Sueños... (Parte I)
Esa tarde era para ella, canceló todas las citas y tareas del día, incluso le dijo a Raúl que no iría a cenar. Llamó a su mejor amiga y quedaron en el kilómetro cero, en Sol, a las cinco de una fría tarde de Diciembre.
Alicia no había disfrutado de una tarde de amigas desde hacía casi un mes, y su banco de datos estaba tan lleno que necesitaba algo más que el teléfono o el messenger para desquitarse. En realidad no sabía qué le pasaba ultimamente, pero necesitaba que la escucharan, quizá para hacerse una idea ella misma, era como la necesidad de abrir un baúl y vaciarlo para saber lo que andabas buscando.
Carmen se presentó en Sol escrupulosamente tarde como siempre, sonriente de oreja a oreja, enfocando al mundo con sus perfectos dientes blancos y esos ojos verdes de gato abiertos de par en par. Se habían conocido en la universidad y aunque eran radicalmente distintas en muchas cosas importantes siempre había habido una especie de entendimiento secreto entre ellas.
Pasearon un poco a la mortecina luz de la tarde, subieron Carretas y luego giraron a la izquierda hacia Antón Martín charlando sobre las generalidades de sus vidas, parándose en los escaparates de las tiendas aquí y allá hasta que se encontraron frente "El Gato Verde", un bar que tenían como centro de operaciones habitual. Cañas baratas, ambiente tranquilo y sillones cómodos.
Tras 3 o 4 cervezas Alicia empezó a perder el interés por la conversación y Carmen detectó que aumentaban las miradas perdidas hacia la ventana que daba a la calle por donde se colaban los últimos rayos de sol de aquel día.
-Ey, aquí tierra llamando a Alicia, aquí mujer que habla sola- Alicia miró a Carmen y le dedicó una sonrisa triste antes de beber un trago de cerveza.
-Perdona, últimamente se me va el santo al cielo con nada.
-¿Qué pasa?.
-Nada, no me gusta el invierno, la luz esta, el frío...
-Ya, yo lo que llevo mal es lo de que anochezca tan pronto, parece que pierdes el día entero currando, es una mierda.
-Ya.
Más cerveza. La música del local formó un silencio sonoro entre las dos, Carmen lo rompió.
-¿Qué tal con Raúl?
-¿A qué te refieres?
-No sé, ¿va bien todo entre vosotros?, ya son cinco meses los que llevais viviendo juntos, ¿no?
-Seis meses hacen mañana.
-¿Y qué tal?
-Bien, supongo, todo va bien, sin novedad, cómoda rutina.
-Uis...perdona pero eso no te pega nada, la pragmática y coñazo del grupo soy yo, tu eres la de las miraditas a través de la ventana y los discos de Mark Isham. En serio, ¿qué tal estás?.
-No lo sé. Estoy pasando unos días un poco raros, como apagada, me cuesta entender qué me pasa. Siento mis cosas descolocadas.
-¿A qué te refieres?
Estoy con este chico al que quiero y que me quiere, nos hemos ido a vivir juntos, tenemos un pisito chulo, de alquiler, pero chulo, ya hemos pasado gran parte de las mierdas típicas de vivir juntos y hemos llegado a un status quo de lo más aceptable. En el trabajo me va más o menos, no es el trabajo de mi vida, pero no me desagrada.
-¿Y dónde entran esas ojeras que tienes en todo esto?.
-Últimamente estoy teniendo...sueños.
-¿Sueños? ¿sobre qué?
-No recuerdo bien lo que sueño, y hacía mucho que no soñaba nada. Cosas del pasado, creo, imagénes inconexas, algunas de hace años, otras nuevas. Bueno, recuerdo mi instituto, gente que hace mucho que no veo, música de "Pearl Jam", notas que me pasa alguien en mitad de clase, no recuerdo que hay escrito en ellas, pero las leo y se me acelera el pulso. Verano, sol, y recuerdo estar adormilada en un coche, no conduzco yo, sólo miro por la ventana y fuera todo está lleno de árboles enrojecidos al sol, y me siento tan bien que me quiero dormir en mi propio sueño. Recuerdo el ruido del mar y gaviotas, y ya está. Luego me despierto como si tuviera un agujero negro dentro.
-¿No sabes a santo de qué vienen estos sueños, te ha pasado algo ultimamente?
-No, es extraño, cuando me despierto tengo un hormigueo en el estómago, a veces es tan fuerte que me hace llorar, siento como si cayera, y te juro que cuando estoy así me siento sola en la habitación, en la casa y en el mundo. Siento como si Raúl estuviera lejos, durmiendo con otra que soy yo pero no soy yo, tan solo una yo que no está ahí de verdad.
