Dicen que todo ocurre para bien, que todo ocurre como tiene que ocurrir, pero a veces uno no lo ve así, a veces miras algo que ha ocurrido y no te rima, suena asonante, como un verso que estaría mejor de otra forma. Por lo normal ocurre cuando no tienes perspectiva, cuando algo duele.
Por eso se me ocurrió este objeto, que si bien neutraliza una de las cosas más importantes que nos enseña el dolor, el aprendizaje, alivia un poquito: El oblivionador.
Consta de cuatro funciones regulables con botones que puedes conectar a los modos disponibles: Persona, lugar, recuerdo concreto y canciones.
Si bien cualquiera que haya visto "Olvídate de mí" sabe que no es muy original, pero la intención con este objeto es la de hacerlo portatil, que lo puedas llevar en el bolso, y que permita más versatilidad.
Lugar: Y mira que me fastidia, pasar por un local que no puedo disociar de algún momento concreto: en esa esquina me di mi primer beso con mi primera novia, en esa tienda pasé el verano más aburrido de mi vida, esa ciudad me recuerda siempre a tal persona... Nada, conectas el modo concreto, apuntas al lugar y pum! limpio, las esquinas se vuelven esquinas y los bancos, bancos, santísima anodinez.
Recuerdo concreto: una caída en mitad de una estación de metro, un resbalón y culetazo, meter la pata hasta el infinito rebelando el secretazo que te habían dicho QUE NO DIJERAS, arruinar una fiesta sorpresa, cuando entraste en aquel servicio y muy tarde descubriste que no había papel higiénico, cuando depronto el DJ paró la música y se te oyó a pleno pulmón diciendo "¡Esto está lleno de gilipollas!". Nada, te apuntas a la azotea con el cachibahe, rememoras el momento y... plof! limpio, inocente de cargo.
Recuerdo que una vez apreté el botón para abrir el paraguas y salió disparado varios metros dejándome sujetando el asa y el palito. La cosa no habría sido tan dramática de no haber sido testigos unas veinte personas. No quiero ese recuerdo...
Canciones: Te pueden hacer daño, se pueden parapetar en tu mente y no querer salir, vale,, lo que quieras, ¡PERO NO VALE ROBAR CANCIONES! joder, es como rayarle el coche a un hombre, va contra las reglas, eso es feo, no se debe robar.
Pues nada, estás en un local y te plantan la canción X, no falla. Compartiste esas canciones con alguien o sonaban en momentos concretos, y cuando las vuelves a oir ¡te han traicionado y se han fusionado con esa persona!, mal, mal, mal, traidor, Bono traidor, Longwave, traidor, Beirut, traidor, feo, nada, oblivionador al canto apuntando al estereo, le das al play y ¡pum! limpio,
Persona: ¿Es bueno olvidar? ummm, no se me ocurre nada categórico que decir. si algo he aprendido es que todo esto es de un gris que espanta, y que no hay fórmulas mágicas, y pocos sies y noes a preguntas así. Seguro que un monje de estos que meditan y se tiran pedos zen y se hacen uno con el universo de doce a tres de la tarde lo ve fácil, pero joé, que nací en Ceuta, soy español y me alarmo cuando me encuentro una cana en el bigote. Vamos, que me duele echar de menos.
Así que me apunto con el Oblivionador, pensando... y decido que el aparatito se puede ir a freir espárragos. No sé si que las cosas duelan es bueno o malo, pero desde luego lo prefiero a que todo me de igual.
El ser humano es complejo, para moverse por el mundo con voluntad tiene un instrumento eficaz: las emociones. El problema que vengo observando es que esta herramienta se salta la voluntad racional del usuario y no funciona a demanda, siendo este un problema que me ha tenido meditando y trabajando en un objeto que va a ser la revolución del mercado: el emotiecualizador.
Ejemplo: tenemos un día malo, de estos en los que rascamos taciturnidad y nostalgia hasta del nombre de las calles, pero ese día hemos quedado con alguien a quien queremos conocer y al que queremos dar buena impresión, resultando: la cagamos, nos presionamos por encima de nuestras capacidades y dónde queríamos mostrar espontaneidad y alegría sólo extraemos bloqueo y ansiedad, resultado: nos llevamos a casa una mierda pinchada en un palo y miradas de sospecha por parte de la persona a su regreso al metro.
