los españoles, el pelo, la cara, la forma de mirar y de gesticular, de comportarnos, de hablar. durante estos dos años había encontrado multitud de españoles en los sitios más recónditos, y a la mayoría les había oído antes de verlos, y a los que había visto y no oído los había reconocido como españoles en una centésima de segundo.

Aquellos ojos marrones me habían acompañado en muchos sueños, eran los ojos de alguien de quien no me había podido olvidar, alguien que necesitaba ver. Aquello marcaría el final auténtico de mi viaje. La verdad es que mi sentido común me decía que aquello era absurdo, tras dos años ella habría rehecho ya su vida, al fín y al cabo ella no me había llamado en todo aquel tiempo más que para felicitarme el cumpleaños y el fín de año, seguramente tuviera novio, seguramente mi mensaje le habría dejado fuera de juego, sin saber qué hacer, y por eso no me había contestado. Tenía que llamarla.

Había echado de menos a mis padres, los pobres empiezan a estar mayores y tras casi un año sin vernos (vinieron a hacerme una visita a Liverpool) los encontré más viejecitos, mi padre estaba mucho más canoso y su expresión parecía cansada, y mi madre empezaba a parecer por primera vez una señora. Un pinchazo de dolor acompañó a la idea de saber que no estarían allí para siempre. En mi viaje aprendí lo importante que es la familia, las raices. Me había ido de España huyendo de ellas, ahora eran una idea cálida, de punto de partida, sobre la que construir.

Estaban felices de verme, estuve contándoles muchas cosas durante toda la tarde, mi padre me preguntaba infinidad de cosas acerca de basicamente todo, en especial de Varsovia y Alemania, ya que era una de sus grandes pasiones es la Segunda Guerra Mundial, mi madre quería arreglarme el pelo, me dejé querer un poco, se pusieron muy tristes cuando supieron que sólo dormiría allí esa noche, ya tenía localizado un piso que iba a compartir por ahora. Había encontrado un curro que me iba a solucionar la papeleta durante el tiempo suficiente como para encontrar algo decente. Y si no salía nada sólido tenía planes de bajar a Andalucía uan temporada. Pero por ahora quería reencontrarme con mi Madrid sin presiones.

Y cómo estaba Madrid, ahora sí podía decir que Madrid es una ciudad preciosa, ninguna ciudad de las que había visto podía compararse a Madrid en cuanto a la vida que rebosa y la vehemencia que se respira en las calles, realmente España es un mundo aparte. No ya digamos la comida, quitando en Francia e Italia y algo de Alemania, el resto de la europa que había conocido comía cosas que no creía posible, y luego están los ingleses, que directamente comen mierda. En mi estancia en Inglaterra tuve que aprender a cocinarme mis cosillas cuando me di cuenta de que recurría en exceso al consuelo de los whoppers y la comida china. Afortunadamente para mí comprobé que en cualquier lugar se puede encontrar lo necesario para hacerse una tortilla, una ensalada o un arroz rico.

Mi madre me sirvió una cena descomunal preparada a conciencia, sospecho que como reafirmación de orgullo del saber culinario patrio, para marcarme las diferencias entre lo que había conocido y lo bueno. Una sopa caliente de un cocido posterior acompañado de carne de cerdo, puerros, repollo, tocino y chorizo. Mis lagrimones cayendo le daban a la comida el punto justo de sal. Tras estos dos años de vida había pasado de pensar en conceptos grandes y generales a hacer un mundo de los detalles, la comida era uno los importantes.

Tumbado en mi cama miraba al techo, aquel techo que había absorvido tantos pensamientos míos. Estaba en mi cuarto de siempre y nada había cambiado en dos años, los pósters, el ordenador, mis libros, mis fotografías... pero todo me parecía extraño, mi mente ya no la percibía como el hogar, hogar era una idea abstracta que se había desplazado de un lugar físico y unas personas a mi interior y que me acompañaba allá donde iba, aunque fuera lejos de allí. En cierta forma aquella era la habitación de alguien que un día se fue y no regresó.

Unos días después la llamé, no es que tuviera ganas de complicarme la vida, pero sabía que era un asunto pendiente que tendría que afrontar de alguna forma. Me cogió el teléfono, Oir aquella suave voz de niña de nuevo me causó un efecto devastador, se me cayeron de un golpe los dos últimos años de vida, aquella voz que tantas cosas me había dicho, aquella voz provenía de los cimientos de mi mismo, mi vida posterior no dejaban de estar encima de aquellos basamentos, volvía a ser aquel chaval perdido y dolido que había fallado, temblaba de pies a cabeza.

Hice acopio de fuerzas y mantuve la serenidad, quedé con ella a tomar un café y accedió no sin dejar claro que no le parecía buena idea.