-¿Has hablado con él de esto?
-Sí, se lo dije, pero el pobre ¿qué me iba a decir?, me miro con cara de penita y me abrazó sin saber que más hacer, no es de mucha ayuda.
-¿Tienes estos sueños todas las noches?
-No, dos o tres veces a la semana, desde mi cumpleaños se ha ido haciendo peor. A veces estoy varios días sin tener ninguno, pero cuando creo que me he librado vuelven. Y me condicionan el día entero, a veces voy por la casa cuando estoy sola y noto como el silencio de la casa se me mete dentro, veo las sombras a medida que se hace de noche y me quedo ahí plantada, sola, con ganas de correr pero sin mover un músculo, y ahí puedo sentir el hormigueo del estómago otra vez. Luego con Raúl finjo que todo está bien y finjo normalidad, pero por dentro estoy llorando.
-Joder...
-Ya, lo sé. Y lo peor es que me siento como una niña idiota que no tiene motivo alguno para quejarse, me cabreo conmigo misma, conmigo y con mis sueños de los cojones que en el fondo no es más que otra forma que mi puta cabeza tiene para hacerme sentir insatisfecha.
Alicia metió la mano en el bolso y sacó un clinex con el que se secó cuidadosamente el par de lágrimas que amenazaban con darle a todo aquello un aire de dramón y de estropearle el rimmel. Carmen tomó aire y endulzando la expresión le tomó las manos a su amiga.
- Si no te importa, ¿me permites que te exponga una teoría?
-Joder, tía, hazlo, por favor te lo pido.
-Pero no quiero que te enfades ni nada, esto que te voy a decir te lo digo con todo el cariño del mundo, no quiero que tomes esto como un reproche, ni como una crítica, ¿ok?.
-Sí, ok.
-Hace ya dos años que diste un cambio muy radical a tu vida.
-Sí, tuve que hacerlo, estaba completamente estancada, necesitaba urgentemente un cambio, y crecer un poco.
-Sí, decidiste dejar el teatro, terminar tu carrera, darle una oportunidad a alguien, le dejaste entrar en tu vida, y empezaste a cambiar de rumbo hacia una vida adulta.
-Eso es.
-Pero me parece que te guió más el miedo a lo que no querías antes que mirar con sinceridad dentro de tí y decidir qué es lo que querías, y pagar el precio. Te entró el canguelo y empezaste una a una a ir metiendo en tu vida las cosas que tus padres querían de tí y que tú siempre te has pasado por la raja del culo.
-Tuve que hacerlo, no tengo quince años y las cosas no estaban resultando como yo esperaba, tú lo sabes, y ya tenía mis añitos.
-Sí, pero ¿no había otras alternativas?, joder Ali, que te has pasado media vida criticando a las tías que no son capaces de vivir solas y de ser independientes y mira como estás tú ahora.
-Pero eso no explica porqué me siento tan triste y vacía. No me siento estresada, ni presionada, ni aburrida, ni frustrada, me siento sola, me siento lejos del mundo.
-Yo tengo una teoría acerca de eso.
-A ver.
- Bueno, te voy a contar algo que creo que no sabes sobre mí, es muy personal y te pido que...bueno, que me entiendas.
-Pues claro, cuenta.
-¿Te he hablado alguna vez de Rafa?
-Sí, el primer chico con el que estuviste, bueno, algo, que os conocisteis en unas vacaciones en tu pueblo, ¿no?, cuando teníais 19.
-Sí, eso es. Me colé por él como no lo he estado jamás por nadie, bueno, él fue el primero que me hizo saber lo que era aquello de lo que había oído hablar tantas veces, el corazón palpitando a lo bestia, el no poder dormir sin pensar en él, querer estar cerca suyo a todas horas.
Él era de Valencia, a esas edades no había otra que verse en verano, semana santa y navidades (si tenías suerte). Nos escribíamos mucho y hablábamos por teléfono casi todos los días. Era acojonante, te juro que teníamos como una especie de telepatía que hacía que nos acordáramos el uno del otro a la vez, hasta el punto que nos llamábamos y el otro estaba comunicando porque también estaba llamando. Era muy bonito.
Pero a medida que pasó el tiempo las llamadas se iban distanciando más por su parte, me empezaba a costar que hablara conmigo más de diez minutos y cada vez tenía más huecos acerca de su vida y de lo que hacía. Yo pensé que quizá quería tomarse las cosas con calma y que mis ansias tampoco eran buenas, no dije nada.
