Sueños...(Parte II)
Aquella tarde iba con el tiempo pegado al culo, había tenido un ensayo para un cortometraje que rodaba ese mismo fín de semana y me encontraba a siete paradas de donde quedaba mi trabajo cuando miré mi reloj y comprobé que llegaba veinte minutos tarde lo cual eran casi diez minutos más tarde de lo que creía.
Al llegar a mi parada pulsaba el botoncito para abrir la puerta como si fuera el de una psp, salí como una exalación del vagón y enfilé las escaleras de la estación de metro en dirección a la salida, en mi mochila mi recién adquirida cámara se bamboleaba como loca.
Llegaba tarde al trabajo y no me gustaba llegar tarde a no ser que hubiera sexo o dinero como causa mediante (en cuyo caso me parecía estupendo). Aemás no estaba segura de si esa tarde vendría a currar el otro camarero o si me encontraría a mi jefe sólo y cabreado.
La Gran Vía estaba llena de gente que iba y venía sin rumbo fijo atraídos por las lucecitas de navidad que adornaban las calles, lo cual hizo que tuviera que poner a prueba mis caderas y muslos mientras hacía slalom por las corrientes de humanidad. La lluvia era menos problema que la gente, pero jodía porque apenas era un chispeo, pero hacía frío y me estaba despeinando mi recién cortado pelo.
Conseguí girar a la izquierda por la calle Hortaleza y unos segundos después, sin aliento y preparando mi mejor cara de "lo siento, no es culpa mía, el mundo es injusto, esto es una mierda, perdóname la vida, necesito el trabajo", abrí la puerta del local y entré. Estaba empapada de pies a cabeza.
Genial, efectivamente hoy estaba yo sola, el otro camarero no estaba y sí, pude ver a mi jefe en la barra preparándo las cosas sólo. Crucé el local que, como de costumbre, estaba sumergido en un silencioso murmullo a pesar de no tener una sola mesita libre. Mi jefe debía estar cagándose en mi padre, y con razón. Pasé por delante de la barra sin levantar la cabeza fingiéndo sacudirme el agua de los pantalones con gesto indignado y fui directa al cuartito que teníamos al fondo, en un rincón oscuro que olía a agua sucia.
Me pasé una toalla por la cara y el pelo, me quité los pantalones vaqueros y los cambié por una falda larga y las botas por unas zapatillas que me había comprado en el rastro ese mismo Domingo por cinco euros, cansada ya de tener rozaduras en las rozaduras. Guardé los anillos, me sacudí el pelo y salí a recibir la estocadita de mi jefe.
El olor a incienso mezclado con canela y manzana era de esas cosas que hacían agradable el trabajo, "La Espiral de Estambul" era una tetería de luz tenue y paredes de madera que hacía esquina en una bocacalle de la calle Hortaleza. Lo gracioso es que yo había sido cliente habitual durante años, era un lugar idóneo para echar una charla tranquila y ún sitio perfecto para una primera cita, de hecho algún noviete pasó por allí (también algún mendrugo que nunca llegó tan lejos). Era curioso currar en un sitio en el que tienes recuerdos personales, no era capaz de servir en determinadas mesas sin recordar que era yo la que había estado sentada en esos mismos sitios hacía tiempo, lo que son las cosas.
Un antiguo compañero de mi academia de teatro se enteró por el facebook que yo andaba buscando trabajo y me puso en contacto con el que ahora es mi jefe. Gustavo era un tío entrado en la cuarentena, fornido de gimnasio y calvo como una bola de billar, con un mechoncito de pelo bajo el labio y que sentía adicción por camisetas de colores vivos dignas de alguien veinticinco años menor. Era muy serio pero nada borde, educado y discreto, pagaba bien y era un tipo justo.
Cuando dejé mi "maravilloso" trabajo hacía tres meses llegué a cagarme viva pensando en tener que volver a currar en un sitio de mierda que me permitiera disponer de tiempo para moverme como actriz, me veía de nuevo en el Mcdonnalds cobrando una miseria y oliendo a fritanga de por vida, la diosa del amor.
Pero "Gus" (como me había pedido que le llamara) me salvó la vida contratándome. La entrevista duró 2 minutos, le hablé de Luis, mi contacto, me miró con cara de Póker, me preguntó si era lesbiana, le dije que no, chasqueo la lengua, me miró de abajo a arriba lentamente y me dijo "ok, pásate mañana y hablamos de todo".
Con una camiseta turquesa en la que se podía leer en rosa fuxia "Regards from California", Gus me esparaba tras la barra mientras sin mirarme preparaba una Bandeja con tres teteras humeantes y un plato con tres porciones de panettone.