Quedamos en una cafetería del centro, yo llegué bastante antes, como hago siempre que estoy nervioso. Cuando cruzó la puerta del local no la reconocí, tenía el pelo diferente y aquella ropa no me era conocida. Nos saludamos y nuestras acciones y sonrisas denotaban unos nervios y una incomodidad bastante fuertes, era normal. Tras unas dosis de generalidades poco a poco fuímos rompiendo el hielo.

-Te veo diferente, no sé, igual de guapa, pero como más mujer.

Se rió y aquellos dientes me hicieron recordar cómo era saber que eran míos, para verlos y para llamarlos si lo necesitaba, ahora sonreían desde la otra punta del universo, a menos de un metro de mí.

-Muchas gracias, tú sí que estás diferente.

-Será por las melenas y la barba que llevo, y eso que mi madre me ha recortado un poco el pelo. Tengo pinta de perroflauta.

-No, pero además de eso, has cambiado mucho, se te nota incluso en la forma de mirar y de moverte, se te ve tranquilo, no sé. ¿Qué ha sido de tí estos dos años?.

-Pues es una larga historia, pero vamos, he estado de viaje, en plan "¡ahí os quedais!".

-¿De viaje? ¿dónde?.

-Por Europa, en distintos sitios, Italia, Inglaterra, Alemania, Polonia...

-¿Tú?, pero qué dices.

-Ya, ya, tremendo ¿eh?, pues me ha ido bastante bien. Era lo que necesitaba.

-Me alegro mucho, de verdad. Se te ve muy bien, más hombre (dijo imitando la voz de un tipo duro, me rei con ganas)

-Ya, de eso quería hablarte.

-¿De lo de ser más hombre?, ahórrame los detalles de tu viaje...(Me reí de nuevo).

-No, de cómo terminaron las cosas entre los dos, de aquella tarde, de aquella despedida, de qué ocurrió entre nosotros.

-León...

-No, por favor. Tranquila, no vengo aquí a pedirte nada, ni a revolver mierda, tan sólo a decirte cosas que necesito decir. Calma, a lo mejor resulta que tampoco te hace daño escucharlas, no es esa mi intención, de verdad.

-No tienes que decirme nada, es una vieja historia, lo que nos pasó son cosas que pasan, normales.

-No, déjame, por favor

No había preparado nada, ni siquiera sabía exáctamente lo que le quería decir, tomé aire y con toda la serenidad intenté dejarme llevar.

-Quiero decirte que lo siento.

-Por favor, León, para, no sigas.

-Siento no haber estado a la altura de todo, de tí, de haberte dado por supuesto y haberte dejado marchar, que te me escaparas entre los dedos por no haberme sacrificado lo suficiente, a tiempo y haber condenado nuestro futuro juntos por ello.

-No...no es necesario que hagas esto, las personas... tienen tiempos diferentes, yo tuve suerte, siempre supe lo que quería hacer y lo hice muy pronto. sencillamente nuestras vidas se separaron, no es culpa de nadie, no te sientas culpable. No te odio ni te guardo rencor, todo lo contrario.

-No me siento culpable, me siento responsable, no quiero que pase el tiempo sin que sepas que ahora sé lo que pasó y que he hecho algo al respecto, algo dificil, grande, que me ha cambiado como persona, y que de alguna forma te lo debo a tí, el haberte perdido me ha llevado a lo que soy ahora, sólo por eso serás siempre una persona fundamental en mi vida, aunque no nos volviéramos a ver nunca. Me da mucha pena no habernos conocido en otro momento.

La formalidad con la que habíamos empezado estaba hecha pedazos, ahí estábamos los dos, como dos años antes, llorando, con el corazón a mil por hora, niños y adultos a la vez.

-Las cosas ocurren como ocurren y hay que esforzarse en aprender a encajarlas. Yo no me arrepiento de lo nuestro, sería ridículo, nos hemos querido muchísimo, seguramente no vuelva a querer a nadie de la misma forma, no podría. Pero por favor, no quiero que te vayas creyendo que me has fallado, eso nunca, no lo permitiría, porque no es cierto. No he conocido jamás a nadie tan apasionado por la vida, me lo has contagiado, me has cambiado, nadie me ha visto ni creo que me vaya a ver jamás como me has visto tú, me has hecho sentir durante años la chica más guapa y especial del mundo, y quiero que sepas que esa chica que fui contigo es tuya, necesito saber que esas personas que fuimos estarán en alguna parte además de en mis futuros sueños, por eso te pido que no te olvides nunca.

-¿Cómo podría, Beatriz?

. . . . . .

Y así terminó aquella época de mi vida, lo que viniera después sería siguiente capítulo, no me daba miedo, no me sentía débil, me había demostrado que estaba en buenas manos y que lo que viniera estaría en sintonía con el hecho de que había hecho las cosas bien. No encontraba manera alguna de negármelo.