Otro día nos metemos con nuestro grupo de amigos culturetas a ver una reposición de la "Naranja Mecánica" y resulta que tenemos uno de esos días en los que todo nos produce risa, en los que miramos a la gente con una sonrisa y todo parece encajar, resultando: El tal Alex nos parece un tío de lo más divertido y nos tronchamos de risa cuando embiste a la moza con ese falo de cerámica, resultado: los culturetas nos echan del club.
Utilizando un ecualizador portatil podremos explorar a gusto el mundo emocional nivelando el prisma con el que percibimos el mundo a demanda.
Conseguí sintetizar (utilizando ingredientes caseros) unas pseudo-hormonas que, ecualizadas a gusto del consumidor y a través de unas cánulas que salen del aparato hasta los vasos sanguíneos del usuario, nos permiten decidir cómo nos sentiremos.
Si bien es cierto que en las primeras semanas de experimentación opté inamoviblemente por un estado de éxtasis continuo, pronto me di cuenta de que produce cierta sensación de desubicación hechos como salir a abrazar al energúmeno que te ha dado un toque por detrás con el coche, o bailarse un chotis en el entierro de un vecino. Entiendo que caminar bajo la lluvia otoñal cantando "I´m Walking on sunshine" puede sonar más apetecible que ir rumiando penas grises, con el tiempo he ido echando más y más de menos esas pequeñas y dulces amarguras poéticas que otrora me sobrevenían, echaba de menos esas tardes escribiendo realtos de regusto amargo, los sonidos de recuerdos felices perdidos en el tiempo resonando con el sonido de la lluvia al atardecer... Decidí ecualizarme el modo "Café con leche en día de lluvia" y disfrutar de esas nostalgias no letales a gusto y así estuve alternando éxtasis y grisismos cerca de un mes.
Pero poco a poco me fui dando cuenta de que esas nostalgias no sobrepasaban ese límite artificialmente impuesto y que llegados a cierta nivel de intensidad, desaparecían sin más, sin climax, sin catarsis, como un polvo agradable cuyo orgasmo estaba eternamente aplazado, y me di cuenta de que ¡echaba de menos los días de mierda! esos días vomitona en los que el mañana se visualiza en blanco y negro y con música de Mark Isham, en los que parece que una bola de plomo gigante aplasta nuestros hombros, así que decidí ecualizarme el modo "hez" al menos una vez por semana.
Finalmente, explorados todos los estados de ánimo disponibles, me di cuenta de que era menester añadir un modo "aleatorio" en el emotiecualizador y dejar que cada día me sorprendiera mi estado de ánimo aceptando cada uno de ellos y valorándolos en lo que son: lugares en los que no estamos mucho tiempo.
Finalmente, acostumbrado al modo aleatorio y no viendole la razón al emotiecualizador, acabé regalándole el emotiecualizador a mi vecino, le vi el otro día bailando la conga bajo la lluvia un martes a las cuatro de la tarde ante la mirada impertérrita de sus padres, mientras yo miraba por la ventana, afectado, las hojitas otoñales caer de los árboles.
Pues cacharreando el otro día conseguí crear este pequeño aparatito que resulta de lo más útil en los tiempos que corren.
El bicho en sí está construído sobre una blackberry común pero con el añadido de que tiene coplado un chip de alta tecnología capaz de leer infinitesimales datos genéticos suspendidos en el ADN del portador. Usando el puerto de la tarjeta de memoria se introduce una muestra de sangre de la persona, a continuación usando el GPS se mostrarán unos puntos en rojo diseminados por la ciudad en la que se encuentre el portador (en próximas mejoras se incorporará el globo terraqueo en su totalidad), esos puntos rojos son básicamente vórtices temporales, brevemente explicado decir que son los puntos en los que el destino de cada uno toma una ruta diferente.
La putada es que no he conseguido añadir indicativos valorativos sobre lo deseable o no del vórtice, quiero decir, en esos puntos puede pasar de todo, desde que compres un voleto ganador de loteria a que te caiga una teja en la cabeza y acabes el día en el hospital. Tan sólo están disponibles unas breves instrucciones del tipo "Llama al cuarto izquierda y pregunta por Jose" o un "Espera diez minutos y cuando pase ese señor coméntale lo que te gustan sus pantalones".
