La Coctelera

Gonzalo Navas

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Categoría: Historias breves

27 Septiembre 2010

Historias Breves (VII)

 

19-La lluvia ya le había empapado tanto que hizo inútil buscar cobijo, el día no tenía pinta de durar eternamente así que tampoco tenía sentido detenerse. No sabía dónde estaba, no tenía referencias y hacía más de una hora que vio el último cartel a un lado del camino, y tampoco recordaba qué decía. Cómo el día estaba completamente nublado no sabía dónde estaba el sol, así que estaba completamente perdido y desorientado. Pero la idea, lejos de amedrentarle, le produjo una sensación refrescante de liberación. Se colocó los cascos del MP3 mientras abandonaba el exiguo cobijo que le daban los árboles desnudos y salía a campo abierto en dirección a ninguna parte. 

 

20-Depronto es niño, tan pequeño que podría tocar las rodillas de su padre con la frente, le cuesta andar, y tiene que extender su brazo muy arriba para darle la mano mientras caminan calle abajo, un soleado día de octubre, la misma mano que le extiende hoy, octubre también, esta vez para ayudarle a caminar a él, mientras cruzan lentamente la misma calle de entonces.

 

21-Está sentado en la más completa oscuridad de aquel ascensor, la conversación había cesado, ahora de ella sólo puede oir el tamborileo nervioso de sus uñas sobre el bolso, sonando a pocos centímetros de él. Mira a un lado y al otro, y allí sentado, con aquel olor a agua sucia, vuelve a sentir esa vieja necesidad de hacer de un momento algo eterno, y rie en alto lo absurdamente perfecto que es todo. Ella pregunta de qué se rie y Joaquim miente mientras saca una caja de cigarrillos de su chaqueta.  

 

22-Sentados sobre las últimas rocas del espigón, sus caras están iluminadas por el reflejo de la luna sobre el mar. Bromas y confesiones en el último día juntos antes de volver a sus ciudades de origen.. Entre todos ellos está ella, ahora silenciosa mientras los demás charlan y rien, está oliendo pausadamente el salitre, sintiéndo el aire fresco que le revuelve el pelo mientras mete la barbilla en la sudadera, abrigándose, mientras se da un momento para cerrar los ojos, viviendo como desde fuera, sabiendo que asiste a un momento inolvidable de su vida, con la extraña sensación de ser la niña que fue soñando imágenes de como será su vida, como la anciana que será recordando cómo efectivamente fue, todo a la vez. 

 

23-Aguardaba a la salida del colegio, escondido detrás de una columna, el corazón a mil por hora, esperando verla salir de clase en su trayecto hacia el coche de su padre, que la viene a buscar cada día. Por fín la ve salir, lleva a su hermana pequeña de la mano, ambas tienen el mismo pelo, rubio y rizado. Su pulso se acelera, haciendo caso a una voluntad que por alguna razón se sobrepone al miedo, camina hacia ella con decisión, su gesto es cómicamente serio. Cubre los pasos que les separan y se planta delante suya interrumpiéndole el paso, lentamente y con una mano temblorosa saca un sobre de la cartera y se lo extiende, los ojos azules de ella le miran con cara de sorpresa. luego baja la mirada y finalmente toma el sobre. El niño gira sobre sus talones y se marcha. En su camino hacia la salida, su mirada se cruza con la del padre de ella, que le mira intensamentea con una leve sonrisa, el niño aparta la mirada nervioso y acelera el paso.

 

 

24-¡Apagado o fuera de cobertura! maldecía a gritos, guardándose el móvil mientras corría como perseguido por el diablo calle arriba por Preciados, hacia Callao. Luna ladraba como loca a la madrugada, al otro extremo de la correa que sujetaba, jadeando entre ladrido y ladrido, mirándo de vez en cuando a su enloquecido amo con las orejas al viento, corriendo a unos pasos por delante suyo. Mientras el pánico y una determinación atroz le apretaban en el estómago, los balcones vacíos, las luces naranjas de las farolas y los escaparates a oscuras pasaban a toda velocidad a su alrededor, sin más sonido que el del aire zumbando en sus oídos y el de sus zapatillas golpeando la calle.

