El Mar

-Imagina una foto, una foto que reflejara exactamente a la persona que sale en ella, una instantanea en un momento concreto de su vida que capture con eficacia la esencia de esa persona, toda su identidad, todo su color.
¿Cómo sería tu foto? ¿en color, en blanco y negro?, como estarías en ella, ¿saldrías como niño?, ¿como anciano?, y ¿ qué estarías haciendo?, ¿jugar?, ¿llorar?, ¿estarías sólo?, ¿acompañado?, ¿estarías triste?.
Desde que tuve trece años y me di cuenta pensando en lo mucho que quería a mi padre, de que un día yo tendría que verle morir, todo cambió para mí, casi recuerdo el momento exacto en el que ocurrió, curiósamente (a pesar de que he vivido en muchos sitios) no ocurrió muy lejos de donde me encuentro ahora. Todo el mundo tiene un momento en el que se da cuenta de eso, pero para mí fue una idea que a pesar de los años, los acontecimientos venideros, la adolescencia, la diversión, el primer amor, los desengaños, las victorias etc.. y ese tipo de cosas naturales que hacen que uno piense y sienta por un momento que todo es eterno, no me consiguieron despegar esta idea de que tarde o temprano todo pasa.
He intentado darle a esta idea algo de espacio en mi mente, abrazarla, darle comprensión, tener ideas propias sobre el tema, darle yo un sentido que valga para mí, uno nacido de mi especial forma de ver el mundo, un sentido que tenga sentido para mí y no uno heredado del miedo y la superstición, porque quiero y necesito darle un sentido, porque lo necesito para vivir mejor.
Veo y vivo mi vida de una forma muy concreta, y pocas, muy pocas veces en mi vida me he sentido conectado realmente a nadie en cuanto a esa forma de ver las cosas, lo que me ha convertido siempre en un ser bastante solitario (que no insociable) a pesar de tener bastantes y buenos amigos, pero hablo aquí de una sensación, siempre rondando, una especie de silencio, que puede ser espantado por unos instantes con voces y música, pero ahí está. No me olvido del silencio, nunca me pasa desapercibido, muchas veces es lo único que me parece verdad, y en el fondo sé que lo es, no es algo malo, no me pone triste, tan solo está ahí, y nunca he podido dejar de ser consciente de él.
Mi afición favorita cuando era niño era sentarme en el balcón de mi casa con las piernas colgando de los cuatro pisos que tenía el edificio donde vivía en Ceuta, agarrarme a los barrotes de aluminio y ver el increible espectáculo que tenía frente a mi casa, el mar casi de lado a lado del horizonte. Me fascinaba ver pasar los barcos que salían del puerto en dirección a un punto oscuro en el horizonte que mas tarde aprendí que se llamaba peñón de Gibraltar.
Nada ha cambiado, sigo mirando al horizonte, mas allá siempre de donde estoy, intentando comprender, disfrutando de no entender del todo, atraído por la belleza de este pedazo de misterio al que no me acostumbro.
Me quedaba horas viendo el mar, de vez en cuando mi hermano pequeño también venía y veíamos las cosas juntos, pero estaba claro que aquello no le fascinaba tanto como a mí.
A la derecha se podía ver la bahía con los barcos amarrados y al fondo una montaña llamada "La mujer muerta", se llamaba así porque su cumbre tenía forma de perfil de mujer. Por la tarde el sol se ponía tras esa montaña y el cielo se ponía rojo, aún recuerdo vívidamente todo aquello, la brisa del mar, el cielo rojo, el sonido del agua y el lejano sonido de las trompetas de los cuarteles con esa melodía mortecina y suave que tocaban siempre, sin excepción, cada día al anochecer,
Tengo 29 años, creo que me queda bastante tela aún (eso espero), pero a día de hoy, teniendo en cuenta todo lo que he vivido, mi "foto" sería esa, un niño de pelo por los hombros, rubio, de espaldas, sentado en un balcón, agarrado a unos barrotes, ante un mar abierto y un cielo rojo.
El año pasado murió un amigo mío, una mierda bastante trágica, no voy a suavizarlo, se llamaba Oscar, tenía 30 años, un día sencillamente no se despertó, su hermana se lo encontró cuando fue a despertarlo por la mañana.
Fue la segunda muerte que he tenido que vivir en mi vida, de la primera no quiero hablar ahora.
De aquel día recuerdo flases, recuerdo que fue un día confuso, fue la primera vez que me enfrenté de verdad al hecho de saber que alguien a quien quería sencillamente ya no estaba. Recuerdo que la idea me vino de esta manera, pensé que no importaba lo lejos que viajara ni lo mucho que me esforzara, sencillamente no volvería a ver a esa persona jamás. Pude sentir exactamente lo que mide y pesa una persona en mi alma y mi corazón, sencillamente sintiendo el agujero que deja cuando ya no está.
Estaba confundido, yo me considero una persona razonablemente racional, pero por más vueltas y vueltas que le había dado a la idea de la muerte no había ni podido anticipar la cantidad de cosas que sentí y descubrí sobre ella aquel día.
Recuerdo estar frente al hueco donde metieron sus cenizas, tan duro como eso, estar ahí delante y pensar que Óscar no estaba, solo estaban esas cenizas, y, como ya había gastado todas las emociones posibles, sencillamente me dediqué a estar y a respirar, a vivir ese momento fuera el que fuera. Un momento tan real y tan auténtico que mandó a la luna muchos fantasmas y tonterías que había llevado alrededor toda mi vida.