Tras una semana de uso intensivo he perdido un zapato, he encontrado un supercinexin nuevo en un contenedor de basura, he pasado una tarde de lo más agradable con una señora muy anciana y sus amigas, me han teñido el pelo de fuxia (gratis) y he conocido a una chica que si bien no es que sea guapa al menos tiene una conversación amena.
El aparatito en cuestión tiene varias funciones, la general ya descrita entra dentro de la categoría "Destino", por ahora también está disponible la categoría "Coincidencia", que si bien no es que sea muy relevante, sí propone un asueto de indudable calidad.
En esta categoría tenemos disponible un mapa GPS idéntico al anterior en el que se indica (en un radio de trescientos metros) la presencia de personas conocida o de gente que va a tener relevancia en la vida del usuario. Al punto rojo correspondiente (sobre la ubicación exacta) se añaden cuatro datos, primero una descripción del plano temporal de relación "Pasado, presente o futuro", el nombre completo del usuario, una descripción del tipo de relación con esa persona "Amor, enemistad, compañeros de trabajo, ginecólogo, charcutero, golpe trasero con el coche, ganador del concurso de karaoke del barrio" y una fecha de comienzo de coincidencia en el caso de ser un encuentro o realidad futura y una de terminación en el caso de ser relación pasada, quedando (por ejemplo):
"Futuro, Alfredo Pineda, cuñado, 10 de diciembre del 2013"
"Pasado, Don Joaquin Duarte, profesor de matemáticas, 3 de Octubre de 1986"
"Presente, Melquíades Gutierrez, vecino"
"Futuro, Yolanda Pineda, esposa, 10 de Diciembre de 2013"
"Futuro, Gertrudis Palomares, vecina del cuarto, 25 de septiembre de 2010"
"Futuro, Anabel Sebastián, rollito esporádico, 13 de Junio de 2026"
Como valoración final diré que tras una serie de exhaustivos experimentos concluyo que el uso de un destinómetro es en sí mismo paradójico y no supone cambio alguno en el devenir de los acontecimientos, si bien conocer datos del destino de antemano no es garantía mayor que la de saber que mañana será viernes y que finalmente no es más que una herramienta del mismo destino para llegar a su verdad consumada. Por ello concluyo que este objeto no aporta objetivamente uso alguno y que su utilidad como mucho nos enseña a que cualquier cosa que uno haga, ya sea apuntarse a un curso de baile o emparedarse en su casa, no hace más que dejar en evidencia que al final el destino no es más que el eco que subyace tras la voluntad de movimiento de las personas y que destinómetro en mano o no, el poder de tentar al destino es siempre infinito.
Una de las cosas que suelo pensar cuando veo gente por la calle es cuál será el mayor talento que esa persona tiene dentro, en qué consiste, si esa persona lo ejerce y si es consciente de ello.
Es como aquella historia que lei sobre un hombre que trabajaba en el campo, al borde del analfabetismo y acabó descubriendo que poseía una capacidad innata y una gran afinidad por las matemáticas.
La vida es demasiado corta, y tal y como están construídas las cosas, las personas invertierten toneladas de tiempo en distintas tareas que pueden o no tener alguna relación con esa capacidad innata, se mueve en círculos más bien cerrados donde explorar es algo que no se da sin una fuerza de voluntad grande ( a veces la necesidad de dinero lo impide), y desgraciadamente a veces el talento y la persona no están lo suficientemente sincronizados, no se acaban de encontrar frente a frente por accidente. También se da el caso de que una persona con un talento desarrollado para una actividad no le encuentra placer a ello y prefiere seguir luchando por otra actividad que no le da tan buenos resultados (Como Miguel Ríos XD).
Durante los rodajes suelo mirar mucho a mi alrededor y por lo normal, cuando el equipo es bueno, ves esa mirada familiar, la mirada de la persona que está completamente concentrada y absorvida por lo que está haciendo, es un poco escalofriante, porque si conoces bien a esa persona te das cuenta de que en ese momento está muy cambiada, parpadea menos, sus movimientos y expresiones se hacen muy precisas y en general ves un torrente de energía a su alrededor que enfoca toda su energía en tareas concretas.
Eso es lo que pasa cuando uno está haciendo aquella actividad que se complementa con sus habilidades y su personalidad, se vuelve uno con el mundo, como un orgasmo sostenido en el tiempo, como un guerrero con lanza y batalla. Es una clase de felicidad pura, sin sonrisa. Imagino que los orientales tendrán toneladas de tinta vertidas en esto pues de lo que hablo es de lo mismo sobre lo que leí en un libro llamado "Zen en el arte del tiro con arco". Es un tipo de felicidad que no demasiada gente alcanza y por la que merece la pena luchar, creo yo.
No hay nada más trágico que saber que muchas personas no sabrían de que demonios estoy hablando, quizá la culpa sea del mundo, quizá del entorno, seguramente del muy deficiente sistema educativo que tenemos, más pendiente de hacerte pasar por su aleatorio e insulso aro que de aprender y potenciar la singularidad de la persona, siempre con una prisa terrible por pasar a la gente al mercado de trabajo cuanto antes y mejor cuanto menos preparados.
No concibo la vida sin el desarrollo de estas actividades.
El habilidómetro sirve para eso, es un objeto que llevo construyendo desde hace un tiempo utilizando como base un Dimo, esas máquinas maravillosas que usaba cuando curraba en una tienda de relojes para imprimir papelitos con palabras super útiles como "Solcimer", "Barbiflower" o "Sanfrantástico" con la sana y simple intención de pegarlas por ahí. Le acoplé una pequeña cámara y le introduje un pequeño generador cuántico capaz de lanzar un baño de partículas a través de un saliente en el extremo del aparato.
Al apretar el botón e iniciar la operación, el chorro de partículas cuánticas atraviesan a la persona y arrastran una impronta psicoplásmica en su haz, al volver a la máquina esos datos son cotejados e interpretados y a continuación salen descritas en palabras la (o las) tarea para la que esa persona tiene mayor afinidad y talento.
Usé el metro de Madrid como campo de pruebas.
Primer sujeto: Una señora de unos setenta años a la altura de Oporto en la línea cinco. Conecté la máquina dirigiéndola hacia la señora cuyas inexistentes cejas estaban pintadas de naranja, vestía un abrigo marrón oscuro y una falda caqui (bajo la cual asomaban dos inefables medias color salmón). Con la máquina ya conectada apunté el saliente del extremo hacia ella (que paseó su mirada por la máquina con cara de sabuesas circunstancias), apreté el botón rojo. Al cabo de unos segundos, la máquina traqueteó quejumbrosa y cuando creía que aquello no iba a funcionar, apareció el primer papelito del lateral de la máquina, separadas por comas, unas sorprendentes palabras escritas: "Poesía/conducción de maquinaria pesada", confuso, volví a mirar a la señora, que me devolvía una mirada pétrea y anfibia.
Segundo sujeto: Un Guatemalteco de manos agrietadas que se sentaba a la derecha de la señora. Descripción: Mirada perdida, obesidad moderada que rebelaba un jugoso flotadorcito de panceta por debajo de la camiseta (surcada de letras doradas y brillantes que rezaban "Cameron Diaz"), gafas de sol, puestas (sí, en el metro) y zapatillas correspondientes a una persona al menos diez años menor. Tras el traqueteo de la máquina el papelito salió sin problemas, rezando así: "Funambulismo/danza erótica/submarinismo de apnea". Me alegré al corroborar el éxito del invento, aunque tardaré un tiempo en limpiar mi mente de las implicaciones visuales del segundo "talento" de nuestro segundo sujeto.
Tercer sujeto: Un joven de aspecto únicamente clasificable como cebollino, sus dientes sobresalían de su boca cerrada y su expresión estaba perdida en algún punto entre la nada y una lejana alegría. Enfoqué el particularizador hacia su cabeza y activé el mecanismo. La máquina tardó algo más de un minuto en procesar la información, ya veía fracasar el experimento cuando apareció el papelito, esta vez las palabras me confundieron: "Aparcador de coches de choque". Agité mi cabeza a un lado y al otro, el experimento estaba resultando más exótico de lo que esperaba.
Bueno, como epílogo diré que me dedico a pasarme las horas muertas enchufando el habilidómetro a la tele, ¡FUNCIONA! es maravilloso, las partículas cuánticas recorren las frecuencias y llegan a través de la cámara a la persona en cuestión, ¿quién hubeira dicho que Rubalcaba hubiera sido un excelente sexador de pollos? Jesús, qué cosas...