Una imagen, sólo una imagen, la de aquel cuarto vacío, sus paredes blancas, desnudas sin aquellos poemas escritos a mano, sin aquellos pósters por los que tantas veces se había cachondeado de ella, aquella cama desnuda sin aquel edredón con pulpos de colores bordados por ella. Aquel vacío hizo eco directo con uno dentro que crecía dentro de él, y luego recuerdos: el olor de su café por la mañana, las charlas en el salón hasta las mil cuando ambos volvían a casa y se contaban sus nuevos desastres emocionales y se calmaban con consejos que encerraban un creciente aprecio y cariño, el olor de sus óleos, sus canturreos lastimeros y desafinados cuando pasaba la escoba, sus absurdos conceptos ("el calcetineo dominguil", "la asambléa lacrimógena", "la mirada de indiferencia despreciativa-intencional"), su risa explosiva cuando hablaba con sus amigas por teléfono, hasta sus malditos "Extremoduro"...

¿Cómo podía ser alguien tan estúpido de darse cuenta de algo así justo ahora? 

Sólo esperaba que no fuera demasiado tarde, y que no hubiera un sólo Taxi libre en todo Madrid.

"¡Corre, Luna! ¡corre!"  

 

 

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23 Septiembre 2010

Historias Breves (VI)

 

16- Agustín se tapó la boca para ahogar un grito.

Viernes, estaba sentado en el sofá de su estudio, un Nestea de naranja, palomitas y una manta, un triste sucedaneo de plan para el viernes (al menos así lo sentía él), pero no tenía ánimos para nada más desde hacía unas semanas, y es que cuando la vida aprieta y el mayor consuelo lo da la sombra vacía al otro lado de la cama, no se tienen muchas ganas de fiesta.

Y fue justo cuando se le pasaba con cristalina claridad la idea de volver a su ciudad natal y abandonar aquel festival de sombras dolorosas en las que se había convertido aquella casa y aquella ciudad, comenzó a hacer zapping para buscar algo con lo que aturdir su mente y hacerla parar por un rato,

Luego un canal, luego otro, luego un número de cinco cifras, otro canal, luego atrás de nuevo el número, a continuación una duda, una vaga sospecha como cuando se recuerda un sueño, luego una serie de imágenes, la manta volando por el salón como una masa de pizza, luego el chapoteo de los pies descalzos corriendo sobre las baldosas mientras corría en busca de la cartera y las gafas para ver de cerca, de nuevo el número en la tele, luego los números en el papel, los mismos números. A juzgar por el tamborileo, su corazón no se había detenido, pero todo lo demás sí, el mundo, el universo. Luego algo bestial, caliente y frío a la vez subió desde su estómago hacia arriba por la garganta como un magma imparable.

Agustín se tapó la boca para ahogar un grito.

 

17- Un helado de pistacho y frutas del bosque, eso es lo que Antonio puso de condición cuando a desgana había aceptado ir de paseo por la Gran Vía con su mujer.

Iban de camino a la heladería cuando a lo lejos la vió venir: Amelia siempre vestía de azúl, bajita, fondona a la italiana, de grandes pechos y generosos labios, la que en tan sólo dos meses había sido su única razón de felicidad plena de los últimos diez años, Caminaba como si tuviera prisa justo en dirección a ellos, Antonio trató de no entrar en pánico, la idea de tener que explicar lo inexplicable a dos personas era demasiado para una tarde de martes, afortunadamente ella aún no le había visto.

Sin pensarlo un instante tiró de la manga de su sorprendida mujer y la metió en la tienda de ropa más cercana, allí fingió un interés inusitado por una camisa de un amarillo chillón que costaba 60 euros (aunque realmente no se dio cuenta hasta un rato después), para hacer tiempo decidió que quería llevársela puesta, así que fue a los probadores. Una vez seguro de que no había moros en la costa salió de la tienda.

Para asegurarse que no habría más encuentros indeseados decidió invitar a su mujer a tomar un café en una terraza muy exclusiva (y cara), situada en un ático del centro, para alegría de su mujer, que no estaba acostumbrada a ver a su marido tan creativo, y es que el haberse librado de las garras mortales de la verdad puso a Antonio eufórico.

"Cenamos aquí, ¡invito yo!" le dijo a su sonriente mujer, que notaba algo diferente, cálido y bueno en la mirada de su habitualmente ausente marido. Le tomó la mano y le sonrió con dulzura, "me encanta cómo te queda la camisa", mintió.

Cuando llegó la camarera, Antonio recitó el pedido sin apartar la mirada de la carta, cuando terminó, levantó la mirada. Allí estaba Amelia, sonriendo sólo con los labios, cuadernillo y bolígrafo en ristre.