Enpecé a sentir muchas cosas que se transformaban en imágenes y en sensaciones, todas nuevas y poderosas, empecé a ver claramente como estatuas de piedra aquellas cosas que me importaban y aquellas que no, sencillamente podía distingirlas por primera vez con total claridad, me di cuenta de que debía seguir siendo actor, que debía de aprovechar cada instante como si fuera el último y ser lo más feliz posible, me di cuenta de que quería mucho a mi familia, de que quería a mis amigos y (casi por primera vez) de que me quería a mí mismo.
Por primera vez, realmente sentí que todo, todas las cosas y personas, eran algo que no iban a durar para siempre, sentí que algo que no haces es algo que no harás nunca, me di cuenta de que quizá no tenga tiempo de ver y hacer todas las cosas que he venido diciendo que haría, y me di cuenta de que quizá pierda a gente antes de decirles o hacerles sentir lo que me importan, y eso, de alguna forma, me puso más en la pista de lo que es esencial.
No me avergüenza decir que aquel día fue jodidamente triste, pero también bonito a la vez, y real, aquel día dejé de creerme mucha de la mierda que me he creido siempre, aquel día me hice un poco menos orguilloso, un poco mas paciente, un poco mas seguro y un poco mas cariñoso.
Me di cuenta de que las estupideces en las que la gente suele perder el tiempo no son tan importantes, y también me di cuenta de que esta sociedad me había sistemáticamente apartado de la realidad que estaba viviendo en aquel momento, como si no existiera, y me pareció algo que todo ser humano debería saber para vivir bien, para saber que hacer, para entender lo importante. Darme cuenta de la infantilidad y miedo que habita en el corazón de nuestra sociedad me llenó de vergüenza. En el instituto no escuché más que mierda que se suponía que era muy importante, que si había que hacer carrera, que si el mundo era muy dificil, que si había que ser alguien, pero nadie mencionó que en realidad lo que ocurre es que el tiempo es finito, que hay que tener conciencia de él, tomar posesión de nuestras posibilidades y no esperar para hacer del mundo lo que queramos, y que encontremos en el el lugar en el que somos felices, SEA CUAL SEA este.
Porque es ahora mismo cuando se decide todo, ahora, en estos minutos, lo que hay más allá no existe, es malo creer que existe, aunque sea inevitable hacerlo, y por eso cada cosa que haces es importante, o más bien es importante que sea importante, importante para tí, para hacer tu vida lo mejor posible, antes de que se acabe.
Sé que no es muy práctico y desde luego aquel día supe que la apertura tan gigantesca que tuve ante las cosas poco a poco se iría cubriendo de las mentiras (las mentiras malas, quiero decir) que nos rodean, y me harían ir cayendo una a una en las cagadas que he ido cometiendo siempre (que todos cometemos siempre), como es no valorar lo que tenemos, o darlo todo por sentado.
Pero no todo se ha perdido, quizá el cambio fuera sutil, pero la gente cercana a mí lo ha percibido, y yo también, y es bueno. Lo percibo cuando hablo con las personas, cuando escribo, cuando me paro y pienso, cuando me impaciento, cuando miro, cuando pienso en el futuro, cuando me enamoro, cuando beso.... todo ha cambiado, todo ha cambiado a mejor, a más auténtico, a más real, porque ahora sé mejor lo que vale un solo instante más.
No puedo negarlo, este lugar en el que escribo y en general todo lo que hago está (como yo) embutido en ello, la muerte es algo que tiene una presencia enorme en mi vida, siempre lo ha hecho, porque nunca me he dejado acostumbrar del todo a vivir, nunca he dejado de pensar lo surrealista y magnífico que es estar aquí, ser capaz de amar y de ser amado por otros seres milagrosos que existen también.
Por todo esto, no me sorprendí cuando me sentí tan poderósamente conectado a una pequeña y discreta serie llamada "A Dos Metros Bajo Tierra" .
Una serie que se ha descubierto ante mí como el reflejo más exacto de como siento el mundo.
Esta serie va de una familia que vive en una casa desde la que llevan el negocio familiar, una funeraria. Con el tema central de la muerte y cómo esta condiciona condiciona la vida, se desarrollan multitud de lineas argumentales con diversos personajes a cada cuál más interesante.
Hoy he terminado el último capítulo de la serie y me he sentido obligado a escribir este post.
Soy una persona que ha dejado mucho tiempo en la ficción, en explorar otras vidas y así aprender cosas para la mía, me dejo cambiar por lo que veo. Pero puedo afirmar que nunca me había emocionado tanto ninguna historia, ya sea escrita o filmada, nunca me había llegado tanto al corazón algo que nadie me haya contado, como lo ha hecho esta pequeña serie, estoy maravillado por ello, por la capacidad que ha tenido de marcar esa diferencia en mí a estas alturas.
Es la historia con la que más me he sentido identificado, la que ha reflejado el pensamiento, la sensibilidad y la inteligencia que ha hecho eco en mi interior que he sentido mas propia, con la que el niño que miraba el mar en Ceuta agarrado a los barrotes de su balcón se ha sentido más identificado.
Creo de alguna forma, que este es el post que he querido escribir siempre, el que tiene el color justo, el que inconscientemente ha empapado el título y el tono que he querido darle desde el principio a esta voluntad de expresarme, y de contar qué llevo dentro.









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pemm dijo
En la foto saldria solo,actualmente y en blanco y negro.
Triste no lo se...
Quizas pensativo,que es mi estado natural,(siempre quise ser un pijo descerebrado...)
La serie es fantastica,a mi me engancho...
Buena terapia para enfrentarse al miedo mas comun que existe.
Un abrazo nene...
20 Junio 2008 | 03:35 PM