-Gus, perdóname, el otro actor estaba super pesado y ha alargado el ensayo más de lo que esperaba, te juro que no volverá a pasar.
A modo de latigazo de castigo Gus chasqueó la lengua sin cambiar el gesto mientras sin mirarme colocaba el azucarero en la bandeja y me la pasaba.
-A la mesa de la ventana y vente para acá que me tengo que ir al almacen.
-No sabía que estarías sólo, lo siento.
Dije mientras me preparaba las tazas sobre la bandeja para que no se desequilibrasen.
-Hoy le tocaba día libre, te lo dijo ayer delante mía. Pero no te preocupes, dale.
Aquella tarde hubo bastante gente, pero vamos, tampoco es que la cosa pudiera ponerse dramática, era un local con tan sólo siete mesas y lo que peor llevaba era tener que memorizar las chorraditas que la gente iba pidiendo, aún no me sabía la carta de memoria y no era fácil recordar de debajo de qué piedra de qué país ignoto del continente X era el té que te habían pedido, y a Gus lo de meter una comanda le producía chasquidos lingüales.
Eran ya las once menos cuarto y había que ir cerrando, tan sólo quedaba una pareja que llevaba horas allí, al parecer el chico estaba intentando impresionar a la chica con sus conocimientos sobre el cine de ciencia ficción de los sesenta, ella con el bolso en el regazo ( señal inconfundible de: otra noche sin sexo) bostezaba impresionadísima mientras el chico gesticulaba imitando a lo que desde aquí parecía una hormiga gigante destruyendo un edificio con las patas.
Decidí acabar con su miseria cuando me acerqué con mi mejor táctica opresiva echa-clientes, consistente en ofrecer la mejor de mis sonrisas y desatar mi peor mirada satánica, me había dado buen resultado en "Diagnóstico: psicópatía", un largometraje cochambroso sobre una enfermera loca que se follaba y mataba (o al revés, no me acuerdo) a los pacientes de un hospital. Mi representante me metió en aquel carnaval prometiéndome "un cambio de registro" y que resultó ser una de las experiencias más lamentables de mi vida actoral, aunque bueno, me regaló "LA MIRADA", de efecto incuestionable a juzgar por la celeridad con la que la pareja había pagado y se había marchado lanzándome ya desde la calle una mirada furtiva a través de la ventana.
-Alicia, ve echando la llave y ven, por favor.
Me quedé sin aliento, aquel "ven, por favor" era obviamente una antesala de un "este es tu finiquito, gracias", eché la llave saboreando la acción, levanté la vista atraída por algo que me tapó depronto el haz de luz que salía de la farola que teníamos justo delante de la puerta del local, al otro lado del cristal de la puerta vi a un tipo extraño, alto, rubio y de mirada seria, pasó la mirada por el local y luego fijó su mirada en mí, luego giró y se marchó a toda prisa, me produjo un escalofrío de pies a cabeza.
Me acerqué a la barra esperándo que Gustavo me diera un chasquido y el finiquito.
-¿Qué haces esta noche?.
Aquello realmente me pilló por sorpresa.
-¿Cómo?
Gus chasqueó la lengua
-Digo que si tienes plan esta noche, es viernes.
-Ah...no, la verdad es que no tengo gran cosa hoy, pensaba quedarme en casa viendo unas pelis que me he descargado.
-Te lo digo porque George y yo vamos a ir a una fiesta que monta una amiga ex camarera de aquí, por si te quieres venir, su casa está aquí al lado.
Me acordé del individuo que acababa de ver en la calle y pensé que aunque estaba machacada de verdad no tenía intención alguna de volverme sóla a casa esa noche.
-Ah...pues guay, sí, me apetece, gracias. Pero no he traído ropa en plan bien.
-Tranquila, no pasa nada, yo voy a ir así también. Pues terminemos de hacer caja, George viene para acá y nos recoge.
-Genial, genial.
-Trae a alguien si quieres.
-Ah, pues genial, seguro que Carmen se quiere pasar.
-Carmen es aquella chica de rizos y ojos verdes que vino a recogerte la semana pasada, ¿no?.
-Sí.
Gus chasqueó la lengua y a mí casi se me escapó la risa.
En la puerta del local (ya embutida en botas y vaqueros) descubrí divertida que el famoso "George" se llamaba realmente George, era un chico americano (a juzgar por el acento) de casi dos metros y no más de veinticinco años de edad, mirada perdida y más rubio que un nazi. Esperando a Carmen nos deleitó a Gus y a mí con una animada conversación en la que solo pude interpretar las palabras "Cool", "Fucking" y "Awesome", lo cual da una idea aproximada del nivel de español que tenía tras seis meses en Madrid como estudiante. Gus parecía encantado con él, trás su impertubable faz sus ojos le miraban fijamente con ternura mientras le sujetaba la mano.