Sin dejar de sonreir y con un tono perfectamente profesional pero cercano, Amelia se dirigió a ambos: "Permitanme que para cenar les recomiende nuestro plato más típico."

"¿Ahá, cuál es?" preguntó la mujer de Antonio, interesada.

Amelia, aún sonriente, con un movimiento suave de cuello centró su mirada en Antonio antes de hablar con su dulce voz:

"Cerdo".

 

18-Finalmente, después de haber imaginado ese momento mil veces en los últimos meses, no se dijeron nada, estaban sentados frente a frente, con las piernas cruzadas y tomándose las manos, esperando a que la megafonía anunciara su vuelo. Pudo pasar una hora, pero se les hizo como tres segundos, tres segundos para recordar, tres segundos para decir adiós a demasiadas cosas que habrían dado para hablar una vida entera, pero que se pronunciaron en un silencio que sólo admitía una mirada, una mirada de despedida, de agradecimiento y de dolorosa felicidad. En la mente de ambos imágenes del futuro, de un futuro que la lógica y el sentido común gritaban que no sería tal, ¿qué le iban a hacer? eran demasiado jóvenes como para saber cómo son las cosas, pero demasiado jóvenes como para no permitirse soñar.

Aquello era un adiós a las personas que habían sido al conocerse y compartir sus vidas ese breve espacio de tiempo, probablemente lo recordarían siempre, esos momentos ya tenían sus propias canciones que lo habían grabado todo mejor que cualquier foto.

Luego abrazos, lágrimas y un tímido "adiós" a dúo. Pero nada de aquello fue la auténtica despedida. Vino después, después de separarse definitivamente. Ella pasó la línea de seguridad que separaba la zona de embarco, y justo antes de perderse por el pasillo se detuvo un momento, y como poseída por un pánico repentino echó una última mirada atrás, buscando entre la gente, y le encontró, sonriendole de vuelta una última vez. 

 

 

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10 Mayo 2010

Historias breves (V)

Consulta

 -Bájese los pantalones.-

-¿No puede darme un minutito?-

-No se preocupe, cálmese, relájese y bájese los pantalones.-

-No, es que...es que ahora mismo no...-

-A ver, que ya es usted mayorcito, no tenga vergüenza.- La enfermera le baja los pantalones, luego los calzoncillos y se queda mirándo fijamente.

-Vale, mejor le damos un minutito.-

 

 

Tienda

-¿Cuál prefieres tú?.-

-Pues no sé, el rojo, creo.-

-No, nada de creo. ¿Cuál te gusta más?-

-Pues...a ver. Vale, creo que el azúl. El azúl, sí, ¿te gusta?.-

-Buena elección, es el que mejor te queda.-

-Pero...es que ya tengo una casi igual. Casi que el rojo mejor.-

-Respira hondo...-

 

Taxi

 -A Gustavo Montálbez, por favor.- Arranca.

-Eso queda por Silvio Lustrosa, ¿no?.-

-No lo sé, está cerca de Paseo Guardiola.-

-¿Paseo Guardiola? ¿eso es dónde la gasolinera esa con un elefante azúl en el cartel?-

-Ahora mismo no sé decirle. Con que me deje donde el campo de Fútbol me vale.-

-¿Qué campo?-

-El Pedro Linares.-

-¿El Pedro Linares no está al sur? ¿por Móstoles?-

-No, está a dos calles del Paseo Guardiola.-

-Ah, el de la gasolinera con un elefante azúl, ¿verdad?-

-No sé, si usted lo dice imagino que sí.-

-No, a ver, dígamelo porque no es lo mismo una cosa que otra.-

-No tiene un ¿gps?-

-No, no me hace falta.-

-Ya... Pues creo que queda cerca de la parada del 147.-

-El 147 no llega hasta allí.-

-No, sí que llega, se lo digo que sí que llega.-

-Que no, chaval, que el 147 se queda mucho antes, a una calle de Salmo Narciso.

-No conozco esa calle, no me suena.-

-Que sí, se mete por Primo Salcedo, entra por la bocacalle de Celtíberes y ya se queda ahí.-

-Bueno, a lo mejor la parada que le digo es anterior, ¿no?-

-No puede ser, ya la anterior está lejos de la gasolinera del elefante, pero mucho, mucho, mucho.-

-Qué raro...-

-Claro, es que hay que saber a dónde va.-

-Voy a la calle Gustavo Montálbez.-

-Ya, ya me ha dicho, pero es que eso no nos dice nada.-

-Bueno, a lo mejor debería tomar otro taxi.-

-Que no, que no, que llegamos.-

 -Pero entonces ¿a dónde vamos?-

-Yo le dejo donde la gasolinera del elefante y ya usted se apaña.-

-Bueno...vale.-

-Por allí vivía mi sobrina.-

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8 Enero 2010

Historias breves (IV)

10- Huertas. Cagado de frío decido volver a casa. Cuando voy a pasar por entre dos coches para cruzar la calle, me encuentro a tres chicas entre un coche y otro en cuclillas, con las bragas por las rodillas y no jugando a las canicas precisamente. Me miran las tres a la vez, rimel corrido, ojos rojos y cara de cordero degollado. Sin cambiar el gesto sigo caminando calle abajo meneando la cabeza de un lado al otro.

 

11-Concierto en Vista alegre. En mitad de una canción, el cantante está en plena explosión histriónica mientras aporrea el piano, inclinado hacia atrás y con la cabeza mirando hacia arriba. El sonido se va, el resto de componentes del grupo deja de tocar, pero el cantante sigue a lo suyo. Pasan unos segundos, de la nada aparece un técnico gordo y barbudo que se acerca a él, temeroso. Finalmente le pone una mano en el hombro, el cantante sale de su ensimismamiento y mira al técnico con cara de "What the fuck?", luego mira al guitarra, el cual, instrumento fláccido en mano, le devuelve la mirada sin expresión en la cara, luego mira al público, tres mil personas mirándole con cara de pez. Finalmente esboza una sonrisa boba, se levanta y se va del escenario, humillado. Al parecer a un técnico había derramado un mini de cerveza sobre la mesa de sonido. Spain. Cuando volvieron pasaron a la siguiente canción. Timo.

 

12-Esto no me ocurrió a mí, lo narro según me lo han contado. Ocho de la mañana, cuando sale del portal de su casa para dirigirse al metro, tiene que apartarse por puro reflejo para no ser arrollado por un contenedor de basura amarillo que cae sin control, calle abajo. Tras empotrarse contra la pared para salvar su vida, se vuelve hacia el contenedor y descubre (para su absoluto asombro) que en su carrera hacia la nada, del interior de éste asoman dos piernas de mujer meneándose histéricamente.

 

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19 Octubre 2009

Historias breves (III)

 

7) El otro día tengo a cuarenta personas sin hogar congregadas alrededor de la tele (a la que por lo general no prestan mucha atención), pero esa noche les he puesto "Rocky Balboa" (Rocky VI para los amigos) entonces llega el monólogo que Rocky le suelta a su hijo en la calle, que reza algo así como "No importa lo fuerte que puedes golpear, importa lo fuerte que te pueden golpear a tí y cómo sigues adelante a pesar de ello, porque la vida golpea y golpea muy fuerte, y si te dejas, te destruye" y entonces pude ver a esas personas (cada una de las cuales tiene una historia que dejarían blanco a cualquiera) embargados de emoción, intercambiándose miradas unos a otros con complicidad.

 Nadie se mete con Stallone, nadie.

 

8) Entro en una habitación de hotel, todo a oscuras. No veo un carajo, miro alrededor, no veo la ranura para meter la tarjeta y encender las luces. Busco, tiento, imagino, deseo, nada. Entro a ver si está por donde las camas. Veo un botón, lo aprieto, no sucede nada. Veo una ruedecita, la giro, suena "café del mar", la apago. Abro el minibar: botellitas de ginebra y whisky (no sé qué pensaba encontrar en ese momento, la verdad). Intento encender la tele a ver si por lo menos con eso voy tirando, no se enciende. Abro la persiana a ver si con la luz... Pero nada. Vuelvo a donde la ruedecita, veo otra, la giro, suena la radio anunciando la muerte de Andrés Montes, la apago. Vuelvo a la entrada, reviso mejor y a la altura de un liliputiense veo una minúscula ranura empotrada en la pared, meto la tarjeta y se encienden por fín las luces.

¿En Albacete la gente mide metro veinte?