La Gran Vía estaba concurrida, nos despedimos en la puerta de la cafetería, tras un abrazo largo y fuerte ella me besó en la mejilla, y allí, parado bajo un picante sol Madrileño me quedé observando como Beatriz se perdía entre la gente, engullida hacia el pasado, en dirección a su vida, que ya nunca se cruzaría con la mía.

. .

.

.

.

.

.

Me encontraba sentado en la barra fumándome un cigarrillo torpemente liado (era de mis primeros), mientras recordaba aquel último momento hacía ya dos semanas, con una sonrisa en los labios.

-¡Tch!.- El chasquido de lengua de Gus me sacó de mis mundos de Yupi, ese chasquido significaba básicamente "León, deja de tocarte los huevos y curra". Miré el reloj y apagué las luces, apagué el disco de "Enya" con el que habíamos echado a los últimos clientes, eché el cierre y fui a cambiarme. El cuartito estaba ocupado, alguien se me había vuelto a adelantar...

-Oye.-Dije a través de la puerta

-Dime, salgo en seguida.

-Tranquila. Es sólo para saber si vendrás esta noche a la fiesta.

-¿Qué fiesta?.

-Te lo dije la semana pasada, la fiesta que doy para decir "Ey" a mis amigos después de dos años de zascandilear por el mundo, es esta noche. Va a estar bien, pásate.

-Pues...es que no sé León, tengo a mi amiga en casa con una depresión de caballo.

-Pues dile que se venga, que seguro que se anima.

-No creo, lo ha dejado con su novio, después de siete años.

-Jo-der.

-Ya...muy fuerte, se casaban en junio, la pobre.

-Ostras. Bueno, pero en casa no va a resolver nada, ¿no crees?.

Alicia salió del cuartito mientrás se ponía los zapatos. Tenía los ojos pintados de negro, una camiseta negra de tirantes y una cazadora vaquera encima, estaba guapísima, pero no podía permitirme que ella supiera que lo pensaba, aún no, así que pasee la mirada erráticamente como no dándole demasiada importancia, esa típica actitud que las tías reconocen en una milésima de segundo.

-Joder, que guapa estás.- (¿Qué le iba a hacer?)

-Gracias majo, ¿qué tipo de fiesta va a ser?.- Dijo Alicia metiendo un pié que sobresaliendo de sus vaqueros negros fue a parar al interior de uno de sus zapatos. La vida estaba en los detalles.

-Una tranquila, nada de alborotos, música, charla, quizá aguantar alguna anécdota de viaje, quizá sobrevivas. Me dijiste que te gustaba la fotografía, ¿no?.

-Sí, bastante, soy aficionada, ¿no te lo había dicho?.

-Probablemente sí, pero estoy viejo y cansado, las palabras me bailan y los recuerdos me abandonan. Pues eso, voy a exponer algunas fotos, me gustaría contar con tu opinión.

-Suena guay, pero no puedo prometer nada ¿ok?.

-No lo hagas.

Gus nos miraba cavernosamente desde lejos mientras pasaba un paño a la barra y la máquina de café. Alicia se despidió y se marchó a toda prisa. Me quedé preguntándome si aparecería en la fiesta. Reálmente quería que lo hiciera.

servido por Gonzalo Darko 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

el chache

el chache dijo

Si que me gusta esto que estas escribiendo.
Si, si, si...

A ver si te traen muchas cosas los Ryes magicos.
Un saludete

5 Enero 2009 | 12:32 PM

angelsinalas

angelsinalas dijo

Para ser un sueño ¡que completito que és!
A ver ¡ a tí te pasa cada cosa en el metro!, joer, que ya te dá para escribir un libro....seguro.
Mis mejores deseo para este año que acaba de empezar.

5 Enero 2009 | 01:22 PM

Juanjonusky

Juanjonusky dijo

El reencuentro de León y Beatríz me ha pillado (coincidencia curiosa) escuchando la banda sonora de La joven del agua. Eso lo he hecho el doble de emotivo :)

Es un regalo ir leyendo este macro-cuento por entregas, e intuyo que para ti es terapéutico escribirlo!

Abrazuskys!

5 Enero 2009 | 08:22 PM

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Dios, que impagable momento. Me alegro mucho de que te guste el relato, no tenía pensado que fuera así de largo, me ha crecido en las manos.

8 Enero 2009 | 06:42 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Gonzalo Darko

Gonzalo Navas

Madrid, España
ver perfil »
contacto »
Nene, Madrid, Verde, Aries, 31.

Visitor Counter
Visitor Counter

Fotos

Gonzalo Darko todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera