Imposible volver
Tengo una manía, es como cuando te sale una llaga y en vez de dejarla quieta estás dándole caña con la lengua. Esta manía consiste en recordar esos lugares en los que me han ocurrido cosas especiales, pero imaginarlos ahora mismo, en el mismo momento en el que pienso en ellos. Me los imagino vacíos, en silencio, y echo de menos a las personas que recuerdo allí, y me echo de menos a mí allí, pero bueno, esto último lo llevo mejor porque al menos sé con seguridad que mi pensamiento está ahí por un momento.
Es más duro cuando recuerdo algún lugar especial que ya no existe, mi habitación en la casa del pueblo en Jaén por ejemplo, esa habitación estaba cargada de buenas sensaciones, vacaciones, amigos, familia etc... y cuando me acuerdo de esa enorme y viejísima habitación, me acuerdo de los dibujos de las baldosas de piedra, una especie de florer de lis rosas, de como el sol al atardecer entraba por la ventana y llenaba el cuarto de color dorado, recuerdo como, por la noche, abría los dos ventanales, escuchaba a mis padres y sus amigos hablando en el patio, me ponía música en el radiocasette mientras me tumbaba en mi cama mirando aquel cielo que, para alguien de Madrid, resultaba completamente INCREIBLE.
Recuerdo los muebles antiquísimos, un armario con un espejo ovalado enorme y un baúl lleno de lámparas y objetos enigmáticos. Todo en aquella habitación era sencillamente perfecto.
Hace un par de años unos indeseables se quedaron con ella tras poner en uso sus malas artes en temas de herencias y pestes de esas. Como primera medida decidieron despedazar la casa entera para hacerla "guay", cargándose recuerdos muy importantes para mí, lugares con los que me hubiera gustado contar hoy en día para visitar y sentir esa sensación de "permanencia" que uno tiene cuando vuelve a un lugar antiguo y conocido, de esos por los que mientras caminas puedes imaginarte a tí mismo de niño, de adolescente, quién sabe si de mayor. Ahora ese lugar que recuerdo, mi habitación ya no existe a pesar de recordarlo todo con tanta fuerza, ya no hay nadie oyendo música mientras se maravilla del cielo, ya no hay voces viniendo del patio.
En fín, cambio, cambio, de eso va, el tiempo pasa, aquel banco de aquel parque donde por primera vez tuve el valor de decirle a una chica lo que sentía por ella está ahora solitario, aquel momento de incalculable valor para mí está tan solo en mi cabeza.
Hace 17 años, después de separarse mis padres viví durante año y medio en Torrevieja. Tenía un amigo llamado Iván, también era de fuera aunque sus padres parecían decididos a quedarse a vivir allí. Tenía en una casita cerca de la playa, a un kilómetro de la mía. Por las tardes solía ir a su casa a dibujar y a ver "Bola de Dragón", le tenía un considerable aprecio, era uno de los 3 únicos amigos que hice allí.
Hace 3 años fui de vacaciones con la que (por entonces) era mi novia. Me apetecía volver a revisitar aquel lugar que significó muchísimo para mí, ya que fue la época más dura de mi vida, muchos cambios, mucha niñez, mucho dolor y la ominosa presencia del mar como de costumbre, mirándolo todo.
Toda mi visita por allí tuve la poderosa sensación de estar en un flashback que se convertía en presente cada vez que veía algo que había cambiado.
Una tarde decidí probar suerte e ir a casa de Iván, llamar a su casa y saludarle...si es que aún vivía allí 14 años después.
La casa, la calle y todo estaba igual, me acordaba de todo perféctamente. Entré en el pequeño recinto que franqueaba la casa, miré por las ventanas pero las persianas estaban corridas y no podía ver, asi que me acerqué a la puerta y llamé al timbre. No funcionaba, mal presagio.
Llamé varias veces con los nudillos. Nada.
Volví a llamar. Cuando caminaba mi camino de regreso al coche la puerta se abrió. Al volverme me encontré una visión inesperada. Un rumano en calcetines, de cara curtida con bigote, camiseta de tirantes blanca y calzoncillos me miraba sujetando una cerveza. "Que quierrres" me dijo. Le conté que venía a ver a los anteriores inquilinos, le pregunté si sabía algo de ellos. Me miró como si, mitad no entendiera nada, mitad desconfiara de mis intenciones. Me dijo que no, que no sabía nada. Entró y cerró. Me fuí de allí.
En fín, imagino que el hecho de haber viajado relativamente mucho en mi niñez me ha hecho más consciente de las cosas que se dejan atrás para no poder volver a ser vividas jamás, es un pensamiento que ya no me pone triste, me da vértigo, nada más. No pierdo la perspectiva de que ahora mismo, en el presente sigo creando momentos especiales, al ser consciente de todo esto vivo la vida como si fuera un viaje atrás en el tiempo, en el que tienes el privilegio de revivir esos momentos.
Aquella visita a la casa de mi amigo, aquel rumano etc...es ya un recuerdo especial. Así todo el rato.
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latumbasinnombre dijo
A mí también me pasa, pero en menor medida.
Me pasa cuando recuerdo la casita que teníamos en Rascafría y a la que íbamos todos los fines de semana, hasta el 90 o así... Son muy vívidos los recuerdos de la vuelta a Madrid, los domingos por la tarde-noche, con el atascazo y "El Carrusel Deportivo" en la radio del coche.
Pura nostalgia.
3 Julio 2008 | 10:03 AM