 

9) Madrid, Fanjul, salgo de la renfe y me enciendo un cigarro usando las cerillas del hotel anteriormente comentado, al pasar la cerilla por la lija, la caja entra en combustión espontanea, del susto expulso de un soplido el cigarro, que efectúa un perfecto vuelo en giro de helicóptero en su camino hacia el suelo. Meneo la caja de cerillas para apagarla, se apaga, me agacho y ya en el suelo veo que hay una señora de estas con pelo de payaso mirándo fijamente tras sus gafas de sol como recojo lo poco de dignidad que me queda del suelo. Asertivo, me incorporo y le digo "buenos días" y abandono el lugar intentando no acelerar el paso.

¿A alguien más le pasan estas cosas?  

  

 

 

 

 

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7 Septiembre 2009

Historias breves (II)

 

 

 

4) Voy hacia Cádiz a cien por hora en la carretera, adelanto a una moto sobre la que va una pareja, él delante y ella detrás, me los quedo mirando pensando en la forma que tiene la gente que usa moto de jugarse el tipo y el de la persona que llevan detrás cuando veo como el conductor echa un brazo para atrás, le acaricia la pierna a la chica y le da un pellizquito a la altura del gemelo. Procedo a adelantarles y al pasar veo que la chica (melena al viento) se sonríe.

 

5) Examen, la sala está abarrotada de gente, todos en silencio. Un señor con gafas y aspecto severo del tribunal se dirige a nosotros y nos informa acerca del peligro de ser descubiertos copiando y de que los móviles han de estar apagados. Cuando la gente aún no había tragado saliva ante el tono hostil de las advertencias, a tan sólo dos asientos del mío comienza a sonar a todo volumen el tema de "Benny Hill" saliendo del bolso de una enrojecida muchacha.  

 

6) Chiclana, hace escasamente dos días asisto perplejo al video que un amigo y su novia habían preparado para proyectar en su boda, todos los familiares y amigos estábamos presentes (algunos ya en alto estado de embriaguez) cuando entre las imágenes se cuela un plano de una gaviota surcando el cielo, en ese momento un familiar aleatorio se alza de entre la muchedumbre y grita con una voz digna de un troll de las cavernas "¡Viva la gaviooooooota!" a lo que todos contestamos sin dudar "¡Vivaaaaaa!"

 

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4 Septiembre 2009

Historias breves (I)

 

 

 

 

1) Ayudo a una chica a bajar su maletón por las escaleras del metro esta mañana, pesaba un maldito quintal pero ¡eh! que soy un tío, así que iba que se me partía la espalda del esfuerzo pero sonriendo en plan "esto...no...es...nada...señorita", cuando llegamos abajo la tía estaba más procupada de dilucidar si yo trataba de robarle que de ser agradecida, me miró de medio lado con recelo ponzoñoso y me dedicó una sonrisa de estas al 2%, en fín...

 

2) Hace tres días, en el retiro, una gitana me quitó un mal de ojo por 3 euros. Me dio así como si me quisiera espantar las moscas con un ramillete de romero y me dijo que tuviera cuidado con Antonio, que Antonio me había echado el mal de ojo. El caso es que el único Antonio que conozco es mi vecino, con el que tengo una relación de lo más cordial desde hace años, así que creo que no tengo más remedio que pasarme por su casa mañana a ver que cojones pasa y por qué va echando mal de ojo por ahí (hostias ya). La gitana, además, me dijo que seré padre de un niño maravilloso, que pude elegir a una rubia pero me decidí por una morena (siempre), que voy a vivir hasta los ochenta años, que voy a tener fortuna (no sé si se referirá al tabaco...) y que la chica que iba conmigo me iba a colmar de felicidad (pues mal empezamos ya que la muy lista en cuanto vio a la gitana acercarse se largó pitando dejándome solo con todo el mambo)

 

3) Fue a las 15:25 de anteayer, estaba comiendo un plato de judiones en la cocina, el sol entrando por la ventana desde el patio, depronto se nubló unos segundos, bajó la temperatura un par de grados y entonces lo supe, el verano había terminado en ese preciso momento. Curiosamente hasta ayer no me di cuenta de que ya anochece a las 21:10, y cuando cambien la hora ya será la depresión total. Si algún día pateo una lámpara maravillosa y me sale Mini yo de dentro y me concede tres deseos, tengo muy claro lo que voy a pedir:

-Que me salga un prota en una peli de cine.

-Que siempre sea verano.

-Que me conceda mil deseos al día.

 

 

 

 

 

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