Gracias a una amiga en común me enteré de que estaba saliendo con una chica de allí, y bueno, me hice añicos. Me pasé llorando dos meses, dos meses con llamadas desesperadas a Rafa, el cual empezaba a pasar de frío a desagradable y por último a ausente. Yo estaba atónita, aquella era la misma persona por la que me habría dejado matar tan sólo unos meses antes, y ahora su voz era la de un completo desconocido, ante aquello mi mente hizo "crack" en algún punto. Me hundí en la mierda y vi claro la enorme mentira que se oculta detrás de ese sentimiento, así que lo erradiqué de mi vida. Lo hice y me ha ido estupendamente sin él.
-¿A qué te refieres?
-A esa sensación tan parecida al hormigueo que sientes por las mañanas. La erradiqué, la borré, y no me arrepiento, la detesto, para mí es la peste que hace añicos en un segundo todo aquello que consigues con mucho esfuerzo, es una fuerza demasiado grande que pone tu vida y todo lo que tú eres en manos de otros. Tú me conoces, sabes que no llevo bien lo de perder las riendas del caballo, que soy cerebral hasta decir basta.
-¿Y no te has enamorado desde entonces?
-Um...no, he sentido el comienzo de cosas, pero las he cortado sin piedad desde el principio, haciendo lo que hiciera falta.
-Pero no lo entiendo, que fracasaras en tu primera relación no significa que...
-No lo entiendes, no fue el fracaso, fue la sensación en sí, la sensación de que tu voluntad esté sometida a la de otra persona. recuero aquella sensación, como un veneno dentro, me faltaba el aire, mis amigos, mi vida, no me importaban nada. Me pareció grotesco.
-¿Pero, y que me dices de Juán?
-Yo a Juán le quiero mucho, con eso me basta a mí y a él.
-¿Pero no estás enamorada de él?
-Si hablas de ese sentimiento, no. Ya te digo que no lo necesito, ¿me ves infeliz?.
-No, no te veo infeliz, de hecho eres de las personas más enteras y equilibradas que conozco.
-Pero eso es porque soy afortunada. Yo no necesito eso en mi vida.
-Pero no entiendo como has podido vivir así siempre, sin eso.
-Bueno, no todo es oro, cuando veo a la gente a mi alrededor y llevan "eso" en los ojos, de alguna forma me siento...dormida. Y sufro cuando veo una película y recuerdo lo que era aquello, recuerdo lo que era estar sumergido en aquella sensación. Pero luego recuerdo el precio.
- Y qué crees que pasa conmigo?
-Parece que ni te conoces a tí misma. Alicia. Lo que pasa contigo es que quieres jugar a ser como yo, pero eso no es posible para tí, ni de puta coña. Eres especialmente diametralmente opuesta a mí, eso es lo que me gusta de tí, siempre me has contagiado con tu entusiasmo por las cosas, por la forma con la que ignoras las riendas, el control y los planes.
-...
-Tú hacías todo lo que yo era incapaz de hacer, lo quemarías todo por tus emociones, lo abandonarías todo por eso que llamas "magia", que es lo que sentías al actuar, al beberte la vida como te la has bebido siempre, como si fueras a morirte mañana. Eso es lo que me gusta de tí, eso te hacía una chica increíble. El miedo que empezó siendo pequeño, minúsculo a tus propios ojos, tan sólo una medida contra la que medirse para mejorar, pero ha terminado por ganarte, y tú sabes cuando comenzó. Llámalo edad, llámalo incertidumbre, ha ido ganándote espacio y te va arrinconando hacia un precipicio ahora que ves por primera vez el reso de tu vida ante tus ojos, ahora que lo has definido, y que no te gusta.
Alicia parecía perdida en visiones internas.
-No sé qué decir
-No hace falta que te diga yo nada, tan sólo que recuerdes unas palabras que escribiste hace unos años, cuando murió tu madre. Escribiste que en esta vida sólo hay dos clases de personas, ¿te acuerdas?
-Sí, me acuerdo...
-¿Cuáles eran?
-Familia y extraños.
-Eso es, ¿qué los diferencia?
-Sí, familia eran aquellos que si cerrabas los ojos los sentías como parte de tí, aquellos con los que te sientes acompañado, escuchado, querido, cómplice o especial. Son pocos e infinitamente valiosos.
-¿Y los extraños?
Alicia tomó aire mientras recordaba.
-Los extraños son aquellos que entre la mejor de sus sonrisas o entre el mejor de sus abrazos te sientes sola.
La mirada de Alicia se perdió por la ventana mientras intentaba tragar el nudo que se le había formado en la garganta. Como no podía tragó un poco de cerveza.
-Pues eso.
-Pues eso.
-¿Otra cerve?
-Yep.



















ciudadanakeing dijo
Interesante, espero la segunda parte
27 Diciembre 2008 | 11:19 AM