Carmen apareció iluminando la calle con sus felinos ojos verdes y su sonrisa de perfecto marfil. Tras las presentaciones marchamos hacia la casa de la fiesta en cuestión.
La tal ex camarera resultó ser una hippy con rastas hasta el culo, bastante maja. Nos hizo pasar a su atestadísimo piso que estaba lleno de gente colorida. Mientras nos habríamos paso hacia el salón me iba cruzando chaquetas de cuero, gorras de cuadritos, camisetas ajustadas, porros, aliento a whiskazo, gafas de sol puestas, camisetas de "Los Ramones" y de "The Misfits" y treintañeros con flequillos hasta la barbilla. Un tío sentado en el suelo con la cabeza entre las piernas y los brazos sobre las rodillas. Aunque no me era un ambiente demasiado familiar (a pesar de ser actriz), no pude evitar sentir una sensación de tonta alegría, estar allí era algo que había traído mi recién reconducida vida, una vida en la que lo inesperado era bienvenido...de nuevo.
Tras hacernos con sendos cubatas, Carmen y yo nos hicimos fuertes en una zona iluminada con luz roja al fondo, esquivando a un individuo que salía del servicio con los pantalones bajados hasta los tobillos, profundamente borracho y ojos casi cerrados, al que le penduleaba el pene como una croqueta mustia de un lado al otro mientras el chaval se bamboleaba intentando no perder el equilibrio (sin soltar su cubata). Carmen me lanzó una mirada reprovatoria, yo me encogí de hombros.
Aprovechamos para ponernos al día. Hablamos del ascenso de Carmen en su empresa, de sus planes de boda, de los nuevos capítulos en mi reencontrada vida de actriz, mis flirteos con la música y la fotografía, las incomprensibles locuras depresivas de mi nueva compañera de piso y mi escasa (pero elegida) vida sexual.
-Te queda muy bien el pelo así de corto, tenías razón. Me dijo Carmen mientras jugueteaba despeinándome.
-Mujer de poca fé.
- Me la envaino, ¿Cómo se te ocurrió, loca de la colina?
-Pues bueno, me da corte decirlo, pero se lo vi a la Portman en una peli que hizo con Dustin Hoffman, tenían el cartel grande puesto en los cines Callao y pensé "qué coño, si le queda bien a ella..." salvando las obvias, innegables, dolorosas y malditas distancias.
-Bueno, ya sabes que mi hermano aparte de estar enamorado perdidamente de tí y ser el autonombrado fan número uno de tu culo me dijo que le recordabas un poco a ella, como te vea así lo va a flipar, no respondo.
-Si tu hermano me dice a la cara lo de que me parezco a ella la que no responde soy yo porque me lo puedo tirar allí mismo, y disculpa por la imagen.
-No, tranquila, si lo que no le haya visto hacer ya a mi hermano...
A la risa le siguió un momento de observación del territorio, Carmen se quedó con la mirada fija en un punto y pareció recordar algo.
-Ayer vi a Raúl.
Me quedé sin saber que decir.
-Perdona que te lo diga, me lo encontré en el barrio, se me acercó y me mandó saludos "cariñosos" para tí.
-Gracias por decírmelo. Cómo le viste, ¿qué tal estaba?.
-Le vi serio, pero bien, algo nervioso, imagino que por hablar conmigo, pero no parecía odiarte demasiado, tranquila. Iba con una chica.
No podía negar que aquella noticia me alegraba a la vez que me entristecía y me hacía sentir un chorro de soledad, ahora que realmente lo estaba definitivamente al saber que Raúl dormía ya con otra persona que (espero) tuviera sueños más pacíficos y más justos con él que los míos. Era una buena persona y finalmente sentí la alegría de saber que pronto dejaría de pasarlo mal por mi culpa.
-Has debido hacer las cosas bien.
-¿Cómo?
Dije saliendo de mi nube tormentosa.
-Con él, con Raúl, digo que has debido de hacer las cosas bien si te manda recuerdos "cariñosos".
-Hice lo que estaba obligada a hacer, cuidarle y ser sincera por jodidamente duro y desagradable que me resultara.
-¿Y ahora qué?
-¿Ahora qué?
-¿Sí, que va a ser de tí?
-Buff, ahora, por dios, espero reencontrarme con mi lado más frívolo y libertino, al menos durante un tiempo.
-Economía emocional que se llama.
-"Efestivamente". No quiero intensidades en una buena temporada, tan solo hacer cosas y disfrutar de hacerlas sin pensar mucho, me he tirado demasiado tiempo obsesionada con muchas cosas, me apetece ir ligera de equipaje por ahora.
No sé por qué, pero sentí un pequeño peso en la lengua, el mismo peso que siento cada vez que digo algo más para convencerme a mí misma de lo que digo que a los demás. Me cabreó un poco, quería que aquello fuera cierto.
-Te veo muy contenta Ali, me alegro mucho.
-Lo estoy, de verdad, me siento de puta madre, como si me hubiera vaciado de piedras la mochila. Y te debo mucho de ello a tí.
-No me tienes que agradecer nada capulla, me vale con no verte más esa mirada de perdida. Me alegro mucho. De verdad.
Carmen carraspeó, bebió un trago de cubata y entonces, tuvo que preguntarlo.
-¿Sigues soñando esas cosas?.
El peso en la lengua que requería la mentira que venía a continuación no me iba a permitir colársela a Carmen, pero no podía decirle que no, que no se habían ido, que seguían ahí, que mi estómago seguía bailando el hoola hop todas las mañanas aunque definitivamente menos culpable ya que no estaba estafando a nadie con mis mierdas, eso sí. Afortunadamente Gus me salvó de la situación apareciendo con lo que a simple vista parecía ser un tío alto y delgado que estaba jodidamente bueno del brazo, obviamente era músico, al menos tenía ese aura especial que todos los músicos tienen.
-Alicia, mira, quiero presentarte a alguien, este es Roberto, Roberto, esta es Alicia.
-Encantada.
Nos dimos dos besos ante la mirada sonriente de Gus.
-Encantado yo.
-Qué curioso, pero gracias. Mira, esta es mi amiga Carmen, Carmen, este es Roberto.
Gus chascó la lengua.
-Roberto es guitarra de un grupo tipo "Los Ramones" que se va a comer el mundo pronto.
Dijo gus vendiéndo al chaval como si fuera un caballo de carreras.
-Qué mas quisiéramos, por ahora nos contentamos con tocar en directo y sacar dinero para pagar el abono transportes y un whopper de vez en cuando.
Carmen y yo nos reímos de la ocurrencia. Carmen le tenía enfocado con sus faros verdes como dos reflectores de helicóptero enfocandole a él y luego a mí.
Lo que vino después pasó rápido, Gus se fue, Roberto me tiró los tejos de forma descarada y Carmen, oliéndose la situación, se piró al poco rato prometiéndome pasarse por la tetería la semana siguiente con Juán.
Yo me quedé con Roberto.
A la mañana siguiente me desperté helada de frío, su habitación olía a tabaco, la luz de la mañana se colaba por entre las cortinas de la ventana. al otró lado se oían los coches pasar, sentí una punzada en el estómago, como siempre, seguida de aquella sensación de vacío. Era como si cualquier persona conocida estuviera a millones de kilómetros de mí. Era como si todo el mundo estuviera cómodamente acomodado en su vida, lejos, sabiendo y controlando el lugar en el que estaban, el rumbo de sus vidas, mientras yo estaba allí, tumbada en la cama mirando a la ventana y no encontrándole la conexión a los puntos con los que iba regando mi vida.
Me sentía como la única idiota que no entendía de qué iba este juego que el resto parecía manejar sin problemas, de forma natural, sin tener que pagar estos tributos que pagaba cada mañana sin saber por qué..
Robertito Roncaba roncaba como un gorrinillo rockero al otro lado de la cama. De alguna forma me arrepentía de haberme quedado, si bien lo más destacable había sido la sesión de guitarra (a la que llamaba "Morry" por Morrisey) en el que mezcló temas de Led Zeppelin con otros de los propios The Smiths. El amigo Roberto era un individuo incapaz de ocultar lo enamorado de sí mismo que estaba y me daba que tenía que ser un pájaro de mucho cuidado, me compadecí de la pobre que cayera a sus encantos.
Pero tampoco es que yo fuera la reina de corazones, necesitaba una dosis de besos, abrazos y sexo como agua de mayo y era lo que me llevaría a casa, sólo eso.
No le desperté, le dejé una nota amable en la mesilla y me marché.
Volviendo a casa me sentía una calma cálida, como pocas veces en los últimos años. Iba comíendome una madalena enorme que me había comprado en un Starbucks para desayunar y me encontraba planeando mi siguiente paso cuando recibí un mensaje al móvil, lo saqué del bolsillo, vi el nombre de la persona que lo enviaba, pero cuando leí el mensaje el mundo pareció detenerse, se me cortó la respiración, hasta la madalena se me petrificó en la mano y con ella yo y el mundo entero.





















poetic-clouds dijo
Joroña!! ¿Y que ponía el sms? ¿De quién era?
Me gusta me gusta :-)
Un beso!
29 Diciembre 2008 | 06:08 PM